La Antártida perdió más 12.800 kilómetros en 30 años de costa en la línea de transición que separa el hielo que descansa en tierra del que flota en el mar. Un retroceso concentrado en el 23 % de su superficie, la cual, por el cambio climático, respondió de “forma drástica”.
En un glaciar, la zona de transición entre la tierra y el mar, llamada línea de apoyo, es un indicador de su estabilidad. Un equipo de glaciólogos, encabezado por la Universidad de California (EE.UU.), elaboró un mapa de los cambios en esa zona del hielo circumpolar de la Antártida.
La investigación que publica PNAS concluye que en más del 77 % de la costa no se han producido cambios, pero en un 23 % sí los ha habido, han sido rápidos y ese retroceso se atribuye al cambio climático, dijo a EFE el autor principal del estudio, Eric Rignot.
En algunas partes de la Antártida Occidental se observaron retrocesos notables de entre 10 y más de 40 kilómetros, una pérdida de hielo que en las zonas más vulnerables equivaldría a unas diez veces el tamaño de la ciudad estadounidense de Los Ángeles.
Rignot consideró “una buena noticia que el 77 % no haya cambiado, las cosas podrían ser peores, pero en los lugares donde sí ha cambiado el retroceso ha sido impresionante”.
“Creo que una forma adecuada de describir esto es la siguiente: la Antártida es muy estable, pero en algunos lugares, donde el cambio climático ha afectado duramente, ha respondido de forma drástica, más bien como un castillo de naipes”, señaló Rignot..
El equipo analizó datos de 15 misiones satelitales para recopilar un registro a escala continental de la migración de la línea de apoyo de la capa de hielo antártica desde 1992 hasta 2025.
La capa de hielo se ha ido retirando de la línea de base a un ritmo medio de 442 kilómetros cuadrados al año, un retroceso que se concentró en el noreste y suroeste de la península Antártica, las tierras de Wilkes y George V en la Antártida Oriental, los sectores del mar de Bellingshausen, el mar de Amundsen y la plataforma de hielo Getz en la Antártida Occidental.
En los sectores del mar de Amundsen y Getz, los glaciares retrocedieron entre 10 y 40 kilómetros; el de la isla de Ina, 33 kilómetros; el Thwaites 26 y el glaciar Smith 42 kilómetros.
El equipo atribuyó estos cambios “profundos y rápidos a los lugares que estaban cerca de fuentes de agua cálida. Los cambios en los vientos provocados por el cambio climático han afectado primero y más a estos glaciares”, destacó Rignot, que también es investigador científico en el Laboratorio de Propulsión de la NASA.
La mayoría de los patrones de retroceso se puede explicar por la intrusión de agua oceánica cálida debajo de las capas de hielo, pero la importante migración de la línea de apoyo a lo largo del noreste de la península Antártica tiene factores que siguen siendo un misterio.
Detalles del estudio
El estudio recopiló datos de múltiples misiones satelitales, entre ellas de proveedores comerciales de datos de radar de apertura sintética para la investigación polar.
El sector comercial -dijo Rignot- ha experimentado “un auge” y ahora ofrece capacidades de observación y flexibilidad que “superan con creces lo que han proporcionado las agencias espaciales. Se trata de un cambio de paradigma”.
Estos datos comerciales “no solo son de buena calidad y útiles, sino que, en algunos casos, suponen un salto cualitativo en lo que podemos hacer desde el espacio. Permiten avances científicos”.
Los resultados podrían servir, consideró el equipo, de referencia para las proyecciones sobre la pérdida futura de la capa de hielo antártica y el aumento del nivel del mar.