Notas
Pol√©mica en Espa√Īa por art√≠culo que plantea 5 razones por las que la Monarqu√≠a es un mejor sistema
Publicado por: Denisse Charpentier
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Luego de que el diario espa√Īol ABC publicara un art√≠culo titulado “Cinco razones por las que la Monarqu√≠a es un sistema mejor”, se encendi√≥ la pol√©mica en el pa√≠s ib√©rico, donde incluso el t√©rmino “Monarqu√≠a” lleg√≥ a ser Trending Topic (Tema del Momento) en Twitter.

De hecho, el autor de la columna y Adjunto a Director del medio mencionado, el periodista Ramón Pérez Maura, realizó una segunda publicación en la que se refiere a la batahola que generó su escrito.

“Resulta interesante ver c√≥mo un art√≠culo sobre la vigencia de la Monarqu√≠a se puede convertir en un ‘trending topic’ mundial. Y el nombre de quien esto firma, tambi√©n. ‘Ladran, luego cabalgamos’. Quiz√° tuve la suerte de escribir un texto que indign√≥ a un lector de ultra izquierda ‚Äďrecuerden nuestro viejo lema ‘Todos leen ABC’”, replic√≥ en su segundo texto.

“Durante horas llovieron los ofensas y las descalificaciones a un texto te√≥rico que puede ser una explicaci√≥n del pilar sobre el que descansa la arquitectura del sistema pol√≠tico espa√Īol. Si en lugar de la Monarqu√≠a yo hubiera argumentado una justificaci√≥n del gulag sovi√©tico no hubiera recibido ni la mitad de las descalificaciones y, con toda probabilidad, ninguno de los muchos agravios que recib√≠”, afirma.

A ello agreg√≥ que “una buena lecci√≥n de este ‘trending topic’ es que debemos ser capaces de defender nuestras ideas y promoverlas en los nuevos soportes antes de que nos las secuestren e intenten volverlas contra nosotros. Como muy bien dijo en reacci√≥n a la lluvia de insultos @iruizquintano ‘Es que estamos hablando de la Generaci√≥n Mejor Preparada de la Historia’‚ÄĚ.

Pero, ¬Ņqu√© es lo que dec√≠a el controversial art√≠culo?. A continuaci√≥n te dejamos la columna completa de Ram√≥n P√©rez-Maura para que saques tus propias conclusiones.

1. La Monarquía representa la pluralidad de identidad y la constante renovación dentro de la continuidad

La democracia exige el cambio c√≠clico de gobernantes. Ning√ļn partido puede estar permanentemente en el poder y la alternancia es un componente b√°sico del sistema. Pero en ese mismo sistema, el Monarca puede y debe representar los valores de un pa√≠s en el que ostenta la jefatura del Estado. Y al representarlos se convierte en un elemento de convergencia entre diferentes intereses de identidad pol√≠tica y √©tnica. Un Rey de Espa√Īa que ostenta t√≠tulos como Rey de Castilla, de Le√≥n, de Arag√≥n, de Navarra, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de C√≥rdoba, de Murcia, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de Conde de Barcelona y de Se√Īor de Vizcaya, por hablar s√≥lo de los territorios que hoy son espa√Īoles o aspiramos un√°nimemente a que lo sean, necesariamente es visto como una referencia incluso por quienes no necesariamente se sienten espa√Īoles.

2. La Monarquía es un sistema más moderno

La Rep√ļblica es un sistema m√°s natural; es decir, es m√°s elemental, m√°s retrasada. Toda la civilizaci√≥n es una resta a lo natural. Todo lo que es m√°s natural es m√°s inferior. El reparto comunal de los bienes es m√°s natural que la propiedad. Toda la civilizaci√≥n ‚ÄĒlos Reyes, la propiedad, el contrato matrimonial‚ÄĒ implica un elemento de modernidad y es complicaci√≥n y artificialismo, sobrepuestos, como freno y l√≠mite, a esas naturalidades. Como son tambi√©n a√Īadiduras a lo natural la educaci√≥n, los modales o la corbata. Y precisamente por la elaboraci√≥n y decantaci√≥n a trav√©s de los siglos que conlleva una Monarqu√≠a, hay que entender que no est√° en la mano de cualquier pueblo tener una Monarqu√≠a, pero s√≠ lo est√° el tener una Rep√ļblica. Una revoluci√≥n se hace en 24 horas; una Monarqu√≠a resulta de la decantaci√≥n de los siglos.

3. La Monarquía permite la independencia

El sucesor o Pr√≠ncipe Heredero, igual que su padre o pariente el Rey, no puede ser utilizado por pol√≠ticos, ya que debe su condici√≥n a la naturaleza; est√° designado desde que nace y la naci√≥n lo conoce como tal anulando luchas por el poder en la c√ļpula. En una √©poca racionalista como la nuestra, puede parecer anacr√≥nico el principio hereditario: se basa en la parte f√≠sica del hombre que el racionalismo e idealismo desprecian y que nuestra sociedad cultiva sin medida.

Pero en realidad el cuerpo es tan humano como el esp√≠ritu, y la herencia es la √ļnica forma de designaci√≥n de jefe de Estado que no es manipulable, lo que inviste al Rey de independencia, la condici√≥n m√°s importante en su funci√≥n. Lo que da un valor inigualable a la Monarqu√≠a es la herencia en la jefatura del Estado por la independencia de que le dota la condici√≥n hereditaria. Y la condici√≥n hereditaria ha de darse dentro de una familia. Es lo que el pol√≠tico y diplom√°tico franc√©s Charles Benoist resumi√≥ en la m√°xima ¬ęuna dinast√≠a, siempre la misma, en una Monarqu√≠a siempre renovada¬Ľ.

Como sosten√≠a don Jos√© Mar√≠a Pem√°n en sus ¬ęCartas a un esc√©ptico en materia de formas de gobierno¬Ľ: ¬ęPor mucho que se aguce el ingenio no se encontrar√° jam√°s ninguna forma de transmisi√≥n inmediata, sin intervalo ni soluci√≥n de continuidad, comparable en claridad y rapidez a la transmisi√≥n familiar de padre a hijo. Por eso todos los fundamentos sociales que requieren caracter√≠sticas de continuidad y permanencia tienen hist√≥rica y cient√≠ficamente car√°cter familiar; por eso ‚Äúel padre‚ÄĚ es la gran palabra sillar e inconmovible que aparece escondida en la ra√≠z etimol√≥gica de todo cuanto designa alg√ļn sost√©n fundamental de la sociedad humana. A cosa de padre suena la patria, que es la naci√≥n; y el patrimonio, que es la propiedad, y el patriarca, que es la autoridad. A cosa de padre tiene que sonar tambi√©n, si no en su nombre, en su realidad entra√Īable, la mejor forma de Gobierno¬Ľ, la Monarqu√≠a. Y para rematar su idea Pem√°n concluye: ¬ęLa familia, que no el individuo, es secularmente el sujeto de la propiedad, de la preeminencia o del honor. ¬ŅQu√© tiene de extra√Īo que sea tambi√©n el sujeto del Gobierno?¬Ľ Y fuera de la herencia, no hay otra salida que la elecci√≥n, con sus condicionantes de dependencia, incluso servilismo y de busca de beneficio en el plazo de poder.

4. El peor Rey es mejor

La condici√≥n humana es impredecible. La historia de todas las monarqu√≠as que en el mundo hay o hubo ha generado buenos y malos Soberanos. Y con frecuencia no han sido los peores los que estaban en el trono en el momento de un cambio de r√©gimen. Pero la Monarqu√≠a ha evolucionado con el concepto de soberan√≠a nacional y hoy en d√≠a, en Occidente, forma parte de reg√≠menes constitucionales. En un sistema constitucional ‚ÄĒcomo, por ejemplo, el espa√Īol‚ÄĒ la potestas de la que dispone un Rey est√° muy limitada.

Y un mal Rey tendr√≠a pocas posibilidades de hacer da√Īo a la naci√≥n precisamente porque sus poderes est√°n muy circunscritos. En cambio un buen Rey se va llenando de auctoritasgracias a su forma de reinar ‚ÄĒde ninguna otra manera puede lograr esa autoridad‚ÄĒ. En cambio un mal presidente de una rep√ļblica est√° constantemente actuando para conseguir dar continuidad a su labor; con frecuencia intenta desbordar sus competencias para justificar su presencia al frente del Estado y genera crisis como la que acabamos de vivir en uno de los pa√≠ses europeos m√°s relevantes donde nos hemos enterado de qui√©n era el presidente por su corrupci√≥n y su dimisi√≥n tras meses neg√°ndose a aceptar sus responsabilidades.

5. No es el sistema perfecto; es el mejor posible

Si es relativamente fácil diferenciar entre los políticos que piensan siempre en las próximas elecciones y los que piensan en las próximas generaciones cabe afirmar, a priori, que de natural, el político sometido a las urnas tiene que pensar en las próximas elecciones mientras que para el Príncipe es más fácil pensar siempre en las próximas generaciones. Porque el Rey es el diputado de todos: los que votan a unos, los que votan a otros y los que no votan. El hombre es capaz de entender los principios universales, y como consecuencia, a veces, piensa que existen en el mundo creado: grave error, pueden habitar su entendimiento, impulsar su voluntad, pero no son aplicables porque son entes de razón.

Le hacen buscar la perfección, mas se equivoca cuando ajusta normas a entelequias. La Monarquía hereditaria no es la pauta perfecta para el gobierno de la sociedad, es, nada más y nada menos, la mejor posible para el gobierno de unos seres limitados. Y la distinción entre límite y perfección es clara, pero se olvida a menudo. Recordemos el ejemplo clásico: el mulo no entiende un silogismo, pero no es por imperfección del silogismo, es por limitación del mulo, que es, sin embargo, un perfecto mulo sin saber la teoría del conocimiento.

Terminemos con un sentimiento. Irracional y, quiz√° por ello, muy cierto. Dec√≠a don Jos√© Mar√≠a Pem√°n en la obra citada: ¬ęAl lado del Carlos V de Tiziano, un presidente de Rep√ļblica tiene un cierto aire de retorno, no dir√© que hacia el jefe de tribu, pero s√≠ hacia el alcalde ped√°neo o el juez de paz¬Ľ. Esa afirmaci√≥n es de 1937. A muchos nos parece plenamente v√°lida.

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