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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Palito Wood desafía la resistencia del estuco de caolín al crear su muestra "estuvesiendopaisaje" en el Museo Palacio Vergara. Utiliza el verde vejiga y la fricción en un papel de alto gramaje para plasmar un paisaje que desafía la convencionalidad. El título en minúsculas y sin espacios refleja una acción sin objeto fijo. Sin cédulas descriptivas, invita a observar sin intermediarios, mostrando una topografía extinguida y cuestionando la representación de la naturaleza en la era del antropoceno. La exposición cuestiona la modernidad chilena y su relación con la tradición europea. Wood habita la historia del Museo Palacio Vergara, generando un diálogo con las esculturas clásicas.

El estuco de caolín no absorbe, repele. Sobre esa “negativa”, Palito Wood extiende tierras sombreadas, grises, verde vejiga, con las palmas, a veces con un trapo, nunca con pincel ni espátula.

Por Samuel Toro Contreras

El papel se resiste y la mano, y los dedos, insisten sobre la misma zona una y otra vez, hasta que el material “cede”, nunca del todo. De esa fricción nace estuvesiendopaisaje, la muestra que Wood exhibe en el Museo Palacio Vergara hasta el 15 de noviembre. Esta vez me toca analizarlo como curador.

estuvesiendopaisaje de Palito Wood, foto de Pablo Cava.

La resistencia como método

Comencemos por lo material, porque ahí se encuentra lo que después se puede discutir como concepto o idea. El caolín, a diferencia del gesso, o de cualquier forma de impresión convencional, no deja que el aglutinante penetre y, por ende, lo empuja hacia la superficie.

Wood trabaja contra esa expulsión, no a favor de ella, insistiendo con el cuerpo entero hasta que el pigmento “encuentra” sus espacios compositivos. El verde vejiga, cuyo nombre remite tanto a un pigmento antiguo como a algo orgánico, es un color que tiene, “implícito”, en no pocas ocasiones, la idea de descomposición.

El papel es de alto gramaje, calculado para aguantar la fuerza de manos y brazos que persisten, con fuerza, una y otra vez. El resultado termina siendo el registro de ese forcejeo, casi un índice en el sentido peirceano, o sea, la huella directa de un contacto que ocurrió, sin ser signo que represente algo ausente. La forma emerge de la tensión entre ambos. Aquí, el paisaje “tradicional” casi se nos presenta, pero al cabo de un momento se nos escurre en una mirada licuosa.

estuvesiendopaisaje de Palito Wood, foto de Pablo Cava.

Un tiempo verbal que no cierra

El título, en minúsculas y sin espacios, comprime un pretérito, un gerundio y un sustantivo en una sola palabra que tropieza al pronunciarse. estuvesiendopaisaje comprime la fluidez, y eso puede ser parte del gerundio que no termina de resolverse en sustantivo. Una acción que no logra fijarse en objeto.

El riesgo de un título así podría ser que lo gramatical quede suspendido “encima de las obras”, como una ficcionalización flotante. Sin embargo, al recorrer las salas, la posible incomodidad del título, y la incomodidad de la superficie (esas manchas que nunca terminan de organizarse en bosque, en selva, en nada reconocible del todo) parecieran responder al síntoma de la dificultad de nombrar y nominar, sin caer en una nostalgia que ya sabemos “impostada”.

estuvesiendopaisaje de Palito Wood, foto de Pablo Cava.

Sin cédulas

Hay una decisión entre artista, colaborador y curador que cualquiera podría notar precediendo una lectura teórica: las cédulas no descriptivas junto a las obras. La elección busca que el proceso de construcción de cada pieza reemplace al texto explicativo y que la sala sea recorrida sin el título y la técnica al pie. Esta decisión puede tomarse como una invitación a mirar sin intermediarios. O como un gesto que le solicita al público una alfabetización previa.

Un paisaje que ya dejó de existir

En las obras no hay horizonte romántico, ni perspectiva renacentista o escorzo, sino algo más parecido a una topografía extinguida, con capas de tierra y humedad que insinúan territorio sin describir ninguno en particular.

Se podría pensar esto como una alegoría en el sentido que le daba Benjamin, como ruina que exhibe su propio proceso de destrucción. Wood no pinta la selva que desaparece, sino la imposibilidad de acercarse a ella sin mediación. Sin la sospecha de que toda representación de “naturaleza” siempre llega ya tarde (o nunca), después de un antropoceno que la convirtió en quimera.

La pregunta que la muestra deja abierta es si esa imposibilidad es un diagnóstico local. Si Chile es el escenario donde se hace visible algo que ocurre en cualquier lugar del planeta que alguna vez creyó tener paisaje propio para perder. No hay, en las pinturas, forma de zanjar esto. Prefiero que siga así antes que forzar una lectura que las cierre.

estuvesiendopaisaje de Palito Wood, foto de Pablo Cava.

La modernidad que no termina

Esta muestra, también, forma parte de mis bocetos curatoriales. Ellos integran un conjunto dentro de una hipótesis que vengo trabajando de forma fragmentaria desde hace años. Que la producción visual chilena “contemporánea” nunca se alejó o distanció de los imaginarios modernos del norte global que fundaron su institucionalidad. Y que, lo local, persiste en una tensión sin resolver entre esa tradición moderna importada y la nominada contemporaneidad.

En la exposición existe algo involuntario, en que estas superficies devastadas cuelguen entre los muros de un edificio de inspiración gótica tardía. Un edificio levantado hace más de un siglo bajo el mismo impulso europeizante que trajo la pintura de paisaje a Chile, y reconstruido, además, sobre las ruinas de un edificio anterior.

estuvesiendopaisaje de Palito Wood, foto de Pablo Cava.

Wood no cita esa historia, pero la habita. Dejo planteada, más que resuelta, de que esta lectura le puede pesar más a quien cura que a quien pinta. Que la coincidencia arquitectónica se transforme en argumento con más facilidad de la que en rigor merece.

Lo interesante es que, en este diálogo con Palito, encontramos maneras de sitio específico por el forzamiento de tener que “convivir” con las esculturas clásicas en el mismo espacio. Desde aquí la elección de las ruinas que conserva Wood de casas e iglesias incineradas dialogando, minimalistamente, con las esculturas del museo.

Se está tramitando la posibilidad de que, antes que se cierre la exposición en el museo, podamos cubrir, púdicamente, a la representación de “Venus de la Paloma”, envolviéndola en el pedestal incinerado de una iglesia. Esperemos que llegue a buen puerto.

estuvesiendopaisaje de Palito Wood, foto de Pablo Cava.

Curar lo propio

Escribir en prensa sobre una muestra que uno mismo curó es, de alguna manera, un ejercicio relativamente incómodo al carecer de una distancia que podría “separar” al crítico del objeto, y sobre la cercanía de haber sido parte de la museografía.

No resolveré esto en la columna, prefiero desconfiar un poco de mi propia pluma antes de que el lector lo haga por mí. Tal vez la pregunta que estuvesiendopaisaje no contesta ni, tal vez, lo pretende, es si un país puede terminar de pintar lo que nunca terminó de ser. Por ahora, sobre el papel que no absorbe, la mancha sigue insistiendo.