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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En el Día de la Madre se destaca la canción "Amor eterno" en las versiones de Rocío Dúrcal y Juan Gabriel. Dúrcal, con un enfoque más íntimo y trágico, personifica el dolor de una viuda resignada a la muerte tras perder a su gran amor. Por otro lado, Juan Gabriel la dedica a las madres, transformando el amor terrenal en algo inalcanzable y sublime. Su interpretación, marcada por su ausencia paterna, llena ese vacío desde una perspectiva homosexual.

En el Día de la Madre confluyen sentimientos, afectos, miradas de sociedad y mucho más, además de su faceta comercial y consumista.

Entre esta diversidad que confluye y se disputa los espacios, quiero detenerme en una canción y dos de sus versiones más brillantes. Me refiero al tema Amor eterno (Alberto Aguilera Valadez), en las interpretaciones de Rocío Dúrcal (María de los Ángeles de las Heras Ortiz, Madrid 1944 – Madrid 2006) y de Juan Gabriel (Alberto Aguilera Valadéz, Michoacán, 1950 – California, 2016).

Carátula de Frente a frente, Rocío Dúrcal y Juan Gabriel

Historia común

Rocío Dúrcal hizo varias películas, incluyendo, por ejemplo, una con Palito Ortega o la primera donde hay una relación lésbica en el cine español. Dedicada de lleno a la música, se traslada a México para relanzar su carrera artística. Ahí trabaja varios años y produce diversos discos con Juan Gabriel. En 1984 lanza Canta a Juan Gabriel 6, vendiendo 5,5 millones de copias y logrando su primera nominación al Premio Grammy. Sin embargo, de manera abrupta y por razones no esclarecidas se distancian en 1986.

Esa producción, Canta a Juan Gabriel 6, de 1984, incluía el tema Amor eterno.

El texto de la canción

Amor eterno

Tú eres la tristeza, ay, de mis ojos
Que lloran en silencio por tu amor
Me miro en el espejo y veo en mi rostro
El tiempo que he sufrido por tu adiós

Obligo a que te olvide el pensamiento
Pues siempre estoy pensando en el ayer
Prefiero estar dormida que despierta
De tanto que me duele que no estés

Cómo quisiera, ay, que tú vivieras
Que tus ojitos jamás se hubieran cerrado nunca
Y estar mirándolos
Amor eterno e inolvidable
Tarde o temprano estaré contigo
Para seguir amándonos

Yo he sufrido tanto por tu ausencia
Desde ese día hasta hoy no soy feliz
Aunque tengo tranquila mi conciencia
Sé que pude haber yo hecho más por ti

Oscura soledad estoy viviendo
La misma soledad de tu sepulcro
Tú eres el amor del cual yo tengo
El más triste recuerdo de Acapulco

Cómo quisiera, ay, que tú vivieras
Que tus ojitos jamás se hubieran cerrado nunca
Y estar mirándolos
Amor eterno e inolvidable
Tarde o temprano estaré contigo
Para seguir amándonos

Amor eterno
Eterno
Amor eterno, oh
Eterno

(Compositor: Alberto Aguilera Valadez)

Rocío Dúrcal

La cantante española interpreta el tema como si lo cantase una viuda que de manera dramática expone la intimidad de su dolor. Su fraseo es de la mujer que, una vez perdido el gran o único amor de su vida, solo espera resignada la muerte. Su príncipe azul, irremplazable como irrepetible ha sido su todo y sin él ya no vale la pena vivir.

En una versión magistral, Rocío Dúrcal regurgita su desgarro, su soledad, su dolor como algo interno.

Juan Gabriel y Latinoamérica

Juan Gabriel, por su parte, tiene unas interpretaciones memorables de Amor eterno. Pero de una manera completamente diferente a la de Dúrcal, acaso contradictorias o complementarias a la de ésta, según el ánimo o la orilla desde donde las escuchemos.

Juan Gabriel, de manera explícita, dedica la canción a la madre, a la figura de las madres. Entonces, este amor sublime deja de ser de pareja, pierde su carga amorosa terrenal, sexual, para volverse algo inalcanzable. Bien podría cambiarse la figura de la madre por la de la Virgen María, y seguiría funcionando.

En la soberbia interpretación de Juan Gabriel, gigantesca y mayúscula como la imagen de la Madre, ella está omnipresente y ocupa una totalidad que no deja espacio posible para el padre. El padre, como a menudo sucede en Latinoamérica, solo existe en la paradoja de su ausencia.

Es aquí donde Juan Gabriel viene a llenar ese espacio no reclamado del marido, de la pareja o de la figura masculina ausente. Situado en el centro del escenario, gesticula, hipnotiza, suda y hasta llora para materializar a ese hombre que no está, al hombre que nunca más vuelve de comprar cigarros, o al hijo depositario de tantas -quizás demasiadas- expectativas que brilla por su ausencia. Y lo hace desde su condición homosexual, del Alberto Aguilera Valadéz que muy tempranamente supo que la única mujer de su vida sería su madre…

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Rocío Dúrcal y Juan Gabriel

Si Rocío Dúrcal hace de esta canción un tema universal, Juan Gabriel logra elevarla a la categoría de himno del vástago latinoamericano. Cuando lo masculino es, por un lado, el “conquistador”, fiero, abusador y ausente, y, por otro lado, el nativo sometido y despojado, la única certeza es la madre, el amor eterno e inolvidable.

Ambas interpretaciones pueden ser complementarias. La de la mujer que reclama ese hombre que perdió. Y la del que por crecer sin padre se aferra con devoción a mujer que le dio el ser, y a la que promete seguir amando.

Latinoamérica Madre Soltera, EM