Notas
Chile necesita más empatía de parte de quienes detentan el poder
Publicado por: Carolina Mardones
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En mi opini√≥n, Chile a√ļn es un pa√≠s injusto e inequitativo, donde la calidad de vida es muy diferente si usted est√° entre el 10% m√°s acaudalado o el resto del grupo. Esta opini√≥n es m√°s que nada una sensaci√≥n, como a menudo es la certeza, que uno se forma al andar por las calles, conversar con la gente y al leer las noticias.

Se reafirma esta certeza cuando uno ve a adultos mayores trabajando mucho m√°s all√° de los 65 a√Īos porque la jubilaci√≥n no da, ve los pueblos del Norte que acogen la gran miner√≠a y que despu√©s de a√Īos de prosperidad minera est√°n muy parecidos a lo que eran antes, cuando siguen existiendo miles de campamentos, cuando uno chequea las enormes diferencias del sistema p√ļblico y privado de salud, cuando el sueldo m√≠nimo sigue en 182.000 pesos, cuando uno escucha los reclamos de los Ayseninos. Es una sensaci√≥n de injusticia que se forma a trav√©s de la experiencia del d√≠a a d√≠a.

Por eso no dej√≥ de sorprenderme a mitad del a√Īo pasado, cuando me enter√© que un economista, Claudio Sapelli, hab√≠a publicado el libro “Chile: ¬ŅM√°s Equitativo?”, en el que se analizan los temas de distribuci√≥n del ingreso y movilidad social. En ese texto Sapelli asegura que Chile es un pa√≠s m√°s equitativo, separ√°ndose de la creencia instalada de que convivimos en uno de los territorios m√°s desiguales del continente y de nuestro otro grupo: la OCDE.

¬ŅPor qu√© se da esa diferencia? El mismo economista explica que se debe a la metodolog√≠a que √©l ocupa, que b√°sicamente es hacer grupos por personas que comparten una caracter√≠stica com√ļn, esto es nacer en el mismo a√Īo. Utilizando esa metodolog√≠a, Sapelli observa que en mi generaci√≥n, la de 24 a 35, la cobertura de ense√Īanza secundaria es m√°s alta que el promedio de la OCDE. Algo parecido pasa con la desigualdad, la que en comparaci√≥n con las generaciones de los setentas tendr√≠a una mejora de 8 puntos en el indicador Gini, un cl√°sico √≠ndice de desigualdad.

Sapelli tiene pergaminos que garantizan un conocimiento a toda prueba en economía: un Doctorado en Chicago y su texto es riguroso y metodológicamente claro.

¬ŅA qui√©n creerle entonces? ¬ŅA un acad√©mico estudioso o a mi sensaci√≥n de injusticia, de inequidad cada vez mayor?

A quienes compartimos esa sensaci√≥n se nos se√Īala que la m√°s obvia soluci√≥n que a uno se le ocurre, subirle los impuestos a los que tienen m√°s, no funciona por potentes razones econ√≥micas, toda vez que en una econom√≠a tan globalizada como la chilena, una mayor tasa de impuestos, que disminuye el retorno despu√©s de impuestos a la inversi√≥n, conduce a un menor stock de capital, menor empleo y menores remuneraciones, como editorializaba La Tercera hace unos d√≠as.

Sentimos la inequidad, nuestro sentido de justicia se√Īala que la gran mayor√≠a de chilenos merece m√°s y mejores servicios y cosas que las que est√°n recibiendo, pero acad√©micos con muy bien argumentadas razones, nos se√Īalan que no, que no es cierto, que Chile no es injusto y que no hay que realizar la reforma m√°s obvia que se nos ocurre para acabar con la desigualdad, subir impuestos a los m√°s ricos.

Me pregunto en esta confusi√≥n, qu√© suceder√≠a si en un ejercicio de empat√≠a, hubi√©ramos hecho acompa√Īar todo el a√Īo pasado al Doctor Sapelli a Justine Alguerno, una alumna del Liceo de Maipo, en la localidad de Buin, quien cursaba su cuarto medio y manten√≠a sus excelentes notas, 6,9, a pesar de combinar sus estudios con trabajos.

Ella limpiaba casas con su madre y consegu√≠a adem√°s otras ‚Äúpegas‚ÄĚ ocasionales para ayudar en la casa con dinero. Sin embargo este doble esfuerzo de Justine no vali√≥ la pena, toda vez que obtuvo 423 puntos ponderados en la PSU que no alcanzaban ni para postular. Uno puede imaginarse la frustraci√≥n de esa familia ante esta situaci√≥n, bien descrita en una cr√≥nica de un diario, donde la hija con grandes resultados escolares descubre que todo lo que aprendi√≥ y que todo su esfuerzo no le sirvieron para nada.

¬ŅHubieran cambiado las conclusiones del estudio de Sapelli luego de este ejercicio de empat√≠a? Nos imaginamos que hubiera llegado de vuelta a su despacho universitario a revisar todos esos libros y datos, revis√°ndolos esta vez con algo de duda.

Me parece que algo similar pasa en nuestro pa√≠s. Los autores de pol√≠ticas p√ļblicas, los que gobiernan y los que detentan poder, la mayor√≠a de las veces se encuentran lejanos a la experiencia de la injusticia que se vive en Chile a diario por la gran mayor√≠a de chilenos. No es posible entender el problema de Ays√©n, si no se tiene en la piel esa sensaci√≥n de abandono.

No es posible comprender la rabia e impotencia de tantas comunidades mineras que miran que el progreso les pasa por el lado y que las formas y maneras en que a ellos les gustaría desarrollarse no son fomentadas, incluso son obstaculizadas. Tampoco el enojo que siente el capitalino cuando espera 40 minutos para tomar una micro repleta del Transantiago que sigue subiendo de precio.

Chile necesita m√°s empat√≠a de parte de quienes detentan el poder, de parte de ese grupo peque√Īo que tiene gran control sobre el destino de Chile. Necesitamos menos certezas acad√©micas de ellos, menos fe en aquello que aprendieron en esas prestigiosas universidades y m√°s escucha en la calle. Pero de verdad.

“Es cierto que los problemas econ√≥micos son muy complejos. ¬ŅQu√© podemos hacer cuando nadie ve claro? Se dir√≠a que las soluciones escapan a la pobre inteligencia humana… Es posible; pero al menos se puede protestar, protestar con la conciencia cuando no se dispone de otra arma, protestar con la voz, cuando se tiene aliento. Se puede no adquirir el h√°bito de la injusticia. Se puede rechazar las complicidades….” ¬°Que certeras suenan estas palabras de Alberto Hurtado en estos d√≠as donde conviven grandes anuncios crecimiento y pleno empleo, con una cada vez mayor indignaci√≥n por justicia en muchas localidades del pa√≠s!
Empatizar, observar y escuchar. Dejar de hacer fe en libros y en dogmas aprendidos. Eso también es buen gobierno. Buen uso del poder.

Pablo Valenzuela

Pablo Valenzuela


Pablo Valenzuela es Director Ejecutivo de Casa de la Paz. Es abogado de la Universidad Cat√≥lica y Magister de Derecho Ambiental en Nottingham, Reino Unido. Tiene cinco a√Īos de experiencia profesional, desarrollados principalmente en “Un Techo para Chile”. Ha trabajado organizando y asesorando proyectos sociales de vivienda, acceso a la justicia y habilitaci√≥n social.

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