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La economía vasca debería mejorar, aunque lentamente, tras el anuncio de ETA

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El histórico anuncio de ETA del jueves permite presagiar el despegue económico del País Vasco, una rica región del norte de España que ha visto su crecimiento frenado por 40 años de lucha armada, aunque la mejora será lenta, advierten expertos y empresarios.

A raíz del comunicado de la banda el jueves por la tarde, los empresarios locales han saludado la noticia como “positiva” y “fundamental”, mientras que las Cámaras de Comercio la han acogido como “la mejor noticia” para la región.

Es cierto que el País Vasco sigue siendo la región más rica del país, pero mientras que su beneficio por habitante era el doble de la media española hace 40 años, en 2010 era del 35%.

En los diez últimos años, mientras que las regiones del país veían su Producto Interior Bruto (PIB) aumentar de media un 1,97% por año, el País Vasco avanzaba un 1,75%, lejos de, por ejemplo, la Comunidad de Madrid (2,30%), según Funcas, la fundación de cajas de ahorro.

Para Mikel Buesa, profesor de Economía del Terrorismo en la Universidad Complutense, “durante el último quinquenio (2006-2010), las destrucciones ocasionadas por ETA en el País Vasco ascienden a un total de 40,5 millones de euros”.

“Por medio de la extorsión a los empresarios, la organización terrorista ha podido obtener, en igual período, en torno a 19,6 millones de euros”, escribía Buesa en un reciente estudio.

La extorsión a empresarios vascos y navarros, con el llamado ‘impuesto revolucionario’, ha sido durante mucho tiempo la principal fuente de beneficios de ETA, para pagar a sus militantes y ayudar a sus 700 presos.

“Estas cifras son más bien pequeñas y, en su conjunto, apenas superan el 0,01% del PIB regional vasco”, según Buesa.

Pero el “clima de incertidumbre” generado ha tenido un efecto más espectacular: “La economía vasca ha perdido alrededor de una quinta parte del PIB que pudiera haber obtenido si no hubiese estado sometida al clima de violencia impuesto por ETA”.

Javier Gardezábal, profesor de la Universidad del País Vasco y coautor de un estudio sobre el coste económico del terrorismo, hace un cálculo diferente, pero que muestra también que la región tiene actualmente un PIB por habitante un 10% inferior al que debería tener.

Para las empresas vascas, el momento es de alivio: “Poder liberarse de esta pesada carga que era el terrorismo supone un impulso en primer lugar y, en segundo, el hecho de que no existe terrorismo mejora sustancialmente nuestra imagen como país y como destino de inversiones”, analiza Enrique Portocarrero, director del Círculo de Empresarios Vascos.

“Dentro de nuestro colectivo empresarial, ha habido muchos empresarios que han sido amenazados, extorsionados e incluso han sufrido atentados de muerte a lo largo de estos 50 años”, cuenta Miguel Ángel Lujua, presidente de Confebask, la confederación patronal vasca.

“Si estás siendo chantajeado con cartas de impuesto revolucionario, con amenazas personal y familiares, si te secuestran y te matan, evidentemente en estas condiciones nunca se puede favorecer la creación de empleo y riqueza”, considera.

“Ha habido muchísima emigración empresarial vasca, que ha preferido instalar sus pequeñas empresas fuera” de la región, asegura José Luis Orella, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad CEU de Madrid.

“A partir de ahora, (el País Vasco) va a recuperar el protagonismo económico que nunca hubiera debido perder”, estima Lujua, prediciendo que la región “no solamente va a atraer empresarios e inversores, sino también el turismo: había muchas personas que tenían miedo por venir a visitar nuestras preciosas ciudades”.

La ausencia de atentados en territorio español desde 2009 ya comenzó a dejarse sentir: 2010 ha sido “el mejor año de la historia del turismo vasco”, según el Gobierno regional, con 2,2 millones de visitantes, 7% más que el año anterior.

Sin embargo, advierte Lujua, “lamentablemente esta recuperación va a ser lenta, porque estamos sufriendo en Europa una gran crisis económica”.

“El impacto económico será a medio y largo plazo, un impacto importante, difícilmente cuantificable, pero cierto y real”, asegura Portocarrero.

Mikel Buesa calcula, por su parte, que harán falta 16 años en la región para borrar totalmente los estigmas económicos de ETA.

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