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Isla Magdalena: El para√≠so chileno de los ping√ľinos que se encuentra bajo amenaza latente
Publicado por: Denisse Charpentier
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Isla Magdalena, en el extremo sur de Chile, es un para√≠so para decenas de miles de ping√ľinos de Magallanes que llegan cada a√Īo aqu√≠ para reproducirse. Pero el calentamiento clim√°tico es una amenaza latente para la especie, alertan los administradores de esta reserva natural.

Con 85 hect√°reas, la isla Magdalena, situada a 25 millas n√°uticas (50 km) de la ciudad de Punta Arenas, en el Estrecho de Magallanes, tiene 22 especies de aves: 11 residentes y 11 en temporadas, como el ping√ľino de Magallanes.

Unos 23.000 turistas visitan cada a√Īo el Monumento Nacional Los Ping√ľinos, integrado por el islote Marta y la isla Magdalena.

Los principales predadores del ping√ľino son el ave skua y la gaviota dominicana, que se alimentan de los huevos y beb√©s de la especie, explica a la AFP Roberto Fern√°ndez, que desde hace siete a√Īos es guarda forestal en la isla.

“Actualmente, lo que observamos es que el verano est√° demorando en llegar y se est√° extendiendo hasta marzo. Los cambios clim√°ticos est√°n provocando un aumento en las poblaciones de gaviotas, eso es cierto. Ser√≠a necesario hacer un estudio a largo plazo para relacionar este aumento con una disminuci√≥n de la poblaci√≥n de ping√ľinos, pero el pron√≥stico es que en el futuro pueden llegar a amenazar a los ping√ľinos”, admite Neftali Aroca, administrador del Monumento Nacional Los Ping√ľinos, en entrevista con la AFP.

La informaci√≥n confirma la alerta lanzada en enero en la publicaci√≥n cient√≠fica en l√≠nea Plos One, seg√ļn la cual los eventos clim√°ticos extremos, como el calor anormal y las lluvias fuertes, habr√≠an matado a un gran n√ļmero de j√≥venes ping√ľinos de Magallanes.

Este estudio, realizado a lo largo de 27 a√Īos en Punta Tombo, Argentina, la mayor √°rea de reproducci√≥n de la especie, indica que un promedio de 65% de j√≥venes ping√ľinos de Magallanes muri√≥ anualmente en el periodo, 40% de ellos de hambre y 7% debido a los cambios clim√°ticos.

Huyendo del frío, a Brasil

Cada a√Īo, los ping√ľinos de Magallanes huyen del fr√≠o para pasar el invierno en las aguas tibias del litoral brasile√Īo.

Desde que son lo suficientemente grandes para nadar, viajan cerca de 4.000 km desde Isla Magdalena hasta Brasil. Durante el invierno austral, permanecen sobre todo en el litoral del estado de Santa Catarina, pero a veces llegan hasta las playas de Rio de Janeiro.

A mediados de agosto comienza el regreso, descendiendo por Uruguay, pasando por Argentina hasta el Estrecho de Magallanes, que divide los océanos Atlántico y Pacífico, para llegar a la isla Magdalena.

“Los ping√ľinos de Magallanes vienen a la isla a cumplir su ciclo reproductivo. Comienzan a llegar en setiembre, cerca del verano, para aprovechar los d√≠as m√°s largos necesarios para incubar los huevos y cuidar de los peque√Īos”, explica a unos 200 turistas Valeria S√°nchez, que lleva cinco a√Īos trabajando como gu√≠a en la isla Magdalena.

En los primeros meses de vida, los bebés dependen totalmente de los padres para su alimentación, para aprender a nadar y protegerse de los predadores.

“Entre febrero y marzo, comienzan a abandonar la isla, pero este a√Īo partieron de dos a tres semanas antes. Parece que quisieran anticiparse para asistir a la Copa del Mundo en Brasil”, bromea la gu√≠a, explicando que en realidad hubo una madurez precoz de las aves esta temporada.

En familia

Mon√≥gamos, los ping√ľinos de Magallanes tienen una √ļnica pareja durante toda la vida y pueden vivir hasta 25 a√Īos.

Los primeros en llegar a isla Magdalena son los machos. A ellos corresponde la tarea de reconocer el nido excavado en la tierra en la temporada anterior y reformarlo, usando lo que est√© a su alcance, como piedras y plumas, para atraer a su compa√Īera. La especie acostumbra usar el mismo nido cada a√Īo para reproducirse.

Las hembras llegan 15 d√≠as despu√©s y sus ansiosos compa√Īeros emiten sonidos similares a los de una trompeta para ser reconocidos. El periodo reproductivo dura de seis a siete meses.

Después de fecundadas, las hembras ponen uno o dos huevos. En los primeros 12 días, quien incuba los huevos es la hembra, que no se aparta de ellos ni para comer.

Tras el largo ayuno, los machos las sustituyen para que puedan alimentarse y la pareja se alterna en esta misión de 40 a 45 días, cuando termina el periodo de incubación y nacen los bebés, hacia noviembre.

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