Los autores del último informe Lancet Countdown, del University College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS), pidieron que el cambio climático se reconozca y se aborde como una emergencia sanitaria mundial, porque sus efectos sobre la salud avanzan cada vez más rápido.
De acuerdo con Agencia SINC, que difundió las conclusiones del estudio en el marco de la próxima COP31, el documento sostiene que las muertes relacionadas con el calor, la sequía y otros riesgos del clima están aumentando más rápido que hace 10 años.
“El cambio climático ya está perjudicando la salud en todas las regiones del mundo, y las pruebas demuestran que muchos de estos efectos se están acelerando”, declaró el Dr. Diarmid Campbell-Lendrum, jefe de la Unidad de Cambio Climático, Calidad del Aire, Energía y Salud.
“Al mismo tiempo, este informe demuestra que la acción climática es una intervención sanitaria. Una energía más limpia, unos sistemas sanitarios más sólidos y los sistemas de alerta temprana están salvando vidas hoy mismo”, sostuvo.
El calor y la sequía
Una década después de la entrada en vigor del Acuerdo de París, el tratado con el que los países se comprometieron a frenar el calentamiento global, los daños a la salud crecen más rápido que la respuesta mundial.
La media de muertes relacionadas con el calor subió un 36% en los años posteriores al acuerdo, frente a la década anterior. En 2023, el calor se asoció a una cifra récord de 710.000 muertes en el mundo, y el 71% de esa carga se atribuye al cambio climático, según el informe.
La sequía extrema también golpea. Según los datos del proyecto, afectó durante al menos un mes a más de la mitad (51,8%) de las tierras del planeta en 2025, el segundo nivel más alto registrado, y crece un 704% más rápido que hace una década.
El calor tiene además un costo económico. En 2025, la exposición a temperaturas altas implicó la pérdida de 573.000 millones de horas potenciales de trabajo, la segunda cifra más alta registrada y un 35% más que el promedio anual de 2006 a 2015. Los expertos destacan también la creciente exposición a fenómenos hidrológicos extremos, como inundaciones y sequías.
Avances, brechas y lo que piden los expertos
El informe no es solo una lista de malas noticias. La inversión mundial en energía limpia llegó a un récord de 2,1 billones de dólares en 2025, un 7,2 % más que el año anterior, y superó en un 82% a la inversión en combustibles fósiles.
Los países que han reducido la contaminación del aire por combustibles fósiles estarían protegiendo de una muerte prematura a miles de personas cada año. Las muertes por contaminación dentro del hogar, causada por cocinar o calentarse con combustibles sólidos, bajaron de 2,4 millones en 2016 a 2,0 millones en 2023, en los 65 países estudiados.
Sin embargo, persisten desigualdades. En los países de menor desarrollo humano, el 88% de los hogares depende de la biomasa (leña y otros residuos orgánicos) para su energía, y la electricidad aporta solo un 5%, frente al 29% global.
Otro foco de preocupación es la industria petrolera. Con sus estrategias a marzo de 2026, las 100 mayores empresas de petróleo y gas superarían en un 150% para 2040 la producción compatible con limitar el calentamiento a 1,5 °C. En marzo de 2025, la proyección era de 138%.
En materia de preparación, hay mejoras. Hoy, 56 de los 194 países miembros de la OMS que respondieron tienen una estrategia nacional de salud y clima, frente a 14 hace una década. Además, 131 países (68%) declaran una alta o muy alta capacidad de gestión de emergencias sanitarias, y crece el uso de sistemas de alerta temprana basados en datos climáticos.
El financiamiento para investigar el vínculo entre clima y salud subió un 655% entre 2016 y 2024, de 42 a 316 millones de dólares, aunque sigue siendo apenas un 1,5% del total de la investigación en salud. Las leyes climáticas que mencionan la salud se multiplicaron por cincuenta entre 2000 y 2025.
Salud en el centro de las políticas por el cambio climático
El Dr. Diarmid Campbell-Lendrum pidió poner la salud en el centro de las políticas climática.
“Mientras los países se preparan para la COP31, situar la salud en el centro de las políticas climáticas puede ayudar a proteger a las comunidades, reforzar la resiliencia y aportar beneficios inmediatos para la salud y el bienestar de las personas”, señaló.
Los autores piden que las consideraciones sanitarias se integren en todas las decisiones de mitigación (reducir emisiones), adaptación (prepararse a los impactos) y financiamiento climático.
Entre las prioridades, mencionan acelerar el recorte de gases de efecto invernadero, aumentar el apoyo a la adaptación y ampliar las inversiones que fortalezcan los sistemas de salud.
La OMS, por su parte, responde a estos riesgos con sus funciones habituales. Desde septiembre, además, enfrenta los efectos previstos en la salud del fenómeno de El Niño, que está en curso, con una respuesta de emergencia gradual.
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