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Universidad Bernardo O'Higgins
Martes 22 mayo de 2018 | Publicado a las 14:12
La tentación africana de Latinoamérica
Publicado por: Blog UBO
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Bajo la claridad solar de Adís Abeba, el 28 de julio de 2015, a un tris de abandonar la presidencia de los Estados Unidos, ante los dirigentes y personalidades de la Unión Africana de cuerpo presente, pronunció Barak Obama una disertación cargada de sarcasmo y crítica política al malsano hábito de los primeros mandatarios de ese continente de recurrir a la reelección indefinida.

“El avance democr√°tico de √Āfrica -asever√≥- est√° en riesgo cuando los dirigentes se niegan a dejar el poder al t√©rmino de su mandato”; y a regl√≥n seguido, sin inquietar por quedar de vanidoso, ilustr√≥ a la escogida audiencia congregada en la ciudad capital de Etiop√≠a, con su propio dilema: ‚ÄúEstoy en mi segundo mandato. No puedo figurarme un honor m√°s grande o un trabajo m√°s atrayente. Amo mi trabajo. Empero, bajo nuestra constituci√≥n, no puedo postularme de nuevo. De hecho, pienso que soy un muy buen presidente; creo que si me postulara podr√≠a triunfar. Pero no puedo. Hay mucho que quisiera hacer para conservar a Estado Unidos en movimiento, m√°s la ley es la ley y ninguna persona est√° encima de la ley. Ni siquiera el Presidente‚ÄĚ.

Captura de video | CNN Chile
Captura de video | CNN Chile

Las consecuencias de violar ese principio sacrosanto de una democracia verdadera, estaban tr√°gicamente a la vista. ‚ÄúCuando un l√≠der trata de modificar las reglas en el medio del juego √ļnicamente para quedarse en el puesto, se expone a inestabilidad y conflictos, como vimos en Burundi. Y esto es √ļnicamente un primer paso en un camino peligroso‚ÄĚ.

Evocaba el mandatario estadounidense el ejemplo desdoroso de Pierre Nkurunziza, presidente de la rep√ļblica de Burundi, quien, pasando por sobre la constituci√≥n nacional que le vedada presentarse a una tercera reelecci√≥n, consigui√≥ de su tribunal constitucional, por cierto enteramente adicto a el mismo, la autorizaci√≥n habilitante y gan√≥ esa elecci√≥n ama√Īada. No retrocedi√≥ Nkurunziza un jeme ante las encendidas protestas de la oposici√≥n pol√≠tica y la sangrienta secuela de muertes desatadas por su dolosa tentativa. Mucho menos ante la honda fisura que iba a trazar en el cuerpo social burund√©s. Como Franco, Nkurunziza solo quiere durar.

Obama pudo haberse referido a otros numerosos experimentos de ‚Äúautocracia electorera‚ÄĚ en suelo africano, si bien no era necesario. Cualquiera de los asistentes habr√° pensado, para su capote, en los d√©spotas que conoc√≠a. En Afewerki (Eritrea), Nguema (√Āfrica Ecuatorial), Museveni (Uganda), D√©by (Chad) o Robert Mugabe (Zimbabwe). Entre muchos. Hablar de Nkurunziza era hablar de todos.

En el populismo y el autoritarismo posmoderno, poder concentrado y dinero son una tautología
- Eduardo T√©llez L√ļgaro

A√Īadi√≥ Obama un gramo de humor canchero a su c√≥ctel. “No entiendo, hizo notar, por qu√© la gente quiere mantenerse tanto tiempo en el poder. Particularmente cuando tienen un mont√≥n de dinero“.

Esta acotación, declamada con una picardía casi campesina, sugiere que la tenencia de potestad, de dominio imperativo, es más estimulante para su perseguidor que cualquier otra posesión terrena. Sobre todo cuando se trata de dictadores. Claro que sobre el particular cabe un matiz: casi siempre una autoridad indefinida, o que aspira a tenerla, va estrechamente asociada a la generación de una guardada y cuantiosa fortuna patrimonial. El matrimonio Kirchner-Fernández, en Argentina; y Ortega-Murillo en Nicaragua, los gobernantes dinásticos del continente, lo atestiguan con largueza. En el populismo y el autoritarismo posmoderno, poder concentrado y dinero son una tautología.

Si tal era el paisaje pol√≠tico africano hace dos o tres a√Īos, y prosigue si√©ndolo, intriga preguntarse acerca de c√≥mo andamos comparativamente por casa. Y a la verdad, no hay demasiada distancia. Maduro, extensi√≥n sectaria de Ch√°vez, que lo design√≥ a dedo, gan√≥ ileg√≠timamente una segunda elecci√≥n sin garant√≠as, predestinada a mantenerlo en el gobierno aeternitatis… o hasta que dejen de asistirlo sus fuerzas armadas, trocadas en guardia pretoriana.

Agence France-Presse
Agence France-Presse

Morales, convertido en otro Nkurunziza, desconoce el referendo popular que la negó la posibilidad de reelegirse por cuarta vez, driblea la constitución, se atiene al fallo de su dócil tribunal constitucional y prepara un cuarto mandato mesiánico. Daniel Ortega, ensaya duplicarse a sí mismo, después de estar más tiempo que Anastasio Somoza a la testa de Nicaragua, promoviendo la candidatura de su consorte, Rosario Murillo.

Sigue en esto el gran paradigma argentino: N√©stor Kirchner, nigromante de masas, habilit√≥ a su esposa, Cristina Fern√°ndez, el ascenso a la presidencia rioplatense, en la cual se sostuvo dos periodos consecutivos, con nuevas √≠nfulas de retornar a la primera magistratura, desvanecidas luego de su apenas mediano desempe√Īo en la √ļltima senatorial argentina.

Rafael Correa…impuso una reforma constitucional que permit√≠a a cualquier caudillo afanoso la reelecci√≥n indefinida
- Eduardo T√©llez L√ļgaro

Rafael Correa tuvo tres mandatos sucesivos en Ecuador, y si al final, con buen sentido, desisti√≥ de presentarse para un cuarto periodo, impuso una reforma constitucional que permit√≠a a cualquier caudillo afanoso la reelecci√≥n indefinida. Jos√© Manuel Zelaya precipit√≥ la crisis institucional en Honduras al tratar de imponer, contra el pronunciamiento y la condena de los poderes constituidos, una consulta pro-constituyente, de cu√Īo chavista, detr√°s de la cual ocultaba, sin dudas, la aspiraci√≥n de reformular la carta magna del pa√≠s y facilitarse la reelecci√≥n consecutiva.

Otro hondure√Īo con humos, el ahora presidente Juan Orlando √Ālvarez, acaba de asegurarse un segundo periodo de gobierno mediante una resistida elecci√≥n, que dej√≥ un reguero de muertos y muchas objeciones provenientes de la ONU, OEA, expertos electorales y veedores internacionales acerca de su transparencia.

Extra√Īamente, todo este profuso elenco de cabecillas y dirigentes anhelosos vincula la aspiraci√≥n suya de eternizarse con las necesidades y hasta la sobrevivencia de la naci√≥n. Asumen que sin ellos ‚Äďo ellas- esta √ļltima quedar√° reducida a la orfandad.

Sobre este √°ngulo de la cuesti√≥n, un pasaje fugaz de la notable alocuci√≥n desplegada por Barak Obama en Ad√≠s Abeba, trae un alcance irrebatible. Todo gobernante que vincula su permanencia en el cargo con el mantenimiento o la salvaci√≥n de la naci√≥n ‚Äďse√Īal√≥- ha faltado a su cometido. Si eso fuera cierto, el l√≠der ha fracasado evidentemente en la construcci√≥n de la naci√≥n colocada bajo su √©gida.

Y eso es verdad, tanto en el √Āfrica lejana como aqu√≠, en la similar vastedad hispanoamericana.

Eduardo T√©llez L√ļgaro
Académico e investigador
Universidad Bernardo O’Higgins

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