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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Mark Elliot Driver, originario de Londres, recuerda con cariño su infancia en Camden Town, barrio conocido por su escena musical. Inspirado por músicos locales, decidió estudiar Literatura en Nottingham. Tras trabajar en cine, buscó su identidad inspirado en la Generación Beat. Viajó por América del Norte, viviendo experiencias únicas. En Chile, conoció a Paula, chilena con quien decidió establecerse en San Vicente de Tagua Tagua.

Para Mark Elliot Driver, la vida en Londres es la mejor. “Tiene de todo”, revela en conversación con BBCL. Especialmente, el inglés recuerda el barrio de su infancia. “Viví en el norte de Londres, en el barrio de Camden Town”.

Allí nació Amy Winehouse, siendo un lugar asociado a la escena musical donde el rock y el punk han tenido su apogeo. En medio de este ambiente artístico, Mark se inspiró para seguir una carrera como cantautor: “Había mucha música en vivo; mis héroes fueron la gente que tocó en los bares y clubs de música”, recuerda el inglés.

De esta manera, después de terminar el colegio, Elliot ingresó a estudiar Literatura en la Universidad de Nottingham, que queda a casi dos horas del condado de Camden. “Es común en los londinenses salir de la capital para estudiar y poder tener experiencia afuera de la casa de los papás”, sostiene a BioBioChile.

Cuando egresa de sus estudios, Elliot trabajó un tiempo en la producción de películas, un área que no sentía que perteneciera. “Sentí que no era lo mío y quería volver a sentir quién era”, expresa Elliot.

Después de leer el libro “En el Camino” de Jack Kerouac, el londinense se propuso seguir una vida parecida a la Generación Beat, que proponía una visión crítica del consumismo. Así pues ,con 25 años, Elliot Driver sintió que debía explorar la “vida real”, y por esta razón, decidió poner rumbo a América del Norte, con escalas en Estados Unidos y especialmente en México.

En ese sentido, Mark Elliot expone que fue una “experiencia increíble”, a raíz de que conoció otras realidades. “No me estaba quedando en hostales, entonces yo estaba durmiendo en una carpa. Así que muchas veces pedía aventón en la carretera e instalaba mi tienda de campaña en una plaza o al lado de una autopista. Estuve un año y medio viajando así”, comenta, describiendo que para sustentarse debió trabajar en una granja.

A lo que agrega: “Había momentos en que estaba en situaciones tan peludas, pero logré sobrevivir de alguna forma”. “Por ejemplo, una vez fui a San Luis Potosí en México, que es como desértico, a buscar peyote, que es una raíz ancestral”, indica a nuestro medio. “Allí aprendí sobre mis límites”, confiesa el londinense, sobre la experiencia donde estuvo perdido, hasta que un potosino lo socorrió en medio de la noche.

El amor de una chilena

Una vez de regreso a su país, Mark fue a un cumpleaños de una conocida que celebraba en una discoteque. Ahí, en medio de la euforia nocturna, Elliot vio por primera a una chilena, a Paula, que había ido al recinto para acompañar a una amiga a un “show de dance”.

“Estaba ahí sola y le pregunté cómo estaba”, rememora el londinense. “Conectamos al tiro y después se encendió la relación, vivimos juntos en Londres 1 año y medio”, detalla el músico.

“Ella estaba estudiando un magíster con la beca Chile, por lo que tuvo que volver. Así que me quedé con la decisión de quedarme en Inglaterra, con mi familia y mis amigos o seguir con la relación. Pero yo pensaba que esa relación no era algo fácil de encontrar. Así que bueno, para mí América Latina no era extraño, porque ya había pasado mucho tiempo y hablaba español. Así que me vine a vivir acá”.

Un inglés en San Vicente de Tagua Tagua

En 2019, Mark se vino con mucha ilusión a San Vicente de Tagua Tagua, la comuna ubicada en el corazón de la región de O’Higgins.

Desde entonces, junto a Paula, formó un hogar en un ambiente más tranquilo, muy diferente a la vida bohemia de pubs y música en vivo.

Así las cosas, la paz que uno se siente en San Vicente es incomparable, relata con emoción Mark. “Hay una paz que nunca he sentido en mi vida”, acota.

Incluso, la vida de campo lo inspiró en grabar un EP, que fue grabado en vivo en Santiago, sin metrónomo ni capas de producción, preservando la espontaneidad, la cercanía y la humanidad de cada interpretación. “La gente está saturada de información, ruido y estrés. Por este motivo, mi idea con el disco es hacer algo en contra de eso. Quería hacer algo lo más humano posible”.