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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Investigadores del CATA estudian a la bacteria Roseovarius sp. del desierto de Atacama, la cual podría ayudar a detectar vida en otros planetas. Analizan los gases producidos por la bacteria para buscar biofirmas a escala planetaria.

Investigadores del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) están estudiando una bacteria extremófila del norte de Chile que podría ayudar a detectar vida en otros planetas.

Se trata de la bacteria Roseovarius sp., aislada en el Salar de Llamara, del desierto de Atacama, un ambiente hipersalino que es considerado un análogo natural de condiciones que pudieron haber existido en la Tierra primitiva e incluso en otros mundos.

El equipo estudió el metabolismo de esta bacteria y los gases que produce, pero ahora exploraron si es que estas moléculas se pueden detectar a escala planetaria, es decir, a través de observaciones astronómicas, como biofirmas.

Los resultados de este experimento se publicaron recientemente en International Journal of Astrobiology. Valeska Molina, investigadora adscrita del CATA y doctoranda de la Universidad de Atacama, quien lidera el trabajo, explica los hallazgos en un comunicado.

Analizamos los gases producidos por la bacteria Roseovarius y sus firmas espectrales utilizando espectroscopía Raman e infrarroja, y luego comparamos estas señales con modelos de atmósferas planetarias análogas a la Tierra primitiva”, señala, “lo más relevante de esta investigación es que conecta directamente el estudio de microorganismos extremófilos del desierto de Atacama con la búsqueda de vida en otros planetas“.

Molina y su equipo reafirmaron que los procesos biológicos microscópicos, como el metabolismo de este tipo de bacterias extremófilas, pueden causar señales químicas detectables a enormes distancias, una característica clave para encontrar biofirmas o indicios de vida.

La especial bacteria del desierto de Atacama

La bacteria Roseovarius sp. contiene enzimas asociadas a metabolismos muy antiguos de la Tierra, basados en el carbono, que podrían haber estado presentes en los primeros ecosistemas del planeta.

“Elegimos estudiarla porque es una bacteria presente en ambientes extremos como los salares del desierto de Atacama, uno de los lugares más hostiles del planeta. Estos ambientes se consideran análogos naturales de condiciones que podrían existir en otros mundos“, explica la investigadora.

Además, tiene la capacidad de realizar fotosíntesis anoxigénica (sin producción de oxígeno) una característica anterior a las cianobacterias que existen hoy, y que era común en los entornos microbianos antiguos.

El estudio en cuestión midió las señales espectrales de gases producidos por Roseovarius sp., especialmente el monóxido de carbono (CO) y dióxido de carbono (CO₂), y luego las comparó con modelos teóricos de atmósferas planetarias similares a las que pudo tener la Tierra en sus primeras etapas.

Bacteria Roseovarius sp.
Bacteria Roseovarius sp. | Crédito: CATA

Estas simulaciones les permitieron conocer si esas moléculas podrían detectarse en observaciones de exoplanetas utilizando telescopios como el James Webb o futuros instrumentos de la próxima generación de telescopios extremadamente grandes.

En el paper concluyen que “especies como CO, CO2, SO3, NH3, CH4 y CH2O podrían producir características detectables en las atmósferas de exoplanetas terrestres, particularmente alrededor de estrellas enanas M compactas”.

Los investigadores también plantean que, estos entornos primitivos simulados son importantes de analizar porque, posiblemente, los exoplanetas potencialmente habitables no se parezcan a la Tierra moderna, por lo que las biofirmas de sus atmósferas serían distintas a las que se pueden observar hoy en nuestro planeta.

Los extremófilos amplían nuestra comprensión de qué tipos de vida pueden existir y en qué condiciones”, afirma Molina, “esto permite refinar, o incluso desafiar, algunas ideas actuales sobre qué señales químicas podrían indicar vida en otros planetas”.

Los ecosistemas extremos del norte de Chile

El estudio también destaca el valor científico de los ecosistemas extremos del norte de Chile, donde sobreviven microorganismos que pueden adaptarse a condiciones de alta salinidad, radiación y escasez de agua. De hecho, es el entorno terrestre más parecido a Marte.

“El desierto de Atacama sirve, por lo tanto, como un laboratorio natural para descifrar la interacción entre la biología, la mineralogía y la química atmosférica bajo condiciones extremas de desecación y estrés oxidativo”, dice el paper.

Cristina Dorador, investigadora adscrita del CATA e integrante del Departamento de Biotecnología de la Universidad de Antofagasta (UA), que también participó de la investigación, dice que estos ecosistemas deberían ser protegidos como patrimonio natural.

“Estos ambientes están cada vez más amenazados, por lo que es fundamental avanzar hacia la protección de ambientes análogos a la Tierra primitiva que aún existen”, enfatiza.

Foto del salar de LLamara
Salar de LLamara | Crédito: CATA

Ahora, el equipo espera continuar investigando otros microorganismos extremófilos, para así ampliar el enfoque y abarcar más diversidad de gases metabólicos que podrían actuar como biofirmas. Además, quieren perfeccionar los modelos atmosféricos para considerar distintos tipos de planetas y estrellas.

“Uno de los objetivos es estimar cuántos tránsitos planetarios serían necesarios para detectar estas biofirmas en las atmósferas de exoplanetas rocosos utilizando instrumentos actuales y futuros”, puntualiza Molina.

“El objetivo final es seguir acercándonos a una pregunta que mueve a toda la astrobiología: ¿cómo reconocer señales de vida cuando observamos otros mundos?“, concluye.

Referencia:

Valeska Molina, Pablo Aguilar, Cristina Dorador, Jeremy Tregloan-Reed, Barbara Rojas-Ayala, Jose Carcamo, Alvaro Aliaga y Mario Soto. Exploring extremophile gas production as a biomarker for early Earth atmospheres. International Journal of Astrobiology, 2026.