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García Márquez: Férreo defensor de la revolución cubana y cercano amigo de Fidel Castro
Publicado por: Agencia AFP
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Amigo √≠ntimo de Fidel Castro, Gabriel Garc√≠a M√°rquez era “un hombre con bondad de ni√Īo y talento c√≥smico”, seg√ļn el l√≠der de la revoluci√≥n cubana que lo ha evocado como “un hombre de ma√Īana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla”.

Los dos hombres -el cubano es siete meses mayor- se conocieron en los primeros d√≠as de la revoluci√≥n, en enero de 1959, cuando “Gabo” lleg√≥ a la isla como periodista a cubrir la llegada al poder de los guerrilleros “barbudos” que comandaba Castro.

Siguieron decenios de amistad, con algunos desacuerdos entre dos hombres a quienes les gustaba tacharse mutuamente de “desmesurados” y “exagerados”.

Crítico de las dictaduras y los regímenes autoritarios de derecha de América Latina, García Márquez permaneció siempre fiel a esa amistad con Fidel Castro, incluso a veces a riesgo de ser criticado.

El escritor cubano Reinaldo Arenas lo hab√≠a atacado fuertemente en sus memorias (“Antes de que anochezca”) denunciando su presencia junto a Fidel Castro durante algunos de sus m√°s encendidos discursos contra los anticastristas.

“Nuestra amistad fue fruto de una relaci√≥n cultivada durante muchos a√Īos en que el n√ļmero de conversaciones, siempre para m√≠ amenas, sumaron centenares”, relat√≥ Castro en 2008 cuando recibi√≥ a “Gabo” y su esposa Mercedes, dos a√Īos despu√©s de la crisis de salud que lo llev√≥ a dejar el poder en 2006.

Garc√≠a M√°rquez, quien fijar√≠a largo tiempo su domicilio en La Habana, particip√≥ en 1959 en la formaci√≥n de la agencia cubana Prensa Latina y en 1986 en la creaci√≥n de la Fundaci√≥n del Nuevo Cine Latinoamericano y de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Ba√Īos, 30 km al suroeste de La Habana, que ha formado a generaciones de cineastas.

Visitas nocturnas

Gabo, quien recib√≠a en su hogar de La Habana frecuentes visitas nocturnas de Fidel, destacaba a su vez “su devoci√≥n por las palabras, su poder de seducci√≥n”. “Fatigado de conversar, descansa conversando”, escribi√≥ sobre el l√≠der cubano.

Una de esas noches, cont√≥ el escritor colombiano en 1988, le pregunt√≥ qu√© era lo que m√°s le gustar√≠a hacer en el mundo. “Pararme en una esquina”, le respondi√≥ inmediatamente un Castro agobiado por las responsabilidades y m√°s aislado que nunca en la cima del poder.

Su historia com√ļn pudo haber comenzado en Colombia en abril de 1948: al d√≠a siguiente del asesinato del pol√≠tico liberal Jorge Eli√©cer Gait√°n, Fidel Castro y Gabriel Garc√≠a M√°rquez, ambos de 21 a√Īos, participaron en la revuelta que pas√≥ a la historia con el nombre de “El Bogotazo”.

“Ninguno ten√≠a noticias del otro. No nos conoc√≠a nadie, ni siquiera nosotros mismos”, record√≥ Castro en un art√≠culo publicado en 2002 con ocasi√≥n del lanzamiento del libro “Vivir para contarla” del Premio Nobel de Literatura.

Siempre fiel defensor de la revoluci√≥n cubana, Garc√≠a M√°rquez sirvi√≥ de emisario especial del “L√≠der m√°ximo” ante el presidente estadounidense Bill Clinton.

En 1994 particip√≥ en la soluci√≥n de la crisis de los “balseros”, cuando millares de cubanos agobiados por las penurias econ√≥micas se lanzaron al mar en precarias embarcaciones para alcanzar la costa de Estados Unidos, que culmin√≥ con un acuerdo migratorio entre La Habana y Washington.

En 1997, Gabo llev√≥ a Bill Clinton -quien le hab√≠a contado que “Cien a√Īos de soledad” era su novela favorita- un mensaje de Fidel Castro en el que propon√≠a a Estados Unidos cooperaci√≥n en la lucha contra el terrorismo.

La cooperación cubano-estadounidense fue efímera. Washington sacó provecho de las informaciones transmitidas por los cubanos sobre planes de anticastristas contra la isla y arrestó en septiembre de 1998 a los agentes de una red cubana que operaba clandestinamente en Florida.

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