Amablemente feminista, precursora no binaria, perfectamente instalada en un futuro distópico y hasta madre abuela de la cultura woke, con cierto matiz y residencia en “Casa de Muñecas”, de Henrik Ibsen, la escritora chilena María Elena Gertner (Iquique, 1926-Isla Negra 2013) adelantó conceptos y sensibilidades sociales mucho antes de tu tiempo, mucho antes de morir dejando un tremendo legado literario a la orilla de Isla Negra.

Por Marcel Socías Montofré

Conoció a Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Albert Camus. Mucho antes escribió poesía en “Homenaje al miedo”. Luego abrazó el existencialismo y hasta se dio tiempo de escribir y encajar en la obra de teatro “La mujer que trajo la lluvia” (1951).

También estudió teatro y a los 18 años dijo que quería ser escritora; a los 22 escribió su primer libro. Leyó con profundo interés a Dostoyevski, a Virginia Woolf y a la sociedad chilena de su época. Como también se adelantó a la psicología social de nuestra época en 2024.

Fue multifacética María Elena Gertner.

“Su escritura desenfadada y la exposición directa de los conflictos emocionales y las experiencias sexuales de sus protagonistas la vinculan a un primer feminismo literario, avanzada de la cual participaron buena parte de las narradoras chilenas de los años cincuenta”, se comenta en la Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional.

Incluso fue generosa y fecunda para escribir en 1958 “Islas en la ciudad” (reeditada por Editorial Zuramérica en 2022). Una novela entrañablemente chilena. De un Chile trizado y aparente, donde sus habitantes se mueven como desastrosas islas en un archipiélago que nunca termina de hundirse. Aunque tampoco de flotar. Esa es la realidad.

Y es en esa realidad perfectamente retratada por María Elena Gertner donde se instala su genialidad. No escribe para hablar de sí misma, como suele suceder con algunos egos que se auto perciben literarios. Más bien lo hace para denunciar, escarbar y hasta, en lo posible, sanar las heridas. Por lo menos dejarlas en evidencia.

Lo hace con el mismo magistral efecto que Virginia Woolf en “Shakespeare’s Sister”, o el manifiesto de la poeta chilena Teresa Wilms Montt: “Cuando trataron de callarme, grité. Cuando me golpearon, contesté. Fui crucificada, muerta y sepultada, por mi familia y la sociedad”.

Alfredo Molina Lahitte, memoriachilena.cl

Islas en la ciudad

En el caso de María Elena Gertner hay un sentido de actualidad que asombra. Aunque “Islas en la ciudad” fue escrita en 1958, mantiene una vigencia brutalmente paradójica. Pasa el tiempo, se habla de feminismo y paridad, pero se repiten personajes como Carolina Page y compañía.

Su estereotipo por esencia se repite en un 2024, donde todavía persiste “aquella falta de unión, de real conexión entre todos esos cuerpos que se encuentran, coinciden, interactúan en la superficie; mientras por debajo de las grietas se esparcen sin que ninguno de ellos haga nada para detener aquel resquebrajamiento”, tal como se advierte en la contraportada del libro.

O como en el diálogo de la página 162:

“-Gracias. ¿Exceso de femineidad o gentileza?
-Lindo precioso, estoy descubriendo que usted es un bicho harto acomplejado. ¿No le agrada la clase de vidita en que se ha metido?
-Poco.
-Me alegro. ¿Y qué hará en adelante?”.

Ni hablar –o sí, mejor hablar, y mucho- del diálogo en la página 161 y del capítulo 37 de “Islas en la ciudad”:

– “Pero no durará mucho… odio la idea de envejecer.
-No se preocupe, nos iremos habituando lentamente, y cuando ocurra lo tomaremos con naturalidad. A medida que madura, el hombre se familiariza y, probablemente, llega a amar en su vejez… y su muerte”.

Todo un arte de anticiparse el de María Elena Gertner.

Como también de consignar, en la página 58, sus propias dudas y existencias:

“¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Por qué soy?, grita y tiene miedo a la respuesta. La mujer, que ha esperado inmóvil, se inclina y lo besa en la frente sudorosa, en los labios resecos de sol y fiebre, y él intuye que, cerrando los ojos, dejándose ir semejante a los guijarros que arrastran los ríos, empezará a vivir”.

También conmueve esa ternura femenina y feminista de María Elena Gertner.

“Extraño -pensó, caminando por la Avenida Vicuña Mackenna-. Tengo la sensación de ir viajando por el interior de un túnel y no vislumbrar siquiera adónde voy a ir a parar”, dice en la página 126 de las 181 que contiene el libro y su mensaje.

Capítulos de vida

Es la misma María Elena Gertner que, según Fernando Santiván, generó con su libro “Páramo salvaje” un estilo de escritura “con las mismas raíces espirituales turbadoras de sus novelas anteriores, hincadas en la hondura del instinto y del subconsciente humano”.

El mismo Fernando Santiván que junto con Augusto D’Halmar “crearon en 1905 la Colonia Tolstoyana en San Bernardo, cuyo alcalde era el poeta Manuel Magallanes Moure. Su proyecto de trabajar colectivamente la tierra con los campesinos no logró cristalizarse”, según cuenta Luis Vitale.

La misma María Elena Gertner que soslayó la dictadura de Pinochet escribiendo la telenovela “La dama del balcón” (1986), con clara alusión al nazismo y el III Reich.

Aunque la censuraron en TVN, igual siguió escribiendo.

Era lo suyo y así lo advirtió desde los 18 años en su Iquique natal y en su Isla Negra –del litoral central de Chile- donde murió el 25 de enero de 2013. Allí, feliz en la orilla de la isla y sin ciudad, se dedicó a traducir y a su grupo de teatro “Alta Marea”.

En 2005 recibió la Orden al Mérito Pablo Neruda por una vida dedicada al arte y la cultura.

Hoy, en 2024, sus libros se siguen leyendo como viviendo en Chile.

Como en la página 116:

– “Entonces don Mauricio se encerró en su escritorio, y la tía Carolina se fue con mi papá a una pieza grande que da al jardín. Yo me subí al ciruelo y aguaité por los vidrios lo que pasaba… La tía Carolina y mi papá se abrazaron, y ella se tendió en el sofá, y mi papá la besó mucho. Y mi mamá se lleva llorando ahora. La Rosa dice que son por celos”.
– “¡Ah!… Yo pensé que mi mamá lloraba porque nos echaron del colegio”-, dijo el niño”.

O esa genial síntesis y carta de la página 108:

“Perdona, mi querida, todos los conceptos duros con que siento herirte. Nunca te había hablado con la crudeza y sinceridad con que lo hago hoy, y créeme, nunca he lamentado tan hondamente mi lejanía de la patria, donde podría haberte ayudado como una madre”.

A propósito, el capítulo 21 comienza así en la página 93: “La cámara muestra el cielo, con las estrellas bajas alumbrando los pastizales quietos. Ladran perros a la distancia y el agua sigue escurriendo…”.

Editorial Zuramérica

Islas en la ciudad

María Elena Gertner
Editorial Zuramérica

2022