Notas
Absuelven a carabineros acusados del crimen del líder del FPMR y de Cecilia Magni
Publicado por: Solange Garrido
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El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Rancagua, Ra√ļl Mera Mu√Īoz, dict√≥ sentencia de primera instancia en la investigaci√≥n por los homicidios de Ra√ļl Pellegrin Friedmann y Cecilia Magni Camino, ocurridos entre el 25 y el 27 de octubre de 1988 en la zona cordillerana de San Fernando.

Corte de Apelaciones

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El magistrado determinó la absolución de Julio Verne Acosta Chávez, Mauricio Bezmalinovic Hidalgo, Juan Ernesto Rivera Iratchet y Walher Soto Medina, todos ex oficiales de carabineros que habían sido procesados en la causa.

El juez determinó que no existen elementos de convicción, más allá de toda duda razonable, que permitan determinar que Pellegrin y Magni fueron víctimas de homicidio por parte de las personas indicadas.

‚ÄúNo es posible dar por establecida la existencia de los delitos de homicidio que se trata. En efecto; el art√≠culo 456 bis de nuestro C√≥digo de Procedimiento Penal exige para condenar, como primera cuesti√≥n, que se haya adquirido, por los medios de prueba legales, la convicci√≥n de que realmente se haya cometido un hecho punible. Esto es, lo que tiene que probarse es la existencia del delito y, entonces, basta la sola duda o, dicho de otro modo, basta que la convicci√≥n no se forme, para que no pueda concluirse sino con la absoluci√≥n debido a faltar esta primera exigencia. Esta f√≥rmula es equivalente, aunque est√© expresada en t√©rminos distintos, a la que contiene el art√≠culo 340 del C√≥digo Procesal Penal, al exigir que la convicci√≥n de que se hubiere cometido el delito se haya adquirido m√°s all√° de toda duda razonable. Ambos art√≠culos lo que quieren subrayar es que la duda‚Äďse entiende que la razonable- impide formar la convicci√≥n y por ende obliga a no dar por acreditado el il√≠cito y, por consiguiente, a absolver. En el caso de los homicidios (en general) no bastar√°, pues, que la muerte sea sospechosa o que algunos elementos de la causa apunten a la conclusi√≥n de que pudo ser provocada, sino que se requiere un grado de certeza mayor, lo que implica que la prueba seria sea un√°nime, que no haya contradicciones insalvables o que pueda descartarse, por razones claras y fundadas, la que contradiga a la de cargo. En suma, es la calidad de provocada de la muerte, y no la calidad de natural o accidental, la que tiene que probarse‚ÄĚ, dice el fallo.

Agrega que: ‚ÄúPara demostrar en este juicio la existencia de dos homicidios, todo el caso descansa en los peritajes, porque en la especie no hay ninguna otra prueba directa de aquellos; es decir, no existe testimonio alguno que refiera que se ejerci√≥ violencia contra Cecilia Magni y Ra√ļl Pellegrin, que se les arroj√≥ al r√≠o o que se les introdujo a √©l una vez muertos o en estado de agon√≠a. No hay tampoco otros elementos ajenos a las pericias m√©dicas que permitan presumir alguna de las hip√≥tesis mencionadas o cualquier otra que lleve a concluir que las muertes fueron provocadas. Toda la prueba sobre la que debe descansar la conclusi√≥n de haberse acreditado o no los il√≠citos, est√° constituida entonces por las pericias m√©dicas, adem√°s de un documento acompa√Īado por una de las defensas, tambi√©n conteniendo el parecer de un facultativo, con el valor que pueda tener al tenor del que el art√≠culo 479 del C√≥digo de Procedimiento Penal permite asignarle y dado el car√°cter de presunci√≥n que tambi√©n puede revestir. Son aquellos pareceres de expertos los que cabe analizar para ver si ellos concuerdan o si discrepan, y si este √ļltimo es el caso, para valorar sus apreciaciones conforme a las reglas del art√≠culo 473 del C√≥digo de Enjuiciamiento; es decir, conforme a la mayor o menor competencia de los peritos, a la conformidad o disconformidad de sus opiniones, a los principios cient√≠ficos en que se apoyen y a su adecuaci√≥n a las leyes de la l√≥gica‚ÄĚ.

Por √ļltimo se sostiene que: ‚Äúa√ļn si Cecilia Magni y Ra√ļl Pellegrin fueron arrojados al agua por terceros, de lo que no hay prueba en el proceso como ya se indic√≥, no consta en modo alguno que los precisos cuatro acusados de la causa tuvieran que ser los autores materiales o intelectuales de tan hipot√©ticos sucesos. Desvirtuada la aparente presunci√≥n de detenci√≥n en Hueni, no hay siquiera presunciones sobre presunciones de que ellos tuvieran que participar en los supuestos homicidios, de haber ocurrido √©stos. Que Acosta fuera el jefe operativo de todo el plan de b√ļsqueda, carecer√≠a de relevancia penal, porque no estamos aqu√≠ ante responsabilidades administrativas y porque ignor√°ndose cu√°ndo y d√≥nde ocurrieron las detenciones (siempre en la hip√≥tesis no demostrada de que tal fue el caso) cualquier grupo, de los muchos que patrullaban el sector, podr√≠a haber sido el ejecutor, sin que necesariamente tuviera que conocerlo el Sub Prefecto. Ni tampoco, por cierto, el Prefecto o el Comisario. Huelga decir que Bezmalinovic, si no puede presumirse que la detenci√≥n ocurri√≥ en Hueni esa tarde del 27 de octubre, con mayor raz√≥n pudo estar absolutamente ajeno al suceso, como simple teniente que era‚ÄĚ.

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