Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
La directora Pamela Pequeño Latorre presenta su documental "Cobija", explorando la vida en esta caleta cercana a Tocopilla, donde el tiempo parece detenido entre ruinas y entierros. La película aborda temas de memoria, infancia, sueños y una identidad fuera del tiempo, mostrando a una comunidad que vive de manera libre y sencilla, basando su existencia en la pesca y los recursos marinos. La directora destaca la belleza del lugar, la tranquilidad y la conexión con la infancia, ofreciendo una experiencia cinematográfica única. El documental revela la historia larga de Cobija, desde la ocupación indígena hasta los eventos históricos que han marcado el lugar.
“Cobija tiene un encanto que no te deja ir. Te quedai y te quedai”, dice uno de los protagonistas de Cobija.
Pamela Pequeño Latorre (Santiago, 1962) conversa sobre su documental Cobija. La directora indaga en esta caleta, cercana a Tocopilla, donde se vive fuera del tiempo, entre ruinas y entierros. También, Pamela Pequeño (La hija de O’Higgins) regresa a su infancia, a esas inolvidables vacaciones que, hasta sus catorce años, fueron sus momentos de mayor felicidad.
Cobija aborda temas de memoria, infancia, sueños, fantasmas e identidades construidas fuera del tiempo. Quizás por eso sus habitantes no quieren abandonarla.
¿Qué ve la gente cuando ve el documental Cobija?
“Un lugar desconocido, remoto, que probablemente nunca van a conocer. Una comunidad, personas que viven de una manera muy distinta a quienes vivimos en ciudades. De una manera totalmente libre, que llama la atención, que andan en pijamas todos los días, que mariscan y trabajan. En un lugar donde, aparentemente, no hay nada.
“Algo que me han dicho, que es bien interesante, es acercar silencio. Que es una película muy poco ruidosa. En ella hay sonido, pero me han dicho que entran como en otro estado. Sobre todo al principio de la película, y a mí me asustaba eso, es súper silenciosa la entrada de la película. Entonces, eso de alguna manera los desafía, pero cuando pasas eso, te sumas al viaje que propongo con la película.
“Me llama la atención lo estético, la belleza del lugar, la fotografía, los atardeceres, la presencia animal también. Y las historias, que no haya nada tampoco. Y que estas personas vivan aparentemente felices, en un lugar donde prácticamente no hay consumo. Eso llama mucho la atención.
“El consumo que hacen es del mar, de los recursos marinos, que es con lo que se alimentan. Claro, hay antenas satelitales, teléfonos celulares y, ahora, paneles solares. Es una película que podría en del siglo pasado o, también, en el futuro, cuando todo se terminó.”
Cobija, de Pamela Pequeño
¿Qué rememoras cuando vuelves a ver Cobija?
“Cuando yo vuelvo en la película, me encanta, que es algo que no es tan fácil. Cuando has trabajado más de 10 años en una película, en un proyecto, de repente no la quieres ver más. A veces la veo, a veces no la veo, depende de dónde y cómo sea la proyección. Pero hay veces que la vuelvo a ver. Uno me gusta, me encanta. Vuelvo a viajar, vuelvo al lugar. Esa era la idea también. Me siento contenta de estar ahí, mirando. También me gustan las historias que cuentan, me siento identificada con el lugar.
“Me lleva a la infancia de nuevo, que es algo que me gusta mucho, porque ahí fui muy feliz. Donde aprendí las cosas importantes de la vida, entonces me conecta con eso. Miro las cosas que hicimos, las puestas en escenas, las imágenes que registró Diego super ocho, el fílmico que yo lo filmé. Me gusta lo que habla la gente, las historias que cuentan que, también, me recuerdan las historias que yo escuchaba en mi infancia. Eso era lo que yo quería, reproducir un poco lo que yo escuchaba en las noches sin luz, mirando el firmamento, en un pueblo perdido en el desierto. Escuchando el mar y todas esas historias fantásticas. Que como que me aterraban, pero quería más. El misterio en el fondo, ese misterio que tiene el lugar, la metáfora donde la ficción y la no ficción están juntas, porque ahí viven así, no es una invención mía.”
La película tiene mucho de autobiográfico. Sin embargo, estás casi todo el rato en la película y al mismo tiempo no estás. Eres como un fantasma.
“Bueno, sí. Es una película de fantasma, de tesoros, de aparecidos. Yo no quise estar, es una decisión, no es al azar.
“No quise estar porque creo que, estando mucho, es un lugar que para mí es misterioso, es fundamental. Siempre digo, si hay un lugar donde fui feliz, fue ahí. Es un lugar muy extraño. Y eso es un beneficio de mi tío, que ahí armó un paraíso, un paraíso muy extraño, muy loco, singular, pero muy sencillo.
“Yo narraba, pero quería que las voces fueran las personas que viven allá, porque yo no vivo ahí. Tuve una relación, conocí ese lugar, pero no soy de ahí. Entonces tampoco quería como secuestrar la historia y yo hacerme cargo de ella y yo narrarla. Quería que la comunidad me contara esas historias.
“Claro, yo podía contarlas, pero también necesitaba un dispositivo que uniera el relato, la película que, en el fondo, es un viaje de regreso. Yo viajo de regreso, adulta, como una mujer grande, que ha vivido. También cita, aunque nunca lo digo, un viaje. Fui de vacaciones hasta los 14, prácticamente todos los veranos. Pero yo volví dos veces más antes de que mi tío falleciera. De alguna manera, este viaje de regreso en la película una cita ese viaje de regreso. Fue súper emocionante, me acuerdo cuando nos acercamos en el auto a Cobijas, yo lloré de emoción porque era volver a un lugar demasiado querido, demasiado importante. Que con la vida y el crecer, el ser adulto, no había tenido la oportunidad de volver, porque estaba el otra, construyendo la vida.”
Cobija, de Pamela Pequeño
Cobija tiene una historia muy larga, con ocupación indígena de hace 9000 años. Estuvieron los españoles, Bolivia instala un puerto que es arrasado por la fiebre amarilla, dos terremotos, dos maremotos. De eso quedan las ruinas de muros de adobe, y el resto es mucha precariedad
“O sea,viven como los changos. Eso pude constatar, a pesar de que ellos no son changos. Hay una asociación de mujeres changas, han tomado más conciencia de eso. Pero en el fondo, nosotros hablamos de precariedad, de pobreza, y yo me fui dando cuenta que ellos no son pobres. Son pobres a nuestros ojos, un tema es que no tengan dinero o no produzcan, porque ellos viven del mar y de otras cosas. Como Danilo, era mecánico, también se había retirado de un buzo experto.
“Ellos viven de una manera muy sencilla. Todos llegaron en carpa, ellos no llegaron y se construyeron casas. Ellos llegaron en carpa como los changos. Como eran buzos, pescadores y mariscadores, eran súper nómadas. Llegaron con sus hijos, con guaguas, y después se fueron construyendo sus casas. Como que están de paso, pero en realidad muchos se quedaron. Pero esa forma de vivir subsiste. Por ejemplo, Danilo tomaba aceite de lobo, el no iba al médico, no sabía ni leer ni escribir, pero salía de historia, del mundo, de política, de un montón de cosas y tomaba aceite lobo, como lo hacían los changos.
“Entonces, varias cosas permanecen de una manera más contemporánea y menos consciente. Yo llegué a esa conclusión, viven muy parecido, con esa tradición. Por ejemplo, el veraneo del norte, llegaban carpas, que muestro en la película, así estaban los changos, en el suelo, como nómades, moviéndose de playa en playa.
“No me refiero a la historia porque no quise hacer un documental histórico. Solo hago referencias de los maremotos, de las pestes, que ahí pasaron cosas. Lo pongo como en otros para dar un pequeño contexto. Están los super 8, también, que son como un archivo construido, para dar esa sensación de la memoria, que hay una profundidad histórica.”
Para mí lo más raro del documental es el guía con las personas de la tercera edad.
“Pero a ellos les gusta. Porque pasa que gente de Antofagasta no saben de Cobija, muchos no tienen ni idea, y están a dos horas. Pero otras personas sí saben, que me dicen sabe yo estuve, yo pasé, yo entré, mire las ruinas , yo tenía un pariente…”
¿Qué es lo que más te gusta de la película? ¿Qué escena
“Me gusta la escena de los perros corriendo a contraluz y dejando como una estela al atardecer. Cuando el fantasma de Danilo va caminando, después de que muere. Esa escena me gusta mucho.
“Me gusta mucho la escena del Chila, que es un pescador que está en el mar con un botecito, que es como una cascara de nuez, que va para acá y para allá, y anda un lobito de mar. Eso es algo que hace todos los días, hasta el día de hoy yendo a pescar y sacando unos pescaditos, es su rutina. Y me gusta el escena donde los niños están jugando fútbol con una música de radio. Me gusta mucho la escena donde cuento la historia de mi tío, que llega y se enamora, que son fotografías en blanco negro que encontró mi hermana en el álbum de la hija mayor de mi tío y que yo no sabía que existían y que son unas fotos bellísimas. La parte del incendio también me gusta.
“Danilo me contó de todo, que había visto de todo, gigantes, indígenas, hasta seres como duende, y yo les creo. Todos te cuentan eso y él me decía que era porque hay un cementerio muy antiguo ahí. Eso como que encendía mucho todo ese imaginario, que es parte de la vida de las personas. Y me gusta cuando Danilo cuenta que todos buscaban el tesoro. Eso es genial. Porque yo iba con la idea del tesoro que Danilo estaba ahí buscando.”
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