VER RESUMEN
María Francisca Pérez, con 26 años, ha logrado consolidar su faceta empresarial con la marca Kadú, abriendo un local en Parque Arauco. Desde La Estrella, a 160 km de Santiago, empezó fabricando estuches y bolsos. La marca, que significa color, arte y diseños únicos, refleja su identidad. Destaca que aún es un emprendimiento en crecimiento y aspira a que Kadú sea reconocida a nivel mundial.
Con sus 26 años, María Francisca Pérez ha podido consolidar su faceta empresarial al abrir un local en el Parque Arauco. Junto a su marca Kadú, la empresaria afirma en entrevista con BioBioChile, que desea seguir creciendo, desde que empezó a fabricar estuches y luego bolsos, desde la comuna de La Estrella, ubicada a 160 km de Santiago.
“Hemos estado a full para poder llegar a lograr el stock que se necesita, tanto por una página web como para la tienda”, explica con mucha simpatía.
Para la ingeniera comercial, su marca no solo representa una fuente laboral, sino que es una pasión ligada a su propia identidad. “Kadú significa color, arte y diseños únicos. Al inicio de la marca, cada producto era exclusivo y no repetíamos modelos, de ahí el juego de palabras para crear el nombre”.
“Siento que es un emprendimiento todavía, aún nos falta mucho por aprender, nos falta mucho por mejorar, pero creo que es superimportante tener las ganas y también el apañe de la gente”, asegura.
Sin embargo, la estrellina sabe con certeza que espera que Kadú sea una marca mundial. “Es superrepresentativa y se reconoce muy fácil; además, la gente lo asocia a mí, porque al final soy la mejor embajadora de mi marca”.
El nacimiento de Kadú
En la conversación, Pérez recalca que la historia de Kadú partió hace 10 años atrás, cuando se le ocurrió vender estuches a sus compañeras de colegio.
“Tenía 50 lucas que me dio mi tata para Navidad, porque él nunca nos compraba regalos, pero siempre nos daba un sobrecito con plata”, parte diciendo Pérez.
“Él nos dio un sobre con dinero para que fuéramos a comprar nuestro regalo. Me dio 50.000 pesos y pensé: ‘Me lo voy a gastar todo en telas en Independencia”. Después, mi mamá me acompañó y fui a comprar mis materiales’”.
Con Jimena Oyarzún, su madre, decidieron ser socias en el emprendimiento, vendiendo primero estuches y luego carteras. Así pues, con su madre, empezaron a realizar viajes regulares a Santiago.
Específicamente, se trasladaron al famoso Barrio Las Telas. “Tuvimos que venir con mi mamá a Santiago para comprar materiales; además, me acompañó a Independencia a comprar las primeras telas”.
“Mi mamá siempre coleccionaba telas lindas, así que agarré algunas de ellas y fui donde mi madrina, que era modista, para decirle que quería hacerme un estuche bonito para el colegio”, indica María Francisca a BBCL. “Ahí empezamos, quedó superlindo, le mandé una foto a mi curso y todas mis compañeras me hicieron un pedido de estuche”, recuerda. “Después busqué chicas de regiones que le hicieran publicidad a la marca. Como antes no se usaba tanto lo de los influencers ni existía el término, yo les decía que eran mis embajadoras, y poco a poco fuimos creciendo”, revela.
“Para mí, Kadú es como mi guagua”
A pesar que Kadú nació cuando estaba empezando el cuarto medio, María Francisca recalca que recién en 2023, pudo dedicarle más tiempo a su propia marca que recoge su propio estilo de vestir. “Desde marzo de 2023 me dedico a esto a tiempo completo. Aunque ya han pasado tres años, siento que aún me queda mucho por aprender; de hecho, cada día se descubre algo nuevo”.
“El color es parte de mí, sin color no me hallo, además siempre me he vestido de muchos colores y la vez que me vestí sin colores, fue en una etapa que no lo estaba pasando bien”. A lo que agrega: “Para mí, el color es una forma de expresarme”.
“Desde muy chica siempre fui fanática de las carteras y me pasaba que no encontraba ninguna que me gustara del todo a buen precio. Las hechas a mano eran muy caras, y las otras no tenían nada que ver con mi estilo, que siempre fue más hippie, colorido y diferente. Por eso, decidí empezar a hacer mis propias carteras: eran como mis estuches pero en versión grande, llenas de colores, flecos, pompones y detalles”, afirma.
Además del diseño, también Francisca se percató que el material de sus carteras no iba a contemplar el cuero. “Me di cuenta de que, en realidad, no utilizábamos ningún componente de origen animal y pensé: ‘Bueno, puede ser un valor agregado’. No necesito usar cuero ni ningún otro material animal para mis productos, así que qué mejor que darle ese sentido a la marca, especialmente porque me encantan los animales”.
Así pues, Francisca aclara que los productos Kadú son confeccionados por modistas de La Estrella, una decisión que refleja el sentido de pertenencia de la fundadora con su comunidad. “Yo priorizo a toda la gente que trabaja. Primero pago todos los contratos, luego a todos los proveedores, los materiales y a todas las colaboradoras. Entonces, es pagar, pagar, pagar y pagar. Para mí lo que más importa es llegar a fin de mes con el dinero para pagarle a todas esas personas y para reinvertir en material. Veo mi negocio y digo: ‘Pucha, quizás este mes no voy a ganar plata, pero en verdad estoy creando algo más grande’”. “Para mí, Kadú es como mi guagua”, expone.
“Me encanta la marca”
Así las cosas, Francisca analiza que hubieron hitos que ayudaron a fortalecer su negocio. “En 2022, postulamos al primer fondo Sercotec de mayor tamaño, lo que coincidió con mi último año de universidad. Esto nos permitió crear la página web. En ese entonces, mi marca era solo un proyectito”.
En ese sentido, el finalizar sus estudios universitarios, le permitieron a Francisca Pérez tener el foco en el crecimiento de su marca. “Estaba cursando mi carrera, así que decidí ponerla en pausa y seguir con esto lo mejor que podía. Pero ya en el último año de universidad me enfoqué mucho más: hicimos la página web y las ventas aumentaron de forma increíble. No entendía por qué no la había creado antes; me demoré demasiado”.
Con relación a la formación de un equipo, la empresaria declara que la responsabilidad es un aspecto necesario para tener buenos resultados. “Desde que formamos nuestro equipo de marketing, se ha notado mucho el cambio”, indica a la presente redacción.
“Hay que rodearse de gente que sienta que el negocio fuera de ellos, porque al final siento que es dejar a tu hijo al cuidado de alguien. Si es una persona que no lo quiere, que no está ni ahí, no lo va a tener contento ni tranquilo”, teoriza Pérez.
En definitiva, Pérez también se declara una fan de su marca. “Siempre que veo a alguien con una cartera Kadú, la paro y le digo: ‘Oye, qué linda tu cartera’. Ella me mira y me responde: ‘¡Ay, Fran, sí! Me encanta la marca’. Es muy bacán, porque siento la confianza de hablarle a una niña cuando la veo con una cartera o ropa de Kadú”.
Por otro lado, María Francisca cree que la clave es cuidar a su clientela, ofreciendo un servicio completamente personalizado. “Si a una clienta se le rompe o se le engancha la cartera por cualquier falla de base en la confección o en el material, nosotros se la cambiamos o se la arreglamos; de hecho, la mayoría se repara. Esto es genial porque promueve un modelo súper circular: no dejamos que la cartera rota quede en el olvido, sino que la reparamos o la cambiamos para darte la posibilidad de usarla, ojalá, para siempre”.
En último lugar, Francisca se refiere a la gran pasión que la motiva cada día. “Yo creo que, para mí, el éxito es que me guste mi vida. Siento que mi marca es algo que me apasiona tanto que hace que me encante trabajar todos los días y me encante despertar. Creo que la pasión ha sido lo que la ha llevado a crecer tanto”.
“Hay gente que me dice: ‘Eres muy exitosa’. Yo no sé en qué se mide eso. Yo todavía siento que estoy en pañales. Pero yo creo que al final, al hacer algo que te apasiona, te va a llevar a tener una vida feliz”.
Enviando corrección, espere un momento...