Notas
La Ingeniería Forestal, una de las víctimas de la mercantilización del sistema educativo chileno
Publicado por: René Reyes
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En un art√≠culo publicado recientemente en la Revista del Campo (El Mercurio), titulado ‚ÄúPor qu√© Chile se queda sin ingenieros forestales‚ÄĚ, se muestra la fuerte disminuci√≥n que ha habido en las matr√≠culas de las escuelas de Ingenier√≠a Forestal que existen en el pa√≠s, sin analizar las causas de fondo que han propiciado esta situaci√≥n. Una omisi√≥n similar se observa en un reportaje publicado sobre el mismo tema en el √ļltimo n√ļmero de la Revista Lignum.

¬ŅEs que acaso el contexto pol√≠tico y econ√≥mico en el que se ha desenvuelto el sistema educativo chileno durante los √ļltimos 30 a√Īos, no le parece relevante a El Mercurio y a Lignum para analizar lo que ha pasado con la ingenier√≠a forestal?.

La educaci√≥n no puede ser vista como un bien de consumo, como mencion√≥ hace pocos d√≠as el Presidente Pi√Īera, sino m√°s bien como una herramienta para mejorar la calidad de vida de la gente e incrementar el potencial socio-econ√≥mico de una naci√≥n.

La educación nos permite reemplazar el uso intensivo y exclusivo de recursos naturales por inteligencia. Desde ese punto de vista es un factor estratégico, razón por la cual requiere de monitoreo, regulaciones y financiamiento.

Sin embargo, a partir de la dictadura la educaci√≥n chilena fue entregada por completo a las fuerzas del mercado, lo que permiti√≥ la entrada libre y expedita de nuevos actores. Es as√≠ como surgieron decenas de nuevas ‚Äúuniversidades‚ÄĚ, las cuales comenzaron a dictar carreras a diestra y siniestra sin ninguna exigencia en t√©rminos de calidad ni compromiso con la empleabilidad de sus egresados.

La ingeniería forestal no estuvo ajena a esta situación. Si en 1972 existían en Chile 3 escuelas de ciencias forestales para un total de 9 millones de habitantes, en 2002, con 15 millones de habitantes, existían 13 escuelas. Es decir, una por cada millón, mientras que en países desarrollados se cuenta una por cada 4-10 millones de habitantes, dependiendo de la superficie forestal existente.

Al respecto, en un artículo publicado por Pablo Donoso y Luis Otero en Revista Bosque (2005), se menciona que mientras en Suecia, Finlandia, Nueva Zelandia y Estados Unidos (países con una importante actividad forestal) existen entre 7 y 13 millones de hectáreas de bosque por cada escuela forestal, en Chile la relación fue de 1,5 millones de hectáreas por escuela. En Canadá, en tanto, esa misma relación es de 33 millones de hectáreas por escuela, mientras que en un país vecino como Argentina, con un nivel de desarrollo similar al nuestro, la relación es de 6 millones de hectáreas por escuela.

Y como todo ‚Äúbien de consumo‚ÄĚ, cuando la oferta es desmedida se produce un efecto de saturaci√≥n en el mercado que reduce las expectativas econ√≥micas de los oferentes. Es decir, demasiados profesionales para el tama√Īo del mercado, lo cual implic√≥ una reducci√≥n enorme en los salarios y en la posibilidad de acceder a empleos, y el cierre de muchas de las escuelas. Sin embargo, las universidades alcanzaron a hacer su negocio. Ganaron mucha plata a costa de la vida y los sue√Īos de muchos colegas, que desafortunadamente hoy est√°n cesantes o ejerciendo otra actividad.

Sin embargo, los vicios no han estado solamente por el lado de la oferta, también han existido por el lado de la demanda.

A partir de 1974 el Estado chileno comienza con una política de subsidios a la forestación, que permitió en la práctica crear y consolidar una industria forestal exportadora, en torno básicamente a la producción de celulosa y madera aserrada. Dicho sector absorbió buena parte de la oferta de profesionales disponible, especialmente hasta medianos de los 90’s.

forestal.udec.cl

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Poco a poco la demanda se redujo, en la medida tambi√©n que el modelo no evolucion√≥ hacia productos de mayor valor, agregado que requirieran una mayor silvicultura. Desafortunadamente, para la ingenier√≠a forestal el modelo ‚Äúcelul√≥sico‚ÄĚ (industria forestal orientada principalmente a producir y exportar celulosa) termin√≥ por imponerse en Chile.

Otro de los factores que ha reducido la demanda de ingenieros forestales ha sido la enorme concentración económica que se ha producido en el sector forestal. Mientras en 1990 existían decenas de empresas forestales dedicadas al manejo de plantaciones y bosques nativos, en 2010 existen 2 grandes grupos que controlan más del 80% del sector: Arauco y CMPC.

Esta enorme concentraci√≥n est√° generando problemas sociales, ambientales y econ√≥micos que han sido ampliamente denunciados por representantes de la peque√Īa y mediana empresa, sindicatos de trabajadores forestales, sociedades cient√≠ficas, etc. En la pr√°ctica, existe un monopolio en el sector forestal chileno, lo cual genera distorsiones en el mercado laboral.

Desafortunadamente, el manejo de las m√°s de 13 millones de hect√°reas de bosque nativo, que podr√≠a generar cientos de empleos, ha quedado relegado a un segundo plano, sin que exista hasta la fecha una pol√≠tica real de incentivos para este sector. Si bien la Ley de Bosque Nativo ha sido un avance, al menos en t√©rminos legislativos, no lo ha sido en la pr√°ctica. Tampoco ha habido una pol√≠tica de fomento equivalente para la peque√Īa y mediana empresa forestal.

Es decir, han ganado los due√Īos de las universidades privadas, aprovechando la ausencia del Estado en un sector estrat√©gico clave como es la educaci√≥n (ganan por ausencia). Han ganado tambi√©n los due√Īos de las grandes empresas forestales, aprovechando los subsidios del Estado para comprar tierras y plantar (ganan por presencia), y han perdido los ciudadanos, en este caso quienes estudiaron ingenier√≠a forestal, porque invirtieron su tiempo en universidades que, sabi√©ndolo, impartieron una carrera que estaba sobrevendida, siendo preparados para trabajar en una industria que ya no los necesitaba.

Negocio redondo, especialmente cuando se observa que los apellidos de los ganadores se repiten en ambos lados del negocio… y en el Gobierno.

Es importante que en el futuro, medios de comunicaci√≥n como El Mercurio o Lignum sean m√°s acuciosos en sus reportajes, incorporen nuevas visiones y no sigan repitiendo las mismas ideas e hip√≥tesis que vienen repiti√©ndose por a√Īos. Muchos de los que hoy atribuyen la falta de matr√≠culas a la mala fama o la supuesta ‚Äúmala calidad profesional‚ÄĚ de nosotros los ingenieros forestales, son los mismos que aplaud√≠an, y a√ļn aplauden, las pol√≠ticas mercantilistas que han llevado a la educaci√≥n chilena a la situaci√≥n en la que est√°.

Soy ingeniero forestal, me siento profundamente orgulloso de serlo, y espero que las movilizaciones ciudadanas logren cambiar nuestro sistema educativo, porque finalmente, m√°s importante que las profesiones son las personas y las familias que est√°n detr√°s y sue√Īan con un futuro mejor.

René Reyes, Ingeniero Forestal, estudiante de Doctorado Universidad de British Columbia, Canadá. Director Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo.

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