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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

"El espectáculo 'Chiqui Chiqui Chá' rinde homenaje a las locomotoras a vapor, piezas fundamentales en la historia ferroviaria de Chile. La obra, dirigida e interpretada por Catalina Moya Marchant, narra la historia de Aurelia, inspirada en la vida de la directora, descendiente de ferroviarios. A través de la narraturgia, se destacan aspectos emotivos y sensibles de la historia del país, incluyendo el papel de las mujeres y la labor de los trabajadores ferroviarios.

Catalina Moya, creadora e intérprete de este unipersonal, relata, manipula objetos y a una autómata de madera, mientras cuenta la historia del mundo ferroviario.

Por Leopoldo Pulgar Ibarra

Nunca más se verá en el país una locomotora a vapor transportando un convoy de pasajeros. Tampoco se oirá el silbido agudo al liberar vapor, una alerta que anunciaba el paso del estrepitoso “caballo de hierro”.

Ni, menos, se volverá a oír el ronquido que sale de la chimenea. Tampoco se verá el espeso humo contaminante de la combustión del carbón: calentaba el agua de la caldera hasta convertirla en vapor que, a gran presión, permitía mover locomotora y carros.

Ahora todo esto es posible con la magia de Chiqui chiqui chá. La propuesta rinde homenaje a este medio de transporte, vital para la creación de una identidad ferroviaria que perdura. Además, para el desarrollo económico de Chile durante parte del s XIX y casi todo el siglo XX.

La primera locomotora a vapor se fabricó en 1804, en Gran Bretaña, y en 1829 la perfeccionó el ingeniero George Stephenson. Llegó una a Chile en 1851 y, al año siguiente, operó entre Caldera y Copiapó. Hoy, Monumento Nacional, está en la Universidad de Atacama.

Relato vital

Chiqui chiqui chá es un unipersonal de narraturgia -convergencia de dramaturgia teatral y narración oral-, que valora la memoria y la cultura ferrocarrilera, surgida alrededor de “la icónica ex Maestranza Central de San Bernardo”.

La recordaron ex “maestrancinos”, sus familiares, personas mayores y distintas comunidades en encuentros amplios durante la investigación que culminó en esta obra.

Un material que, después, se reconstruyó en escena mediante la “manipulación de objetos, muñecos, arpilleras, juegos, cantos tradicionales y elementos de juglaría”, dicen los realizadores.

Chiqui Chiqui Chá narra la historia de Aurelia, joven que recorría en bicicleta la comuna de San Bernardo cuando se topa con algo inesperado: la abandonada ex Maestranza Central de Ferrocarriles del Estado.

En realidad, la experiencia de Aurelia coincide con la de la directora e intérprete del unipersonal y nieta de ferroviarios, Catalina Moya. La información que recogió en esta fuente directa y creíble, también la rastrea en las generaciones siguientes.

Aurelia, en tanto, visita a su abuela y al compadre de su Tata, para develar una historia sorprendente que desconocía y que alude también a “aspectos emotivos y sensibles de la historia de Chile”.

“No viví la experiencia de subirme a un tren con locomotora a vapor, pero como mi intención no era basarme en la documentación existente, decidimos conversar con quienes sí la tuvieron”.

Lo reitera Catalina Moya Marchant, actriz de la Universidad de Chile, Diplomada en Patrimonio Cultural (UC), especialista en vincular lo escénico con lo patrimonial, directora general e intérprete de Chiqui Chiqui Chá.

Chiqui chiqui chá, foto de Bárbara Fuentes

Maquinistas en la memoria

¿Cuándo te contaba tu abuelo estas historias?

“En las vacaciones, en la Vega de Pupuya (comuna de Navidad, Región de O’Higgins). Era autodidacta, tenía su biblioteca y siempre estaba aprendiendo cosas que me enseñaba en conversaciones sobre su vida en los trenes.

“Por el lado de mi abuela, mi bisabuelo era jefe de cuadrilla de quienes trabajan en la línea, y mi abuela era guarda cruces. ¡Tengo un contacto bien potente con la tradición familiar!”.

¿Te hablaba también de los accidentes ferroviarios?

“Claro. Chiqui chiqui chá son mis memorias personales. Soy de San Bernardo y mis abuelos de la Región de O’Higgins. Mi tata, de Población, mi abuela de Placilla.

“Cuando se vinieron a Santiago, mi abuelo trabajó en la maestranza San Eugenio. Luego siguió la carrera de maquinista y, para el Golpe de 1973, se preparaba para ser Inspector de Patio. Es exonerado político. Al jubilar se vienen a vivir a San Bernardo.

“Entonces, yo ¡crezco con los trenes! De pronto, me doy cuenta que tengo una memoria ferroviaria súper potente. Ahí empieza esta investigación, conversando con portadores vivos de memoria, como también de la segunda y tercera generación…

“En medio de esto salió la historia del accidente en San Bernardo, en 1955: un tren chocó con los últimos carros de madera de pasajeros de un convoy estacionado. Fue un día de invierno, de mucha neblina.

“En ese tiempo las medidas de seguridad eran diferentes. Por eso, me preguntaba cómo era posible que, a estas alturas, pudiera ocurrir la colisión del Metrotren (junio 2024: choque frontal en San Bernardo de tren de pruebas con uno de carga)”.

Nostalgia y trabajo ferroviario

¿Te apena no haber conocido la locomotora a vapor?

“Claro. Hay estudios y libros sobre el mundo ferroviario. Pero la intención era conversar con personas que vivieron esa experiencia. Es muy bonito cuando escuchas sus recuerdos llenos de nostalgia y sonidos.

“Y, también, saber lo que significó para los maestrancinos reparar esas máquinas (hasta los años 60, 200 locomotoras al año). Incluso, llegaron a fabricar seis locomotoras (la primera, en 1942).

La labor que realizaban era monumental, un trabajo muy duro y de largas horas. La primera estación fue la de San Bernardo, puerta hacia el sur. Me concentro en la Maestranza Central de San Bernardo, porque da cuenta de lo que significó ferrocarriles para Chile, al unir a todo el país de Iquique a Puerto Montt”.

Sociabilidad obrera

Chiqui Chiqui Chá también subraya la importancia de las mujeres: ese tipo de sociedad era posible gracias al trabajo de la mujer en la casa, en los barrios, en las poblaciones y en la valoración de los derechos sociales.

“También da cuenta, de una manera lúdica y entretenida, de la sociabilidad obrera, de la memoria, de los derechos humanos. Para eso se utilizan objetos, arpilleras bordadas, canciones. Es muy triste el estado de abandono en que está este Monumento Histórico Nacional”.

¿Crees que el tren vuelva a ser la columna vertebral del transporte en Chile?

“¡Sería maravilloso! Aseguraba una conectividad que, hoy, no se ha logrado con los nuevos sistemas. Quedaron muchos pueblos fantasmas con la desaparición del tren. Pero no tiene que ver sólo con lo económico. También, como reparación simbólica, relacionada con la debacle ferroviaria en el país y cómo fue castigado el movimiento social ferroviario por la dictadura”.

Chiqui chiqui chá, foto de Bárbara Fuentes

Dedales de oro

¿Qué elementos usas en esta narraturgia?

“Todo lo que usamos fue construido para la obra. Lore Álvarez diseñó y realizó la ropa de mezclilla de tonalidad azul de los obreros. También estuvo en la investigación y levantamiento de memorias locales, junto con Karina Tapia, que es socióloga…

“Esta historia se cuenta con arpilleras bordadas en diálogo estético con el vestuario, en un escenario textil que se despliega para mostrar cómo eran las cosas en el pasado. También trabajé con Manu Madera Viva, artista nacional súper reconocido por sus autómatas de madera: diseñó a Aurelia como una autómata articulada”.

Eres la única narradora de la historia…

”Sí, y caracterizo algunos personajes. Fanny Fregni, la directora, me llevó por el camino del clown. También ocupamos el humor para abordar temas súper profundos de la historia de Chile y que el relato llegue a todo público. Hay un contraste entre colores azules, marrones y anaranjados. Y destacamos el Dedal de Oro, la flor del ferroviario, que crece entre los rieles” del tren”.

Chiqui chiqui chá, foto de Bárbara Fuentes

Chiqui Chiqui Chá

Narraturgia, dirección general e interpretación: Catalina Moya Marchant
Dirección escénica: Fanny Fregni

Asesoría histórica y trabajo de campo: Karina Tapia, socióloga
Diseños autómata y juguetes de madera: Manu Madera Viva
Diseño vestuario: Lorena Álvarez Beroiza
Arpilleras: Catalina Moya
Registro audiovisual obra: Víctor Robles
Fotografía: Bárbara Fuentes
Diseño gráfico: Liza Retamal Salinas
Realización mesón narrativo: Francisco Viera
Difusión: Palominos Comunicaciones
Producción: María José Pérez Espina
Financia: Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas. Mincap.

Sala Sergio Aguirre
Dpto. Teatro Universidad de Chile.
Morandé 750, Santiago.
Viernes 16 enero 2026, 20.00 horas.
Entrada libre por orden de llegada (cupos limitados).
50 minutos.
+7.