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Política energética de Donald Trump puede hacer caer los precios

ARCHIVO | Agence France-Presse
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La estrategia del presidente electo Donald Trump en materia de política energética, en favor de reimpulsar la producción estadounidense de petróleo, gasolina y carbón, podría hacer caer los precios, advierten los analistas.

A diferencia de su predecesor demócrata Barack Obama, que priorizó las energías renovables, el próximo mandatario republicano promete relanzar la extracción de carbón y facilitar aún más la explotación de combustible fósil.

Trump también garantizó eliminar las leyes que limitan el “fracking”, apoyar la construcción del oleoducto Keystone XL entre Canadá y Estados Unidos que Obama bloqueó, permitir la explotación de más áreas -principalmente en Alaska- y acabar con la ley sobre la contaminación atmosférica (Clean Power Plan, en inglés).

“Producir más energía estadounidense es una parte central de mi plan para que Estados Unidos vuelva a ser rico”, dijo Trump durante una conferencia sobre “fracking” (fracturación hidráulica) en septiembre.

“Voy a eliminar las restricciones sobre la energía estadounidense y permitir que esta riqueza llegue a nuestras comunidades”, señaló.

Superproducción mundial

Los expertos advierten que esta estrategia puede exacerbar la actual superproducción mundial. Los precios del petróleo cayeron en 2014 por la alta producción estadounidense alentada por el “fracking”, que permite llegar a reservas de difícil acceso.

La producción nacional pasó de 5,5 millones de barriles por día en 2010 a 9,6 millones en 2015. Esto provocó que el país redujera sus importaciones y que los precios en el mercado mundial se deshincharan de forma automática.

La producción de Estados Unidos se sitúa desde entonces por debajo de los 9 millones de barriles por día, pero las cotizaciones del crudo siguen bajas por el alto rendimiento de países como Irak, Libia, Arabia Saudita e Irán.

Abrir más áreas para la explotación impulsará de nuevo la producción y, por ende, conllevará otra bajada de precios.

“El petróleo de esquisto puso en el mercado una cantidad increíble de crudo nuevo”, subraya Sam Ori, director del instituto de estudios energéticos de la Universidad de Chicago.

El principal reto de la industria del petróleo son los precios“, insiste.

Para el analista Carl Larry, de la firma Frost & Sullivan, en cambio, la producción de petróleo estadounidense sólo tiene futuro si se reducen las importaciones. En su opinión, una manera de hacerlo sería a golpe de impuestos.

Pero la explotación de esquisto puede penalizar también al carbón porque el gas natural así producido es más limpio y más fácil de transportar que la hulla que generaba el 50% de la producción eléctrica hace unos 15 años.

Unos 100.000 puestos de trabajo desaparecieron en las minas de los Apalaches, cordillera en el este de Estados Unidos, donde también sufrieron la competencia de yacimientos más fáciles de explotar, sobre todo en el estado de Wyoming (oeste).

Sin embargo, Trump prometió reactivar el sector de la hulla, una iniciativa que posiblemente lo ayudó para su victoria frente a su rival demócrata Hillary Clinton en varios estados del noreste del país.

Lo mejor que puede ocurrir es ralentizar el declive del carbón, afirma Ori. “Nada de lo que haga el gobierno de Trump cambiará eso”, apunta.

¿Renovables amenazadas?

Las energías verdes pueden sufrir las consecuencias de las políticas que adopte Trump desde la Casa Blanca, después de haber recibido grandes incentivos fiscales y subvenciones federales durante la era Obama.

De todas formas, algunos expertos reiteran que las renovables ya pueden garantizar su rentabilidad sin ayudas. Texas, principal productor de petróleo en Estados Unidos, recurre con frecuencia a la energía eólica y solar para obtener electricidad.

“El sector de las renovables es realmente competitivo en materia de precios”, destaca Greg Wetstone, presidente del consejo estadounidense sobre las energías renovables. “La elección [de Trump] no cambiará nada”.

El principal riesgo para las renovables, sector que emplea a unas 300.000 personas, sería una nueva caída de los precios del gas natural.

“Es un sector importante y no hay motivo para sacarle importancia a su crecimiento y a su tasa de empleo”, cuenta Wetstone.

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