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Viernes 22 diciembre de 2017 | Publicado a las 16:39 · Actualizado a las 16:53

"Fujimorismo": el factor clave que salvó a Kuczynski y que marca la política peruana

ARCHIVO | Agence France-Presse
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Parecía todo listo para organizar la salida del presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski. Con la presentación, por parte del Frente Amplio, de una moción de destitución, llegaron los cálculos: se necesitaban 87 votos y el fujimorismo, especialmente interesado en sacar a PPK del poder –medio por venganza, medio para hacerse ellos mismos con el mando– sumaba 71.

Si se agregaban los 10 del Frente Amplio y el respaldo de los partidos más pequeños, la ecuación calzaba. Kuczynski tenía sus minutos contados.

Seguramente no fue la férrea, sólida y preparada defensa del abogado de PPK, Alberto Borea, la que permitió que se diera vuelta el escenario. Tampoco la argumentación, por momentos sentimental y por momentos apelando al sentido común, del mismo mandatario.

Todo indica que una mezcla de antifujimorismo y de disputas internas dentro del todopoderoso partido Fuerza Popular, liderado por Keiko Fujimori, fueron los factores centrales que determinaron que PPK siga en su puesto.

En los debates se habló mucho, por cierto, de la estabilidad del país, de la imagen que la destitución del jefe de Estado dejaría a nivel internacional y de las dificultades que entrañaría un cambio como el que se estaba impulsando. L

os vicepresidentes de Kuczynski habían dicho que no tomarían la estafet
a, como dicta la Constitución, lo que daba paso a que el presidente del Congreso, Luis Galarreta, quedara como jefe de Estado hasta el llamado a elecciones. Un fujimorista. Para algunos, esa era la línea roja.
Keiko Fujimori.

Ganadores y perdedores

Entonces fue cuando el antifujimorismo entró en la discusión. Y, factor no menor, las disputas internas del partido, donde las diferencias profundas que separan a Keiko de su hermano Kenji terminaron lastrando el intento de los herederos de Alberto Fujimori de llegar al poder.

Kenji, sumido en las dudas que le generaba la idea de sacar al presidente no por haber estado metido en casos de corrupción, sino por haber “mentido” al Congreso, aprovechó el momento para hacerse notar y, con otros nueve parlamentarios de Fuerza Popular, decidieron abstenerse, quebrando la unidad del fujimorismo en el peor momento.

Hoy ya se habla de sancionarlos o, incluso, expulsarlos del partido. Una ruptura con todas las de la ley.

Es cierto que, a nivel general, el discurso dice que en Perú ha ganado la democracia. Pero la verdad es que lo que cabe esperar de un poder del Estado no es lo que se vio en estos días, donde muchos parlamentarios condenaron sin juicio previo a Kuczynski, avisando que votarían por su salida sin siquiera haber escuchado los descargos del presidente.

Esa actitud seguramente jugó en contra de las ambiciones de quienes querían quitarse a PPK del camino, porque la destitución por la destitución no queda bien ante los ojos de la ciudadanía.

Jo-Marie Burt, una politóloga de la Universidad George Mason en Virginia, citada por el New York Times, remarcó esa línea, al señalar que el objetivo de la moción contra PPK no era “limpiar la corrupción del Perú”, sino que los rivales del mandatario “están usando las acusaciones en su contra para sacar a sus enemigos del poder”. Y esa es la imagen que tienen muchos.

¿Corresponde investigar los vínculos de PPK con Odebrecht? Por cierto que sí. Pero con tiempo, con mesura, sin las prisas de un grupo político ansioso por tomar una presidencia que no obtuvo en las urnas.

El Frente Amplio, encarnado en la figura de Marco Arana, y el fujimorismo, representado por la siempre discutida figura de Keiko Fujimori, dieron un paso en falso. Unos, por aliarse con aquellos a los que tanto despreciaban, y los otros, por llegar tan lejos en su objetivo de estrangular al Ejecutivo.

Por su parte, PPK puede celebrar, porque cualquier división en las filas de Keiko es un triunfo para el presidente.

Llamado a la unidad

La figura de PPK sale fortalecida también luego del llamado que hizo apenas unos minutos después de conocerse la derrota de quienes buscaban destituirlo. En lugar de actuar con soberbia o festejar, Kuczynski llamó a la unidad nacional, a la reconciliación y a pensar en Perú por sobre todas las cosas.

Peruanos, mañana empieza un nuevo capítulo en nuestra historia: reconciliación y reconstrucción de nuestro país. Una sola fuerza, un solo Perú”, escribió en Twitter. Es la actitud que se espera de un estadista, más allá de los colores políticos y de las acusaciones que se hayan lanzado en su contra.

PPK tiene ahora el duro desafío de convertir este momento en un nuevo impulso para su Gobierno. Le quedan tres años y medio en el poder y seguramente habrá más dificultades en el camino.

Sin ir más lejos, su ministro del Interior, Carlos Basombrío, renunció este viernes y las dudas sobre la figura del mandatario ya están instaladas en una parte de la población, que escribe en las redes sociales sin rodeos que el jefe de Estado es un corrupto.

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