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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

"La película chilena 'El deshielo', dirigida por Manuela Martelli, llega a las salas locales tras su presentación en el Festival de Cannes. La trama, un thriller ambientado en los años 90 en Chile, gira en torno a la desaparición de una adolescente en un centro de esquí. Destacan las actuaciones de Maya O'Rourke y el contraste visual de la nieve en la película. La historia se entrelaza con la participación de Chile en la Expo Sevilla 1992, mostrando la reconstrucción del país postdictadura.

Tras un elogiado debut en Europa, ya llegó a la cartelera local ‘El deshielo’, la nueva película de la directora chilena Manuela Martelli que busca un cupo entre los nominados a los premios Oscar 2027.

La cinta, que fue elegida por la Academia de Cine de Chile para representar al país en la categoría “Mejor Película Extranjera”, tuvo una avant premiere mundial en el reciente Festival de Cannes, donde fue parte de la sección ‘Un Certain Regard’. En su primera proyección en salas, el filme no dejó indiferentes a los críticos, cosechando reseñas mixtas entre la prensa acreditada del festival francés.

Una trama fría y envolvente

Ambientado en el Chile de comienzos de los noventa, ‘El deshielo’ construye un filme con lógica de thriller, en un entramado de suspenso, drama y misterio que corre sobre un país que intenta dejar atrás la dictadura de Pinochet.

La historia se sitúa en un centro de esquí de la precordillera, donde la desaparición de una adolescente alemana sirve de reflejo y metáfora para los silencios, tensiones y omisiones que, en el Chile de la transición, parecen no solo copar la “política de los acuerdos”, sino también las relaciones interpersonales de una sociedad entera.

Una protagonista sorprendente

Aquí, la protagonista de la historia es Inés, personaje interpretado con sorprendente carisma y rigor actoral por Maya O’Rourke, una niña de 10 años que actualmente cursa Quinto Básico en un colegio capitalino.

En la trama, Inés es la nieta de la dueña del centro de esquí (Paulina Urrutia), y a su vez un testigo clave en la extraña desaparición de Hanna (Maia Domagala): una adolescente y esquiadora de élite a la que se le pierde el rastro sin motivo aparente en el resort.

El elenco lo complementan los nacionales Mauricio Pešutić, Paula Zúñiga, Marcela Salinas, Lautaro Cantillana y dos créditos extranjeros: Saskia Rosendahl y Jakub Gierszal, la madre y el entrenador de Hanna, respectivamente.

La nieve como unq actriz más

En ‘El deshielo’, los nudos cordilleranos son un actor más del reparto actoral. Con predominancia del color blanco y los paisajes naturales, el filme de la directora de ‘1976’ se sostiene en el cordón andino para escenografiar su trama y, de paso, para marcar un nítido contraste entre inocencia y adultez (y entre paz y tragedia).

Lo anterior se grafica en una larga secuencia inicial, donde un plano completamente blanco da la bienvenida al espectador y presenta los primeros créditos del filme, en una sanguínea y sugerente tipografía.

La nieve, los vestuarios invernales y la atmósfera de refugio son parte de la paleta de colores de la película, que sin duda bajará la temperatura de las salas de cine donde se proyecte sin importar su ubicación geográfica.

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Un iceberg, ‘El deshielo’ y la Expo Sevilla 1992

En 1992, trozos de hielo antártico hicieron un viaje insólito desde el sur austral hacia España. A través del Canal de Panamá, siete piezas de hielo fueron trasladadas al Viejo Continente con rumbo a la Exposición Universal de Sevilla, instancia que marcaría el retorno de Chile a los foros y encuentros internacionales tras los vetos sufridos en rechazo a la dictadura de Pinochet.

La cumbre, para las autoridades de la época, fue entendida como una oportunidad para proyectar al país en el extranjero tras 17 años sin democracia, y una vitrina para concretar, in situ, los sueños de futuro de una sociedad que se reconstruía. Para ello, en el Pabellón de Chile fue instalado un iceberg, que no sólo comenzó a derretirse antes de inaugurada la expo, sino que también dividió aguas y generó críticas y hasta chistes de la prensa internacional.

Parte de esta historia se relata en el libro ‘Glaciares y sociedad’ (Pehuén, 2025), de los editores Cristián Simonetti, Javiera Barandiarán y José Ragas, pero también en ‘El deshielo’, donde los padres de Inés son parte del equipo detrás de la gesta chilena en Sevilla.

Las imágenes, sus anécdotas, el derretimiento y las esquirlas de aquel hito son aquí la principal metáfora de Manuela Martelli, una donde la “hazaña” nacional gravita y se deshace como una inquietante y surrealista narración paralela.

Cuando un país necesita afecto

Sin historias románticas a la vista, en ‘El deshielo’ uno de los conceptos clave es la palabra afecto. Lo busca Inés en la distancia de sus padres, absolutamente abocados en la Expo Sevilla, pero también Hanna en la estricta rutina del deporte de alto rendimiento y, desde el “branding de las naciones”, también el propio Chile, que en el pabellón de Sevilla intenta sacudirse de los traumas de la dictadura.

La premisa resulta fundamental para comprender el desenlace del filme, donde Maya O’Rourke y Saskia Rosendahl dan forma a un nudo dramático que se desenreda y corta en una desgarradora escena acerca de la orfandad de sentimientos. Es el momento exacto en que la metáfora de Martelli sobre la transición a la democracia hace sentir en el espectador no sólo la frialdad y vicisitud de la montaña, sino también las pesadillas que poco a poco se incuban en el portaliano, inefable e inesquivable “peso de la noche”.