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Murió Giulio Andreotti, siete veces primer ministro de Italia

Robert Moore | White House (PD)
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El político italiano Giulio Andreotti, que fue siete veces primer ministro y 20 veces ministro, murió este lunes en Roma a la edad de 94 años, informaron fuentes de prensa locales.

Llamado “Belcebú” por su astucia para permanecer en las altas esferas del poder, representaba lo mejor y lo peor de Italia por su refinada cultura combinada de cinismo y habilidad de viejo zorro de la política.

Andreotti murió hacia las 10:00 GMT (06:00 horas de Chile) en su residencia, en el corazón de Roma, confirmaron sus familiares.

Nacido en Roma el 14 de enero de 1919, Andreotti, senador vitalicio desde 1991, se ha salvado de todos los escándalos con los que había estado relacionado, desde los contratos en el sector del petróleo de los años 60, hasta las acusaciones de pasividad frente al secuestro y muerte de Aldo Moro en 1978 y la acusación de complicidad con la Cosa Nostra en los años 90.

“Con él desaparece uno de los principales actores de 70 años de vida nacional”, reconoció el jefe de gobierno italiano, Enrico Letta, al ser informado de la muerte del histórico líder.

El presidente de la República, el excomunista Giorgio Napolitano, histórico adversario político, enalteció el “importante papel” que jugó Andreotti para las instituciones nacionales e internacionales, en particular para la “construcción” de una Europa Unida.

Su histórica secretaria personal, Patrizia Chilelli, que lo acompañó desde 1989, indicó que no se han dispuesto funerales de Estado ni capilla ardiente.

Las exequias se celebrarán el martes en la iglesia de San Giovanni dei Fiorentini, a pocos metros de su residencia, donde solía ir a misa todos los días y no muy lejos del Vaticano, con el que mantuvo una estrecha relación.

La muerte del destacado político, inmortalizado en el filme “El Divo”, de 2008, generó numerosas reacciones en todo el país, e incluso las autoridades deportivas decretaron un minuto de silencio en todos los eventos que se celebren esta semana, mientras las banderas de Italia serán izadas a media asta.

“Me sorprendía su humor, su forma imperturbable de reaccionar, su capacidad de moverse en las situaciones más difíciles, sin jamás perder la brújula”, comentó el cardenal Camillo Ruini, expresidente de la Conferencia Episcopal Italiana.

Sus eternos detractores no le han escatimado críticas: “Un gran estadista (pero) del Vaticano. El secretario permanente de la Santa Sede”, lo definió en una ocasión el fallecido expresidente de la República Francesco Cossiga, rival y correligionario.

Debido a sus problemas de salud, no había participado en las votaciones claves el mes pasado en el Parlamento para la elección del presidente de la República, cargo al que nunca logró acceder.

“Fue un maestro, una persona muy importante para la historia de Italia, para su reconstrucción. Pocos políticos en Italia han contado con tanto prestigio internacional”, comentó Ciriano Pomicino, exministro durante su gobierno.

El “Jorobadito”, como lo apodaban por su defecto físico, miope y bajito, sufrió toda la vida de fuertes jaquecas y uno de sus lemas más célebres fue: “El poder desgasta sólo al que no lo tiene”.

“Era un hombre maquiavélico, pero no logró llevar a cabo su objetivo: llegar a la presidencia de la República”, comentó Roberto Sommella, de la revista económica Milano Finanza.

Ubicado a la derecha de la Democracia Cristiana, fue ministro de Interior, Finanzas, Defensa, Industria, Comercio, Exteriores, una verdadera adicción por el poder, de lo que llegó a jactarse.

La opinión pública le reprochó su intransigencia ante el secuestro de Moro y sobre todo su rechazo a negociar con las Brigadas Rojas para salvarlo.

Su desenfrenada pasión por el poder lo llevó a encabezar un Ejecutivo de lo que se dio en llamar el Pentapartido, una lista de formaciones que gobernó la Italia de los años 1980 hasta 1992. La última etapa de un sistema que terminó por desmoronarse.

Giulio Andreotti se lleva a la tumba importantes secretos de la historia de Italia, de la Guerra Fría, de los Años de Plomo, del Vaticano, de Cosa Nostra, de la logia masónica P2, del terrorismo.

En los años 90, protagonizó el llamado “juicio del siglo”, después de que varios arrepentidos de la mafia lo acusaron de estar muy bien relacionado con Cosa Nostra y de estar detrás del asesinato de un periodista incómodo. En el primero prescribió el delito y en el segundo fue absuelto.

Su papel como canciller, mediador en conflictos internacionales y sobre todo a favor del diálogo con el mundo árabe, le valieron elogios incluso de sus enemigos, la izquierda italiana y las críticas de Estados Unidos.

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