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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La identidad de Banksy podría haber sido revelada como Robin Gunningham, respaldada por una investigación de Reuters que vincula al artista con el vocalista de Massive Attack, Robert Del Naja. Según la investigación, Gunningham adoptó el nombre David Jones y cruzó la frontera hacia Ucrania en octubre de 2022. A pesar de esta revelación, el debate sobre si conocer la identidad de Banksy es relevante continúa, ya que su anonimato ha sido parte central de su obra, convirtiendo cada aparición en un evento y cada silencio en una estrategia.

La identidad de Banksy, una de las interrogantes del mundo del arte en las últimas décadas, parece haber sido revelada.

Una investigación de Reuters publicada esta semana sostiene haber reunido evidencias que apuntan a la identidad del hombre detrás del graffitero, retomando una sospecha antigua: que el artista podría ser Robin Gunningham, un hombre nacido en Bristol en 1973. La hipótesis no es nueva –ya la planteó el Mail on Sunday en 2008–, pero Reuters la respalda ahora con nuevos indicios y documentos.

La investigación llevó primero a Ucrania, a Horenka, un pueblo devastado por los bombardeos en las afueras de Kiev. Allí, a finales de 2022, una ambulancia llegó hasta un edificio destruido. Del vehículo descendieron tres personas: dos con el rostro cubierto y una tercera fácilmente identificable, el fotógrafo documental Giles Duley, quien perdió un brazo y ambas piernas en Afganistán y hoy presta ambulancias a ONG que trabajan en la zona de guerra.

Poco después, en una de las paredes del edificio apareció un mural tan extraño como inconfundible: un hombre barbudo bañándose mientras se frota la espalda en medio de los escombros. Todo indicaba que se trataba de una nueva pieza del artista.

Los periodistas de Reuters que investigaron los murales ucranianos consiguieron vincular a uno de los acompañantes de Duley: Robert Del Naja, vocalista del grupo de trip-hop Massive Attack y pionero del grafiti con plantilla en Bristol bajo el seudónimo 3D.

Los registros de inmigración confirmaron que Del Naja y Duley cruzaron la frontera polaco-ucraniana el 28 de octubre de 2022. Pero entonces surgió la pregunta clave: ¿quién era el tercer hombre?

La pista apareció en Nueva York, a partir de un informe policial que había permanecido más de dos décadas en los archivos de la ciudad. En la madrugada del 18 de septiembre de 2000, las autoridades arrestaron a un hombre en el tejado del número 675 de Hudson Street, en el barrio Meatpacking de Manhattan.

Según los registros, el detenido había estado modificando a mano alzada una valla publicitaria de Marc Jacobs durante la Semana de la Moda, añadiendo –como cuenta el libro de su exrepresentante Steve Lazarides– “dientes de conejo ridículos” al modelo de la campaña. Los daños superaban los 1.500 dólares, lo que llevó a la policía a intentar imputarle un delito grave. El hombre firmó su confesión manuscrita con su nombre real: Robin Gunningham.

Aseguran haber descubierto la identidad de Banksy, el graffitero incógnito más popular del mundo
Robin Gunningham

En 2008, el tabloide británico Mail on Sunday ya había señalado a Gunningham como el posible hombre detrás de Banksy. La investigación incluía fotografías tomadas por el fotógrafo Peter Dean Rickards en Jamaica en 2004, donde el artista trabajó sin ocultar el rostro.

En los círculos del arte urbano, sin embargo, la sospecha llevaba tiempo circulando. Según explicó el historiador Ulrich Blanché, de la Universidad de Heidelberg, a la agencia de noticias Deutsche Presse-Agentur (dpa), se trataba prácticamente de “un secreto a voces desde aquellas revelaciones”.

Pero tras aquel artículo, Gunningham prácticamente desapareció del registro público: dejó de aparecer en documentos fiscales, laborales o de propiedad. Lazarides confirmó a Reuters que él mismo gestionó un cambio legal de nombre. “El nombre que tienen lo liquidé yo hace años”, dijo. Buscarlo sería “un callejón sin salida”, agregó.

El nuevo nombre adoptado por el artista es uno de los más comunes en Gran Bretaña: David Jones. Según fuentes consultadas por Reuters con acceso a los registros de inmigración ucranianos, el 28 de octubre de 2022 cruzó la frontera hacia Ucrania una persona registrada con ese nombre cuya fecha de nacimiento coincidía con la de Gunningham. Salió del país el mismo día que Robert Del Naja.

Según la investigación de Reuters, otra pista se suma a la hipótesis sobre la identidad del artista. En la sección de preguntas frecuentes de su web, Banksy respondió a una pregunta sobre si copiaba al artista francés Blek le Rat con una referencia directa a Robert Del Naja: “No. Copié a 3D de Massive Attack. Él sí sabe dibujar de verdad”. La cita sugiere la cercanía entre ambos artistas: Del Naja no sería Banksy, pero sí una de sus influencias y posibles aliados en algunos proyectos.

¿Importa conocer la identidad de Banksy?: El arte del anonimato

La revelación no llegó sin resistencia. El abogado de Banksy, Mark Stephens, escribió a Reuters argumentando que publicar la identidad del artista violaría su privacidad, interferiría con su obra y podría ponerlo en peligro. Durante años, explicó, el artista “ha sido objeto de comportamientos obsesivos, amenazantes y extremistas”.

Reuters decidió publicar de todos modos. La agencia sostuvo que una figura con una influencia tan amplia en la cultura contemporánea, el mercado del arte y el debate político internacional está sujeta al mismo escrutinio que cualquier otro actor público.

Pero incluso si el enigma estuviera ya prácticamente resuelto, queda una cuestión más interesante: ¿importa realmente? Para el historiador del arte Ulrich Blanché, el anonimato no es un detalle biográfico sino parte central de la obra.

“El anonimato de Banksy es su obra de arte más grande”, resume Blanché en una frase, según reportó la agencia alemana dpa. No solo le permitió esquivar a la policía en sus inicios; también convirtió cada aparición en un acontecimiento y cada silencio en una estrategia.

Ese fenómeno ayuda a explicar por qué Banksy se ha convertido en una figura singular dentro del arte contemporáneo. Un artista de la calle cuyas obras alcanzan precios millonarios, un saboteador visual que con el tiempo se ha convertido en una especie de tesoro nacional.

Una obra suya se vendió por 4,2 millones de libras en Sotheby’s en 2025, y Girl with Balloon –rebautizada Love is in the Bin tras autodestruirse parcialmente en plena subasta– pasó de 1,4 millones de dólares a unos 25 millones tres años después. Blanché lo resumió para la dpa con una imagen: Banksy es “una estrella del pop sin obra musical”.

Y, sin embargo, el centro sigue siendo el gesto. El niño pintado en Londres poco antes de Navidad, el juez amenazante sobre un manifestante en los tribunales londinenses, la bañera en medio de los escombros ucranianos. Obras rápidas, legibles, irónicas y políticas, hechas para circular en redes, en prensa y en la memoria colectiva.

Quizá por eso revelar su nombre no resuelve del todo el misterio. Porque Banksy nunca fue solo una persona. Fue también una estrategia artística cuidadosamente construida: la de un artista que entendió antes que casi nadie que, en la era de la exposición total, ocultarse podía ser la forma más eficaz de hacerse inolvidable.