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Las 7 invaluables lecciones de vida que aprendí de mi hermana en kindergarten

Michelle Withone (CC)
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Muchas veces, las diferencias de perspectiva nos ayudan a comprender mejor nuestro mundo. Ya sean brechas culturales, geográficas, socioeconómicas o de edad, nuestro entendimiento se hace más amplio cuando nos vemos reflejados en lugares distintos a los que acostumbramos.

Este último caso fue el que descubrió Mandy Velez, una veinteañera editora del sitio de noticias estadounidense The Huffington Post, quien a través de una emotiva columna personal quiso compartir con los lectores cómo su relación con su pequeña hermana, había incidido profundamente en su vida.

A continuación, en BioBioChile traducimos su mensaje y las 7 lecciones de vida que una niña de apenas 5 años le ha entregado.

Mientras realizaba mi revisión diaria de Facebook una mañana, encontré unas fotos en extremo adorables de mi hermana Jill, de 5 años. Estaba vestida con su uniforme escolar, abrazando una mochila de Campanita. Mi madre publicó las fotos -como suelen hacer los padres- para documentar su primer día en kindergarten.

Sé lo que deben estar pensando. “¿Cuál es tu edad para tener una hermana de 5 años? ¿Qué edad tiene tu mamá?“.

Está bien, suelo escuchar estas preguntas todo el tiempo.

La versión corta de la historia es que mi mamá me tuvo en 1991, cuando tenía 21 años y aún estaba casada con mi padre. Acabaron por divorciarse y luego se casó con mi maravilloso padrastro 14 años después, creando su propia versión de “Más barato por docena”. Mi madre, padrastro, hermano, nuevo hermanastro y yo nos mudamos a un nuevo hogar en los suburbios. Sin embargo, antes de llegar a sus 40, mi madre sentía que nuestra familia no estaba completa. Aquí entra Jillian.

Creo que es normal querer y enorgullecerte de tus hermanos, pero los 16 años de diferencia entre mi hermana y yo creó un lazo totalmente nuevo entre nosotros. Una relación pseudo-paternal. Es el tipo de relación que hace llorar a una chica cuando ve fotos de su pequeña hermana en su primer día de escuela.

Puede que aún no podamos compartir amigos, ropas o anécdotas de universidad, pero Jill ya me ha dado cosas que son infinitamente mejores. Ella no se ha percatado, pero las lecciones que he aprendido gracias a su presencia las conservaré por siempre en mi corazón.

Aprendí cómo ser una niña otra vez

No es común que una veinteañera pueda tomarse el tiempo de apreciar las pequeñas cosas que nos regala la vida. Después de todo, entre la universidad, los trabajos de tiempo completo o la euforia de los happy hours, rara vez tenemos ocasión de para dejar de ser “mayores”. Sin embargo cuando vuelvo a casa para una visita familiar, sé que seré emboscada para jugar con Barbies, ver un desfile de modas de una sola modelo, o asistir a una función completa de Disney Channel.

La mayor parte de los adultos quieren tener una excusa para volver de vez en cuando a su niñez. Jillian es la mía.

Aprecio más a mi familia

Irme a vivir a otra ciudad para estudiar teniendo a una hermana de 1 año en casa fue una de las cosas más difíciles por las que me ha tocado pasar. La mayor parte de los chicos de mi edad se preocupan por hacer amigos y dar con sus salas de clases, pero yo tenía un temor adicional: ¿mi pequeña hermanita se olvidaría de mí? Siempre he sido muy apegada a mi familia, pero Jillian me hizo comprender que el tiempo no espera a las hermanas mayores a que vuelvan a casa. Por esto, llamo con frecuencia a mis padres y me conecto por Skype cuando puedo. Viajar por festividades o para el verano significa mucho más ahora.

Y sorprendentemente, ella no me olvidó. Cuando crucé la puerta para el primer día de acción de gracias, me saludó con una sonrisa y los brazos abiertos.

Me permite ver a mi madre en acción

Tuve una niñez estupenda, pero el tipo de crianza que me dio mi madre es diferente a la que ella da a mi hermana. Siempre he dicho que espero ser lo mitad de madre que ella es, y verla criar a Jill me da un conocimiento de primera mano sobre cómo lograrlo. Creo que aún la necesitaré cuando tenga ese ataque de pánico del primer día tras volver del hospital, pero estaré mucho más confiada en que aprendí de la mejor.

Me preocupa mucho el futuro

Es fácil menospreciar el “futuro” cuando no tienes nadie de quien preocuparte. Algunos jóvenes viven como si fueran invencibles… pero yo no puedo, ni quiero. Veo mucho potencial en Jillian y quiero ayudar a crear un mejor mundo para ella que el mío.

Me cuido en lo que digo

Me considero una feminista. Muchas de mis cruzadas tienen que ver con mi deseo de mejorar el mundo y hacerlo más justo para mí, pero también tienen que ver con querer un mundo mejor y más equitativo para Jill. En el último tiempo me he ocupado especialmente de cuidar los mensajes que le transmito. Cuando me preguntó hace poco por qué me ponía maquillaje, le dije que lo hacía porque es divertido, no porque me hiciera más bella. Cuando la veo bajar las escaleras radiante por tener un vestido nuevo, trato de destacar lo feliz que se ve con él, no lo bonita que la hace lucir.

Creo que la forma en que hablamos de los elementos en nuestra cultura afecta la forma como pensamos sobre ellos. Jill es mi estímulo a tenerlo siempre presente.

Soy la hermana mayor que siempre quise tener

Siendo la mayor, siempre me preguntaré qué se siente tener una hermana más grande. Nunca tendré una respuesta a esa pregunta, pero Jill me ayuda a encausarla en torno a acciones, tratando de ser la hermana mayor que nunca tuve. Algún día ya no tendré una hermana de 5 años, sino de 20, y aunque yo siga siendo mayor, sé que entonces tendremos la relación que hoy la edad nos impide tener.

Descubrí un nuevo tipo de amor… y es increíble

Lo mejor de la brecha de edad entre mi hermana y yo, es que me da una idea de lo que es ser padre. Sé que es un tipo de amor completamente distinto y desinteresado, que nunca comprenderé totalmente hasta que tenga a mis propios hijos, sin embargo me ha ayudado a dar una probada a este tipo de amor, capaz de hacer que sigas adelante aún en tus peores días. Me he sobrepuesto a muchos malos momentos gracias a que Jill está en mi vida.

No sucede muy a menudo que un veinteañero pueda sentarse en la primera fila de la paternidad sin tener que ser padre primero. Me considero una de los afortunados.

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