Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
Durante la colonia, el Imperio Español necesitaba monedas en América por el creciente comercio. Se acuñaron monedas en México, Lima y Potosí, y en Chile se empezaron a acuñar en 1749. Circularon las monedas macuquinas, piezas irregulares y únicas. Los detectoristas, como Fabián, buscan tesoros con detectores de metales en antiguos caminos coloniales. Las macucas, acuñadas entre 1572 y 1730, tenían un gran valor y se produjeron en México, Lima y Potosí. El negocio de los detectores es variado, pero ¿dónde está el límite entre patrimonio nacional y hallazgos? El Consejo de Monumentos Nacionales protege el patrimonio. La legislación establece que los tesoros encontrados se dividen entre el descubridor y el dueño del terreno.
No siempre las monedas fueron planas y redondas. Durante la colonia, el Imperio Español tuvo la necesidad imperiosa de monedas en América. Había poco circulante ante el gran comercio que no paraba de crecer y se comenzaron a acuñar monedas en América, específicamente en México, Lima y Potosí.
En Chile solo se vinieron a acuñar desde 1749, después de que se creó la Casa de Moneda. Pero durante casi 200 años circularon otro tipo de monedas, unas irregulares, toscas y únicas, las llamadas monedas Macuquinas, o “macucas”.
Detectoristas
Desplazan el detector en movimientos de arco a pocos centímetros del suelo. Buscan una señal especial. Se mueven en silencio, barriendo el suelo. Buscando o, más bien, distinguiendo sonidos.
De pronto, algo suena. Es una señal fuerte y distinta. La pantalla muestra un número que enciende la sorpresa y la imaginación. La experiencia les hace agacharse y centrarse en un punto específico del suelo. Es en ese momento en que el corazón palpita más rápido. Cuando la sorpresa se transforma en emoción, cuando lo que hay enterrado es valioso.
Más de alguna vez hemos visto a alguien en la playa caminando, concentrado, detectando con su equipo en la arena. Uno se pregunta, ¿Qué pueden encontrar?
Monedas, anillos, o alguna otra joya. Pero la verdad es que existe todo un mundo. De los detectores de playa a los que se adentran en documentos, archivos y mapas antiguos. Exploran en los alrededores de haciendas, de casonas patronales antiguas, donde solo quedan los cimientos. Otros rastrean en los campos de batalla para recuperar algún objeto histórico de colección.
Buscan en lugares que no hayan ido otros detectores. Aunque, así y todo, aseguran, siempre se siguen encontrando cosas.
Los que comienzan por ambición pronto dejan el hobby. Hay otros que se enamoran del arte de descubrir algo que ha estado, quizás, cuántos años enterrado. Reaparece en ellos ese sentimiento primario de encontrar un tesoro, de descubrir algo improbable.Macuca, foto de Fabián Olivares
Macucas
Las monedas macuquinas son piezas artesanales acuñadas en América a golpe de martillo entre 1572 y 1730. Son piezas únicas, toscas e irregulares. Tienen bordes deformes y variadas formas. Siempre llevan grabados elementos representativos de la corona española. Además de su lugar de origen y año de acuñación.
No importaba tanto la forma sino el peso. La mayoría eran de plata y su peso establecido en todo el imperio le daba el respaldo con la información que traía impresa. Las siglas del ensayador eran fundamentales y es quien aseguraba el peso y la ley de la moneda.
Se fabricaron en México, Lima y Potosí, y tuvieron un gran valor en su época. Se diseminaron por todo el mundo a través del comercio y se convirtieron en un medio de intercambio fiable. Sus precios en la actualidad dependen más bien por su rareza y los precios fluctúan entre los 20 mil pesos a varios millones. En 1767 se dejaron de producir dando paso a la producción mecanizada de monedas.
Foto de Fabián Olivares
Fabián, el detector
Fabián se levanta temprano. Pone agua a hervir, está entusiasmado. Ayer encontró una macuca y hoy volverá al mismo lugar. Cree que durante la colonia ese fue un lugar importante, una parada en el camino que muchos viajeros utilizaron.
Hace unos días habló con el dueño de un terreno y este lo autorizó para que buscará con su detector. Fabián es un derectorista experimentado. Lleva más de 10 años en este hobby que lo tiene completamente atrapado. Ha cambiado 3 veces de detector. Dice que, para él, no es un gasto, es una inversión.
Foto de Fabián Olivares
Fabián lleva años detectando en el antiguo camino entre Santiago y Valparaíso, el famoso Camino Real. Esta es una vía que ya en muchas partes no se ocupa. En algunos tramos es un camino de tierra secundario, o asfaltado hace décadas.
Son caminos coloniales que ya dejaron de utilizarse hace décadas, pero donde habían posadas y casas patronales de las que solo quedan los cimientos. Para un derectorista, ganarse la lotería es encontrar un Peso Coquimbo, la moneda chilena más valiosa que existe. Fue acuñada en 1828, pero se retiró de circulación por su baja ley. Se acuñaron muy pocas, y esa escases le da su tremendo valor: 30 millones de pesos.
Foto de Fabián Olivares
Equipo y legislación
El detector envía a través de una bobina ondas electromagnéticas al suelo. Cuando éstas se encuentran con algo metálico, se perturba y envía una señal que el detector convertirá en señal de sonido y mostrará una lectura.
Se puede encontrar absolutamente de todo. Lo más recurrente son las anillas de aluminio de las latas, que están por todos lados. Al igual que las latas mismas. Las tapas también son parte de estos indeseables objetos que son una verdadera peste. Si hablamos de contaminación, las tapas y latas están en todas partes. En bosques y playas, en quebradas y cerros. Para qué hablar de botellas, pero, por suerte, éstas no se detectan.
Hay todo un negocio de internet, canales de detectoristas, ventas en sitios especializados. Y muchos coleccionistas privados atentos a cualquier oferta. Pero, ¿Dónde está el límite? ¿Cuándo un objeto comienza a ser patrimonio nacional?
El Consejo de Monumentos Nacionales es el órgano encargado de proteger el patrimonio cultural, histórico, natural y arqueológico de Chile. Todo lo que está en el subsuelo que se considere patrimonio nacional está protegido por ley.
Los detectoristas se defienden. Dicen que una moneda encontrada se le puede haber caído a una persona, aunque sea hace 50, 200 o 400 años atrás. Esa moneda no tiene dueño conocido y por lo tanto no es de nadie. No hay diferencia entre encontrar una moneda actual, de las que se encuentran muchas, sobre todo de 10 y 100 pesos.
Foto de Fabián Olivares
Algunos detectoristas han tenido un golpe de suerte. El premio mayor es un “enterratorio” o “tapadito”. Eso es un verdadero tesoro. Gente ha habido en toda época que ha escondido sus riquezas. Algunos no volvieron por ella y alguien, muchos años después, lo encuentra…
En el Artículo 625 del código civil se establece que: “Se llama tesoro la moneda o joyas, u otros objetos preciosos, que elaborados por el hombre han estado largo tiempo sepultados o escondidos sin que haya memoria ni indicio de su dueño”.
El artículo 626 dice “el tesoro encontrado en terreno ajeno se dividirá en partes iguales entre el dueño del terreno y la persona que haya hecho el descubrimiento”. Y sigue. “Pero está última no tendrá derecho a su porción, sino cuando el descubrimiento sea fortuito o cuando se haya buscado el tesoro con permiso del dueño del terreno”.
Cada macuca es un tesoro pequeño y único. Lo interesante después del hallazgo es reconstruir como llegó esa moneda u objeto ahí. Todas son teorías, pero es inevitable sentir una conexión con esa persona que dejó algo de él allí.
El subsuelo guarda pequeños y grandes tesoros. Para encontrarlos hay que tener paciencia y suerte, pero sobretodo, saber dónde buscar. Macuca, foto de Fabián Olivares
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Suicidio
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