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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Valeria Cortés Rivas, geofísica marina de la Universidad de Chile, se convirtió en la primera mujer en descender a la Fosa de Atacama, alcanzando los 7.680 metros de profundidad para estudiar la subducción de las placas tectónicas. Esta expedición, en colaboración con China, permitirá comprender mejor la actividad sísmica en Chile.

En enero pasado, Valeria Cortés Rivas, geofísica marina de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, se convirtió en la primera mujer que descendió a la Fosa de Atacama, una fosa oceánica donde hacen contacto las placas tectónicas Nazca y Sudamericana.

Hasta ese momento, ninguna científica se había adentrado en las profundidades del Pacífico para estudiar esta zona y Valeria fue la primera de un selecto grupo que la siguió en los días siguientes. En un sumergible alcanzó los 7.680 metros de profundidad.

Allí, su misión fue estudiar la subducción, que es el proceso geológico en el que una placa tectónica se hunde bajo el borde de otra placa en el punto donde ambas convergen. Este fenómeno les permite a los geofísicos comprender más sobre la actividad sísmica en el país.

“Nosotros hasta ahora hemos tenido hartas observaciones de terremotos y tsunamis en el mundo, pero Chile tiene sus características particulares“, comenta en entrevista con BiobioChile.

Valeria, por su parte, estudia la deformación estructural, para comprender cómo se quiebran las placas tectónicas. “Entonces, buscamos en qué parte están quebradas y cuáles son los materiales y los procesos que generan esas fallas”, explica.

La geofísica dice que al principio de la expedición, que fue parte de una colaboración entre China y Chile (Joint China-Chile Atacama Trench Expedition, JCATE 2026), le emocionaba más la ciencia que estaba a punto de hacer que el hito que estaba logrando, pero más adelante pudo reflexionar sobre ello.

“Me demoré un poco en darme cuenta del hecho histórico”, cuenta con humor, “pero yo creo que eso es porque conozco a muchas personas científicas que están constantemente haciendo cosas que me impresionan y que yo encuentro increíbles, y son descubrimientos muy interesantes, pero que no hacen historia porque no tienen este componente de aventura”.

—Fuiste la primera mujer de la historia en ir para allá, ¿qué significó para ti?

R: Para mí, la significancia más importante está en que es la primera vez que nosotros podemos recopilar este tipo de datos para tratar de responder las preguntas científicas que tenemos, y eso es lo que, principalmente, me pone contenta. Nosotros ahora podemos hacer análisis que no podíamos hacer anteriormente.

Y después de haber bajado y que se generara este revuelo sobre que yo fui la primera mujer, me di cuenta de que tenía una importancia en este grupo de personas: un grupo de mujeres en Chile que están tratando de hacer una diferencia y de ganar espacios. Entonces, fue bonito. Entre todas estábamos felices de este logro, y también me dio la oportunidad de exponerme a muchas mujeres que tienen trayectoria en trabajos como estos y de feminismo, con quienes he podido hablar y he podido tener una relación bien enriquecedora.

—¿Cómo te preparaste para el viaje? ¿Tuviste que hacer algún tipo de entrenamiento?

R: No necesitas tener ningún tipo de condición física. Yo no soy capaz de correr más de 15 minutos y pude hacerlo bien (risas). La verdad es que es un sistema que está superaislado. Entonces, a diferencia de los astronautas, que es un sistema que tiene cambios de velocidades drásticos y que ellos, además, requieren poder moverse bien en sus trajes y caminar por suelo lunar y hacer experimentos, nosotros, en este caso, estamos dentro de una esfera que se mueve muy lento, no sentimos los cambios.

Además, el trabajo en terreno de toma de muestra se hace con los brazos robóticos del sumergible, y estos los maneja el piloto. Entonces, en realidad, nosotros estamos tomando nota de todo lo que estamos observando y tomando decisiones de qué muestras tomar y a qué dirección dirigirnos para observar lo que necesitamos observar.

Valeria Cortés
*Valeria Cortés, a punto de embarcarse en el sumergible donde descendió hasta la Fosa de Atacama | Crédito: Universidad de Chile

—¿Qué se siente estar dentro del sumergible?

R: Es una esfera de titanio que es muy gruesa. Y esa esfera te protege de la presión y la temperatura del fondo del mar. Gracias a eso, nosotros no sentimos este sistema extremo en el que estamos sumergidos. Adentro se parece a un arcade en el que el piloto va manejando los brazos, y nosotros vemos a través de las ventanas y cámaras cómo tomamos las muestras y dónde estamos parados.

—Donde bajaste es una zona de subducción de las placas, ¿qué es exactamente lo que fuiste a buscar allá?

R: Donde bajé yo es el punto que nos permite, por primera vez, tener un contacto directo con donde están chocando las dos placas tectónicas. Y eso significa que cuando ocurrieron terremotos grandes del pasado, esa zona se deformó gracias a esos terremotos que generaron grandes tsunamis. Entonces, nosotros lo que podemos hacer es una caracterización de las observaciones. Por ejemplo, si encontramos fallas o encontramos derrumbes, eso nos dice ‘oh, aquí ocurrió estos terremotos’, y luego podemos mirar al pasado. Por ejemplo, ‘en 1800 y tanto ocurrió un terremoto que generó un tsunami’, probablemente, estas observaciones que tenemos nosotras son de ese evento. Y con ello, podemos entender cómo funcionan los terremotos en el norte de Chile para poder comprender hacia el futuro cómo serían los siguientes eventos.

La idea también es poder obtener cuáles son los materiales que componen este sistema, los sedimentos, las rocas, de tal forma que nosotros podemos tomar todos esos datos y pasárselos a un computador, un modelo matemático computacional, y tener una mejor idea de cómo se comporta mecánicamente el sistema.

—¿Cómo pueden aportar al país este tipo de investigaciones?

R: Yo lo explico como que nosotros hasta ahora hemos tenido hartas observaciones de terremotos y tsunamis en el mundo, pero Chile tiene sus características particulares. Los procesos naturales siempre tienen un grado de variación que requiere que yo estudie el lugar específico donde va a ocurrir ese fenómeno. Asimismo, yo necesito caracterizar específicamente el sistema que quiero poder entender en el futuro.

La razón por la que nosotros queremos saber cuáles son los materiales y cómo se han deformado en el pasado es que actualmente no se puede predecir el momento en que ocurre un terremoto, pero sí se puede tener una idea de las características que puede tener ese terremoto. Podemos decir: aquí hay más probabilidad de que ocurra, o el terremoto que ocurra va a tener estas características; y eso, a su vez, permite que se diseñen sistemas, por ejemplo, de zonas de inundación. ¿Dónde tengo que correr si es que ocurre un tsunami? Para eso yo necesito saber cuán grande va a ser el tsunami.

Otro ejemplo puede ser, ¿cómo tengo que construir las casas aquí? Para eso necesito saber cómo van a ser los terremotos en la zona. Y actualmente nosotros no tenemos suficientes registros históricos que nos digan o que nos permitan hacer estadísticas confiables de cómo serán los siguientes terremotos y los ciclos sísmicos. Entonces, necesitamos tener observaciones directas para modelar y comprender el comportamiento mecánico y comparar también con otros lados del mundo.

Valeria Cortés y otros científicos
*Valeria junto al equipo de la Expedición | Crédito: IDSSE

—¿Qué es lo más desafiante de estudiar todo esto?

R: En el caso del sumergible, lo más desafiante es que es algo nuevo. Es ciencia de frontera, y cada vez que uno hace ciencia de frontera, está entrando a un mundo nuevo, y, por lo tanto, tiene que haber una parte de ti que tiene que confiar en tu conocimiento para tomar las decisiones correctas, pero también tiene que haber una improvisación y la capacidad de aprender muy rápidamente, leer sobre otras personas que han hecho trabajos parecidos y tener también la creatividad para poder sacarle el mayor provecho a los datos que estamos tomando, porque no existen muchos precedentes en cuanto a lo que se puede hacer, y en Chile no se ha hecho.

—¿Te imaginaste que ibas a ser de las primeras personas que lo hacen?

R: No me lo imaginé. Si tú me preguntabas hace 5 años, no me lo hubiese imaginado, porque estas tecnologías son muy escasas. Pero cuando me dijeron que existía esta posibilidad, ahí lo pensé varias veces. En realidad, sé que es importante, históricamente, que yo haya sido una de las primeras personas en bajar, pero originalmente estaba pensando mucho en qué increíble que tenemos esta oportunidad de tomar estos datos y poder finalmente tener una nueva perspectiva de los procesos que estamos observando.

La idea tiene un paso lento, entonces, entre más oportunidades tengamos como estas, más podemos acelerar nuestra comprensión de estos fenómenos. Entonces, eso fue lo primero que pensé, en realidad.

—Y hablando de hacer ciencia, ¿qué piensas tú de los posibles recortes que está evaluando el nuevo gobierno o de los comentarios del presidente, sobre que los fondos que se invierten en investigaciones no generan empleo, por ejemplo?

R: Yo lo que creo es que hay un distanciamiento que se ha generado entre lo que hacemos nosotros y lo que la gente se entera que hacemos. Constantemente me pasan conversaciones donde me preguntan ‘oye, ¿por qué no se está haciendo esto?’ Y casi siempre mi respuesta es sí, se está haciendo, solamente que esa información tiene que pasar por muchos filtros para que se difunda más.

No es tan fácil que se vea lo que ocurre en términos científicos, porque son procesos, primero que todo, lentos, pero que también requieren campañas de conexión entre distintos puntos, entre lo que se está haciendo y la gente. Cuando uno está dentro de este mundo ve la importancia del financiamiento, por ejemplo, para instrumentos, y viendo eso yo creo que nadie dudaría que se necesiten recursos. Por ejemplo, para monitorear volcanes hay muy pocos recursos y muy pocos de los volcanes activos que tenemos tienen monitoreo. Actualmente, hay zonas que tienen fallas (sísmicas), que sabemos que existen, que han tenido terremotos, o donde hubo derrumbes, y no tienen sismómetros, por ejemplo.

Entonces, estos recortes limitan aún más lo limitados que ya estamos con respecto a la observación, toma de datos y después el procesamiento de esos datos, que también requiere mucho tiempo y entrenamiento.

—¿Cuál sería tu mensaje para los jóvenes o quizá también para tus colegas que hoy día están en ciencia y tal vez se sienten un poco desmotivados por esta percepción o les preocupa su futuro académico por eso?

R: No tengo respuesta para eso, no sé qué les diría. Pero me digo a mí misma que espero que sea un ciclo. Espero que esto sea un ciclo.

—¿Tienes planeado volver a la Fosa de Atacama?

R: Es lo ideal. Sería maravilloso poder ir a estudiar la zona en el sur, donde ocurrió el terremoto del 2010, para tener una mejor idea de qué es lo que ocurrió en ese momento y dar una explicación a la forma, por ejemplo, de los tsunamis o del terremoto en sí mismo. Y yo creo que en el futuro se van a ver más expediciones como estas, puesto que la tecnología va avanzando cada vez más en cuanto a ciencias marinas.