Notas
Compartir poder: ceder a la posición privilegiada
Publicado por: Ximena Abogabir
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Una nueva palabra clave se introdujo en los discursos sobre el desarrollo: el ‚Äúempoderamiento‚ÄĚ. Algunos la rechazan porque implicar√≠a que quienes tienen poder, graciosamente se lo estar√≠an otorgando a quienes no lo tienen, y que no se deber√≠a hablar de concesiones a agradecer, sino de derechos a exigir.

Otros afirman que sólo en la medida en que el poder esté equiparadamente distribuido será posible construir acuerdos verdaderos y sustentables en el tiempo. En caso contrario, los aparentes consensos estarían escondiendo una actitud de sometimiento o de evasión ante relaciones de dependencia o de resignación, por lo que el conflicto reaparecerá como semilla bajo el asfalto.

No es coincidencia que este √ļltimo discurso se est√© instalando con fuerza justo ahora en que la ‚Äúvoz de la calle‚ÄĚ se hace sentir con fuerza. En estos d√≠as, el concepto tradicional del poder est√° siendo cuestionado en todos los planos del relacionamiento humano (Estado, educaci√≥n, familia, Iglesia, empresa, gremios, entre tantos otros) y las formas tradicionales de relacionamiento, para ser efectivas, est√°n siendo reemplazadas por agrupaciones colaborativas de personas que generan sentidos comunes a trav√©s del di√°logo y los contextos compartidos. Es lo que algunos han llamado comunidades interpretativas.

La nueva tendencia asume que a través del involucramiento directo de los representantes de las distintas visiones e intereses en juego, se estaría promoviendo procesos efectivos de aprendizaje, profundización y valoración del conocimiento de las distintas culturas, de los diferentes grupos, así como la reflexión y definición de roles, funciones y competencias de cada actor.

Ello, por un lado, implica el reconocimiento y valorizaci√≥n de los saberes y pr√°cticas generadas por una poblaci√≥n particular para enfrentar su desarrollo. Por otro, supone co-dise√Īar y co-ejecutar proyectos que respondan en forma efectiva a las demandas del grupo a partir de sus aspiraciones, capacidades y recursos.

Dado que los valores est√°n cambiando tambi√©n al interior de los diferentes grupos humanos, la b√ļsqueda de identidad y sentido es central para ellos, por lo que hoy exigen ser el eje del proceso de construcci√≥n de las decisiones que le afectan. Por muy bien intencionado o ilustrado que sea, no aceptan que un tercero defina lo que es bueno para ellos.

Compartir poder no resulta f√°cil

El empoderamiento debe ser entendido como un proceso, mediante el cual los sectores vulnerables acceden paulatinamente al control sobre su vida, tomando parte junto a otros actores en el desarrollo de actividades y estructuras que permiten que la gente participe en los asuntos que les afectan directamente.

El ¬®peque√Īo detalle¬® es que para que el empoderamiento sea realidad, quienes tradicionalmente lo han ejercido requieren estar dispuestos a compartirlo, es decir, ceder la privilegiada posici√≥n de tomar las decisiones finales, aunque ellas no necesariamente coincidan con lo escuchado previamente en el proceso participativo. ‚ÄúMal que mal, para eso me pagan‚ÄĚ, he escuchado en reiteradas oportunidades a autoridades gubernamentales y empresariales.

Otro de los desaf√≠os de quienes aspiran a impulsar estos procesos es generar un estado de √°nimo que promueva el bien com√ļn por sobre las agendas individuales. Ello requiere un proceso de preparaci√≥n previa de modo que todos los participantes se ‚Äúapoderen‚ÄĚ de los objetivos, del dise√Īo y de los resultados del proceso de construcci√≥n de un acuerdo, con el cual todos los involucrados puedan convivir, lo cual implica la disposici√≥n a no lograr todo lo que se aspiraba inicialmente.

Por otra parte, las decisiones colaborativas y la generaci√≥n de consensos se traducen en largas jornadas entre actores diversos para debatir sobre asuntos controversiales. Quienes han vivido procesos similares a menudo se preguntan si el tiempo invertido habr√° valido la pena, dado que finalmente unos pocos, relacionados con el poder tradicional, son los que terminan tomando las decisiones, tomando en cuenta s√≥lo marginalmente el sentir mayoritario. Por ello, otros m√°s suspicaces se preguntan si el ‚Äúempoderamiento‚ÄĚ no responder√° a una nueva forma sofisticada de compra de voluntades.

Asumiendo que estamos frente a un nuevo desafío que plantea éstas y muchas otras incógnitas, es preciso reconocer que intentarlo vale la pena porque hoy nadie tiene el control cierto de una organización y mucho menos de la interacción entre varias provenientes de distintos sectores y visiones. Por ello, no queda mejor opción que esforzarse por entender y gestionar un fenómeno que no entendemos a cabalidad, pero que vemos que efectivamente ocurre en la práctica.

Hasta el siglo pasado, los movimientos sociales tendían a ser fragmentados, locales, focalizados en un objetivo puntual y efímero. Las redes sociales, presenciales y virtuales, vinieron a hacer la diferencia y constituyen una poderosa herramienta para equiparar poder, debido a su capacidad de diseminar la información, creando imágenes que construyen o destruyen el poder tradicional en segundos, así como de coordinación de acciones al instante.

El grupo Annonymous es el s√≠mbolo m√°s perfecto de lo anterior: un n√ļmero no identificable de personas, provenientes de los lugares m√°s remotos del planeta y que ni se conocen entre s√≠, con la capacidad de derribar en 24 horas cualquier muro virtual que intente ocultar informaci√≥n relevante.

Por ello, la Era de la Informaci√≥n nos invita a repensar el poder, ya que dej√≥ de ser un juego de suma cero (si te doy, yo pierdo), sino m√°s bien constituye la √ļnica forma de gobernar a trav√©s de la construcci√≥n de nuevos paradigmas de responsabilidad compartida, en la perspectiva de que las personas adquieran la autor√≠a sobre su particular modelo de desarrollo. De lo que se trata ahora no es de acaparar poder, o repartir una tajada de poder, sino de recrear la sociedad, reinventar la pol√≠tica, o dicho en palabras grandes, evitar el derrumbe de la civilizaci√≥n a partir de colectivos que no logran ponerse de acuerdo.

En este sentido el empoderamiento se convierte en un medio y un fin para lograr cambios sustanciales en la calidad de vida.

Ximena Abogabir:

Fundación Casa de la Paz ©

Fundación Casa de la Paz ©

Periodista de la Universidad de Chile. Especialista en participación ciudadana, resolución de conflictos, gestión local participativa y convivencia sustentable. Expositora y docente permanente en espacios nacionales e internacionales sobre involucramiento de las empresas con las comunidades, cambio cultural y resolución de conflictos.

Abogabir acaba de ser nombrada miembro del Panel Externo de Revisi√≥n del Acceso a la Informaci√≥n del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); auditora social: ‚ÄúConducta Responsable‚ÄĚ de la Asociaci√≥n de Industriales Qu√≠micos de Forest Stewardship Council FSC; e Integrante de diversos Consejos Asesores en medio ambiente y participaci√≥n.

Su mayor logro es haber fundado y dado continuidad por 29 a√Īos a Fundaci√≥n Casa de la Paz. Para tomar contacto: xabogabir@casadelapaz.cl y su twitter: @XAbogabir

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