Artes y Cultura
Viernes 20 marzo de 2020 | Publicado a las 18:24
José Bengoa: El Sonido del Silencio
Por Tu Voz
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*El autor recomienda leer sus palabras escuchando la canción de Simon and Garfunkel:
https://www.youtube.com/watch?v=a9xKOISC-2g

Por José Bengoa

Historiador, licenciado en filosofía y profesor de la Escuela de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more
People talking without speaking
People hearing without listening
People writing songs that voices never share
And no one dare
Disturb the sound of silence
¬ęFools ‚Äďsaid I‚Äď, You do not know
silence like a cancer grows.

Simon and Garfunkel

La gran transformaci√≥n reci√©n comienza. Millones de personas en el mundo, por primera vez desde hace mucho tiempo, se han debido encerrar en sus casas y en sus breves departamentos. ¬ŅQu√© hacer en un mundo acostumbrado a ser una cultura “hacia afuera”?.

Se acab√≥ el “voy y vuelvo” de Nicanor Parra. En algunas partes, Lima por ejemplo, la cuarentena es custodiada por polic√≠as y militares. En Chile, para√≠so del neoliberalismo consumidor, a√ļn no cierran los supermercados, pero dicen que los van a cerrar pronto. Los bares ya cerraron y cada minuto hay menos posibilidades de salir del “hogar dulce hogar”. Me imagino que la televisi√≥n y la computadora (o el simple tel√©fono) permite escuchar y algo, un poco, hablar. Pero poco a poco se acaban los temas de conversaci√≥n y hablar de la pandemia se transforma en pesadilla. Escuchar al Ministro de Salud es otra pandemia.

En estos a√Īos los ciudadanos se fueron transformando en consumidores, como todo el mundo sabe. ¬ŅQu√© ocurrir√° si el consumir se va restringiendo cada vez m√°s? ¬ŅSe perder√° el sentido incluso de la vida? Encerrados entre cuatro paredes, unas m√°s grandes y otras m√°s chicas, los antiguos clientes comenzar√°n a desesperarse y me temo que esa ser√° la segunda pandemia. Una pandemia ps√≠quica posiblemente, peleas familiares producto del encierro, depresiones violentas al no poder responder a la pregunta ¬Ņy qu√© va a pasar?

Podr√≠amos decir adem√°s que una de las caracter√≠sticas violentas de esta pandemia es su car√°cter de clase. Alguien dir√° que no respeta el virus a nadie. Pero al observar a los contaminados, el barrio alto de Santiago se lleva (hasta ahora) la mejor parte. A√ļn no se produce el afamado “chorreo“, pero se est√° de a poco contaminando a los barrios bajos, con las empleadas dom√©sticas que van y vienen y sobre todo los obreros de la construcci√≥n que siguen trabajando en el mundo del Coronacuicus.

Suponemos que ser√° un par√©ntesis de las movilizaciones sociales, la explosi√≥n social chilena, y muchas otras que despu√©s de que pase este momento amargo volver√°n los temas de fondo como si la muerte no fuera el m√°s importante. Porque el coronavirus ha hecho casi desparecer los muertos, heridos, ciegos, y tantos otras y otros que, a pesar del individualismo sist√©mico, se dieron la mano, se sonrieron y cantaron a grito pelado que “El pueblo unido jam√°s iba a ser vencido“. Paradojas sin duda.

Hay culturas que tienen m√°s recursos que otras por supuesto. Ve√≠amos a la gente en los balcones de un barrio de N√°poles cantando a voz en cuello La Traviata. Una chica hacia la voz solista y desde los balcones le respond√≠a el coro maravilloso, pero, ¬Ņcu√°nto dura? Los primeros d√≠as del encierro obligado pueden ser hermosos, es lo que nunca hab√≠a ocurrido. Se forman comunidades virtuales que conversan, se pasan noticias falsas, se asustan mutuamente, hasta que llegue el p√°nico. Se muri√≥ alguien conocido, del vecindario, !Ay, Dios m√≠o!.

Por cierto que me surgen las teor√≠as conspirativas. ¬Ņser√° que todo esto es un gran invento monstruoso de un Doctor Ins√≥lito como el que interpretaba Peter Sellers?. Nadie lo sabr√° pr√≥ximamente. Estas cosas se abren despu√©s de muchos a√Īos y por cierto que los resultados permiten especular much√≠simo. No cabe mucha duda de que, en ciertos √°mbitos del poder, hay sonrisas ir√≥nicas: “nadie sabe para qui√©n trabaja”, dir√°n. Todo el mundo en su casa y la Plaza de la Dignidad vac√≠a.

Y si en medio del silencio aburrido, usted pone la antigua radio Beethoven, comprada vilmente por un grupo fundamentalista, escuchar√° las trompetas del apocalipsis, sonando a todo volumen. Podr√° escuchar la canci√≥n ‚ÄúLos sonidos del silencio” de Simon y Garfunkel en una versi√≥n bastarda. Se tent√≥ al poder de Dios, se legisl√≥ con la mano del diablo en el aborto, matrimonio entre hombres o mujeres del mismo sexo y se insult√≥ al poder establecido. Jehov√° reaccion√≥ como lo hizo en el Antiguo Testamento liberando la sequ√≠a m√°s grande de los √ļltimos a√Īos, el desorden generalizado, la moral hecha pedazos, y la peste. Todas las plagas de Egipto llegan de una sola vez. Cuidado, chilenos, que viene un terremoto para terminar con este mundo pecador. Lo que queda es convertirse.

Los temores son muchos. ¬ŅQu√© estar√°n pensando hacer los que observan a todo el mundo en sus casas y ven en este silencio una “oportunidad“?. Naomi Klein sigue teniendo raz√≥n en el sentido que frente a las cat√°strofes la mayor√≠a llora, unos cuantos se ayudan solidariamente y otros, no pocos, se “aprovechan del p√°nico“. ¬ŅQu√© estar√°n pensando los ladrones de cuello y corbata?. ¬ŅQu√© empresas, casas, edificios y bienes se comprar√°n a huevo? y los sin cuello ni corbata, ver√°n posiblemente oportunidades en los barrios en que se concentra el coronacuicus y el dinero.

El silencio puede ser otra peste o puede ser maravilloso. Nadie sabe lo que de all√≠ saldr√°. En el silencio, a veces se puede escuchar. En el bullicio no. Una vez que las personas se cansen de ver al Ministro de Salud en la televisi√≥n, que no le crean nada al Presidente de la Rep√ļblica, que el susto se vaya pasando, que se cansen de conversar por tel√©fono, que la bulla vaya cediendo, quiz√°s. Puede ser un mal pensamiento, pero quiz√° se producir√° algo diferente. No solo en nuestro pa√≠s, sino en el mundo alguien o varios podr√°n reflexionar sobre la fragilidad del sistema. Otros podr√°n pensar en que el estado debe ser mucho m√°s activo y fuerte. Alguno considerar√° que Sanders tiene raz√≥n al decir lo desprotegido que est√°n millones de ciudadanos estadounidenses y ojal√° que salga un iluminado que diga que hay que hacer un Nuevo Trato (New Deal).

Escuchar los sonidos del silencio será un difícil aprendizaje. No pocos /as querrán seguir con la bulla desde sus casas a través de métodos virtuales. En fin, no se contentarán con el bullicio propio de sus cabezas cuando no hay muchas alternativas, por lo que se recomienda hacer un alto, callarse un rato, mirar por la ventana. Quizás, así, se nos ocurra alguna buena idea. Si es que.

El silencio puede ser terrible, pero puede ser hermoso su sonido. Capaz que desde quienes pueden oír, pero no escuchar, ver pero no mirar en medio de este enorme silencio de los aeropuertos, de las calles, bares y restoranes, surja algo más que miedo. Y como dice la canción: las profecías están escritas en las paredes del Metro. Ahí quedarán hasta nuevo aviso.

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