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La historia del piloto chileno de helicóptero que transportó armas en Irak y ahora ayuda en el Dakar

AFP PHOTO / FRANCK FIFE
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En Irak transportó armas químicas y bacteriológicas durante el régimen de Saddam Husseín; en Haití fue casco azul y hoy, en el Rally Dakar-2015, no se separa de su helicóptero: el chileno Mauricio Neira es un avezado piloto con 20 años de experiencia.

A bordo de su aparato, sobrevuela cada día las pistas del Dakar en el Delta de Etienne Lavigne, director de la carrera.

Con su cabello revuelto y su perilla descuidada, Mauricio, de 39 años, es el jefe de la pequeña tribu de pilotos de helicópteros del Dakar, que cuenta con una quincena de ellos. Con más de 61.000 horas de vuelo, su currículum inspira respeto.

Pero él nunca se toma en serio a sí mismo, como así lo atestiguan las pegatinas de su casco: delante, un Autobot, ese tipo de robots pacíficos de la saga Transformers; detrás, junto a sus grandes gafas y cráneo sin pelo, uno de los personajes de la película de animación “Mi Villano Favorito”.


- Piloto de Bachelet -

“Comencé como piloto de cazas, en las Fuerzas Aéreas chilenas”, explicó a la AFP. “Pero me cambié rápidamente a los helicópteros…y así me quedé”.

En ese marco partió a Irak en 1998, con una misión de inspección de la Unscom dirigida por Hans Blix. “Estábamos en la base de Al Rasheed, cerca de Bagdad, y me quedé cuatro meses”.

Durante ese periodo entabló una gran relación con varios colegas estadounidenses, explica mientras muestra orgulloso sus insignias, “las mismas que las de los Navy Seals”.

Tres años después se marchó a Haití como casco azul. “Es mucho más peligroso que Irak, allí nos disparaban”.

De regreso a Chile, se convirtió en el piloto personal de Michelle Bachelet, hoy presidenta del país, cuando ésta era ministra de Defensa, de 2002 a 2004, antes de su primer mandato como cabeza del estado.

Fue entonces cuando decidió dejar el ejército y enrolarse en una sociedad privada, donde es instructor y piloto. Ya no está a los mandos de un Black Hawk Sikorsky estadounidense pero pilota un Ecureuil del francés Eurocopter y, desde 2009, año en el que la carrera se trasladó a Sudamérica, sobrevuela el Dakar para ASO (Amaury Sport Organisation).


- Dos motos rescatadas -

“La primera vez es verdaderamente aterrorizador”, recuerda. “Cómo volar más alto, más bajo, dónde aterrizar… todo esto es realmente especial”.

Durante una etapa agitada del Dakar, puede llegar a aterrizar hasta 40 veces en la jornada, sin contar los momentos en los que transporta a un fotógrafo o a Etienne Lavigne, quedándose flotando a un metro del suelo.

Con los años, el binomio Etienne-Mauricio se ha estrechado. “Ahora entiendo lo que quiere y eso le tranquiliza. Pero sé separar las cosas”, insiste. “Cuando estoy a bordo, yo soy el piloto, ya no el amigo y, si le digo que no, es que no”.

Y es que las intervenciones del Delta pueden llegar a ser peliagudas. Como en aquella etapa entre Salta y Tucumán, en Argentina, durante el Dakar-2013, cuando dos motoristas se encontraron atrapados en la creciente de un río, a 2.400 m de altura. “Los rescatamos a los dos con el helicóptero y, después, transportamos sus motos por encima del río con un gancho”.

En el Dakar desde 2009, Mauricio sólo se ha perdido la edición de 2012, cuando su sociedad no fue contratada por la ASO. Y esos 15 días de cada año le recuerdan a veces al ejército. “El Dakar requiere una logística más que militar”, dice sonriendo.

La única diferencia es que, durante la carrera, no se limita a pilotar. “A bordo soy a la vez el piloto, la azafata del aire para los VIP, el mecánico… pero, por lo menos, ¡aquí nadie te dispara!”

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