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En Sirte, ametralladoras y obuses contra francotiradores gadafistas

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Desde los terrenos en barbecho al límite de los suburbios de Sirte, a 360 km al este de Trípoli, los “revolucionarios” del Consejo Nacional de Transición (CNT) bombardean un edificio en construcción en la ciudad, donde está instalado un francotirador gadafista.

El crepúsculo en el frente de Sirte, según los combatientes del CNT, es el momento más duro y difícil de la jornada. Es entonces cuando los combates se intensifican y cuando aumentan las bajas.

El o los francotiradores han tomado posición en los pisos superiores y desde la mañana disparan contra cualquiera que se atreva a levantar la cabeza por encima de los montículos de arena o del muro de ladrillos que marca la primera línea.

Mirando a través de sus prismáticos, el comandante Bagar dirige tranquilamente los disparos de sus hombres que acribillan el puesto enemigo con una ametralladora.

Un todoterreno con una ametralladora pesada “Duchka” de 12,5 milímetros toma posición detrás del muro, lanza una serie de ráfagas antes de que llegue otro vehículo que parte inmediatamente.

Un muchacho que opera un mortero de 82 milímetros entra en escena. Después de ajustar el tiro lanza un primer obús fumígeno para marcar el objetivo, al que le siguen otros proyectiles explosivos que hacen temblar el terreno.

Sin embargo, los disparos de los francotiradores gadafistas no se detienen pese a que la respuesta es moderada, sin duda resultado de casi tres semanas de asedio, del agotamiento y la falta de municiones.

El comandante Bagar apura a sus hombres para que instalen en batería un cañón de 105 milímetros antes de la caída de la noche.

Los combatientes se tapan las orejas esperando la detonación de la pieza de artillería, que hace elevarse una nube de polvo a su alrededor.

Las posiciones de las tropas del CNT vecinas concentran sus disparos sobre el inmueble donde están instalados los francotiradores.

Un poco más lejos, un anticuado tanque T-70 de fabricación soviética dispara a intervalos regulares contra la ciudad. El ruido infernal de las salvas es precedido sin falta por un “Alá Akbar” (Dios es el supremo) de advertencia.

Como cada noche, el bombardeo se intensifica en todas parte en torno a Sirte asediada.

Una lluvia de obuses cae sobre el Centro de conferencias Uagadugú, una especie de enorme casamata donde en otra época se celebraban las cumbres panafricanas y que ha sido transformada en el último punto de apoyo de los partidarios del antiguo régimen.

Los “Howitzer”, imponentes piezas de artillería de 105 milímetros, disparan sin cesar desde un campo a 15 km en el suburbio oriental de la ciudad donde están alineados. Sus obuses atraviesan el cielo con su lento silbido característico.

En una pirotécnica mortífera, las balas trazadoras de los cañones antiaéreos utilizados ahora para los combates terrestres desgarran la oscuridad con múltiples líneas de luz antes de ir a estrellarse contra los inmuebles del centro de la ciudad.

Los tiroteos en el noreste de la ciudad, a lo largo de la orilla del mar, parecen indicar que los combatientes del CNT han ganado terreno en un centenar de metros, apoderándose de una manzana residencial.

Esta zona marca la entrada del “barrio de los mauritanos”, donde combatirían numerosos mercenarios originarios de Mauritania, pero naturalizados libios, según comandantes de las nuevas autoridades.

Comienza así una nueva noche de asedio y los bombardeos sólo cesarán hacia medianoche.

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