Primero, la victoria con Inglaterra. Hinchas trepados a semáforos y paradas de colectivos, hinchas a los besos, hinchas con banderas celestes y blancas, hinchas con vuvuzelas, con bombos, con bufandas de Argentina, con camisetas de la selección —originales o copias—, con fernet, con cerveza, con frío, con euforia. En el Obelisco, en el Monumento a la Bandera, en las plazas principales de ciudades y pueblos en todo el país, banderazo en Times Square de Nueva York, en Barcelona, en Madrid.
Es miércoles 15 de julio, la selección argentina de fútbol le gana a Inglaterra 2 a 1 en la semifinal de la Copa del Mundo 2026. El partido, como los últimos tres del torneo, parece perdido para la Albiceleste hasta que, en el minuto 87, el mediocampista Enzo Fernández hace el gol del empate y, ya en el descuento, el delantero Lautaro Martínez define el 2-1, ambos con asistencia del capitán, Lionel Messi. Al final del partido, y a pesar de que el Código Disciplinario de la FIFA lo impide, los jugadores extienden una bandera en el campo de juego: “Las Malvinas son argentinas”, y el tema se instala en los canales de noticias de todo el mundo.
Le sigue una semana de mucho entusiasmo con una selección a la que no se le puede pedir mucho más. Los festejos se repetirán el domingo siguiente, el 19 de julio, cuando la misma Selección pierda 1 a 0 la final de la Copa del Mundo contra España, con apenas dos llegadas al arco. Aun así, miles de hinchas vuelven a copar el centro porteño.
“Fuimos a agradecerles a Messi y a Scaloni”, cuenta a BioBioChile Agostina, una hincha de 36 años, “es que empezamos con pocas expectativas y no nos frustramos por haber perdido, agradecimos haber llegado. Habíamos ganado el mundial pasado y a este vinimos a disfrutar. Ganarle a Inglaterra fue la verdadera final, sacar la bandera de Malvinas, mostrarle al mundo nuestro reclamo, dar vuelta los partidos a último minuto. Lo que verdaderamente queda son las hazañas”.
Fin de ciclo
Muchos de los hinchas que salieron a agradecer ese domingo de niebla y lluvia en Buenos Aires, no pudieron ver la conferencia de prensa de Lionel Scaloni en la que, con la voz quebrada por un llanto inminente, agradecía al equipo y dejaba abierta la duda sobre su continuidad frente a la selección. Días más tarde, el arquero Dibu Martínez escribió en sus redes sociales que tenía que ver si era momento de dar un paso al costado.
Pasaron dos semanas de esa final, y la sensación de cierre entre los hinchas es unánime. “Se termina una época”, dice a BioBioChile Rodrigo, de 38 años. “Es irreversible”, agrega Ezequiel, de 39, “primero, porque se retira Messi. También me da la sensación de que esta ola de victorias y de campeonatos ganados no va a continuar”.
“Mirando hacia el Mundial 2030, Argentina está atravesando un cambio de ciclo”, dice en conversación con BioBioChile Agustín Castro, periodista deportivo del programa radial matutino Buenas Tardes China. “Resulta casi utópico visualizar a Messi jugando una Copa del Mundo más, y eso va a traer una serie de cambios que parten desde quién será el heredero de la 10, hasta cómo se rearmarán los liderazgos dentro del plantel”, agrega, en referencia al retiro de referentes históricos como Nicolás Otamendi. “Un aspecto fundamental será la continuidad o no de Lionel Scaloni al frente del seleccionado”.
El prototipo de un pueblo
El vínculo entre el equipo de Scaloni y la gente excede lo futbolístico. Para Castro, la unión del plantel, tan visible en redes sociales, y la interacción constante con los hinchas terminaron de romper la distancia habitual entre el ídolo y la gente. A eso se suma un estilo de juego asociado y una mentalidad competitiva que, dice, generó un reconocimiento con el temperamento argentino.
“Con esta selección nos sentimos identificados, porque somos un poco vivos, porque hasta último momento podemos sufrir y volver a levantarnos, porque lloran, se emocionan, van a terapia. El argentino es tremendamente emocional, y el mundo nos termina conociendo a través del fútbol”, dice Agostina. “La selección de cualquier deporte, es una manera de mostrarnos, de decir ‘acá, en el sur, también hay talento’. Y la selección de fútbol es todo eso, potenciado. Porque desde que somos chicos, la pelota es parte de nuestra vida, de nuestros domingos. Implica exportar nuestra cultura al mundo y me da mucho orgullo”, agrega.
“La selección es un campo de representación muy potente”, coincide Ezequiel; “entre los grandes líderes que tuvo la historia argentina, hay dos que salieron de la selección de fútbol: Diego Maradona y Lionel Messi”.
Esa identificación, dicen los hinchas, se vuelve todavía más fuerte cuando el país está dividido en todo lo demás. Ezequiel lo pone en esos términos: cree que el equipo logró unir a la gente, aunque sea por un rato, “en un país en donde reina la grieta, y en un mundo en donde está cada vez más polarizado”. Por un par de horas, cada cuatro años, ser hincha alcanza para borrar colores de club, posiciones políticas, diferencias de clase y de generación.
El legado
—¿Qué vas a extrañar de la Selección? —les pregunto a los hinchas que conversan con BioBioChile.
“Sinceramente: a Messi”.
“Jugar muy lindo. Bueno, también tenemos a Messi, es difícil no jugar lindo”.
“Lo que más voy a extrañar de este equipo, sin dudas, es a Messi”.
Y aunque esa despedida es irreversible, Castro cree que no todo se va con él. Independientemente de quién sea el entrenador, remarca que, a diferencia de otros recambios generacionales en la historia de la Selección —como el que vivió el fútbol argentino tras Italia 90—, hoy existe una identidad muy marcada.
“Me parece que esta vez la intención será sostener el proyecto y la idea que construyó Scaloni: un equipo protagonista, con una identidad de juego definida y una estructura de trabajo que trasciende a los nombres propios. Ese, desde mi punto de vista, quizás sea el mayor legado que deja este proceso”, dice.