¿Por qué las personas de estratos socioeconómicos más altos suelen hablar más grave que otras?
Es una pregunta que probablemente te has hecho más de alguna vez al ver videos en TikTok o al escuchar conversaciones en espacios públicos.
Se trata de una diferencia percibida por muchas personas y que, según especialistas en fonoaudiología, tiene una explicación relacionada con el aprendizaje y el entorno social.
Hugo San Juan Cortés, fonoaudiólogo de Clínica Bupa Santiago y académico de la Universidad de Chile, explica a BioBioChile que la imitación es el principal motivo por el que personas de distintos estratos sociales desarrollan formas diferentes de hablar.
Diferencias en la forma de hablar
“Nadie nace con un manual de instrucciones para hablar. Aprendemos imitando las voces de las personas que nos rodean. Desde la fonoaudiología sabemos que el desarrollo de los sonidos, el ritmo y la melodía del habla se calibran sobre los modelos que escuchamos en la familia, el barrio y el colegio”, explica el docente.
A esto último también se suma el ajuste fonatorio, dice el experto, entendido como “la configuración muscular y postural que adoptamos para producir nuestra voz, y que también se aprende por imitación“.
Por lo mismo, “grupos que comparten un entorno terminan compartiendo una cualidad vocal, una resonancia y patrones de entonación similares. Es algo completamente natural“, asegura el experto.
Enrique Méndez, fonoaudiólogo de Clínica RedSalud Vitacura y docente de la Pontificia Universidad Católica de Chile, complementa que “la voz no solo es el resultado de características anatómicas, sino también de un proceso de aprendizaje e influencia social”.
“A lo largo de la vida tendemos a adoptar patrones vocales de las personas y grupos con los que nos identificamos, incorporando formas particulares de hablar, entonaciones y estilos comunicativos que refuerzan nuestro sentido de pertenencia”, justifica el profesional.
Influencia del entorno social
Desde esta perspectiva, la voz constituye una parte importante de la identidad, dice el experto, ya que refleja tanto aspectos individuales como elementos compartidos con el entorno social.
“Al mismo tiempo, nos permite diferenciarnos de otros y expresar quiénes somos. Sin embargo, la adopción sostenida de ciertos patrones fonatorios también puede influir en la salud vocal, favoreciendo en algunos casos la aparición de alteraciones funcionales e incluso orgánicas cuando existen conductas vocales poco eficientes mantenidas en el tiempo”, destaca.
Esta influencia del entorno no solo se refleja en el acento o la forma de pronunciar ciertas palabras, sino también en características de la voz como el tono.
De acuerdo con los especialistas, algunas personas tienden a adoptar tonos más graves o más agudos en función de los modelos vocales presentes en su entorno y de la imagen que buscan proyectar.
Precisamente por esta influencia social, algunas diferencias vocales suelen llamar la atención. Una de ellas es la percepción de que ciertos grupos sociales, especialmente mujeres de estratos socioeconómicos más altos, utilizan tonos de voz más graves que los observados en otros grupos.
Factores que influyen en la altura o gravedad de la voz
Sobre los factores que influyen en la voz, el experto indica que la biología establece el rango vocal, “pero lo que hacemos dentro de ese rango es, en buena parte, un aprendizaje“.
En ese contexto, el fonoaudiólogo de Clínica Bupa explica que el tono de voz depende de los pliegues vocales: su largo, grosor y tensión, y del tamaño de la laringe.
“Dentro de ese rango fisiológico, cada persona tiene un tono habitual que no está grabado en piedra, sino que es una conducta vocal aprendida. Y acá viene lo interesante: tendemos a ajustar ese tono según el grupo con el que nos identificamos y la imagen que queremos proyectar“, detalla el experto.
En ese sentido, hay personas que bajan conscientemente su voz en contextos formales porque socialmente la voz grave se asocia con autoridad y credibilidad, aunque no exista una base fisiológica que lo justifique.
“Que la voz sea modificable y entrenable es, de hecho, la base de la terapia vocal en fonoaudiología. O sea: la voz dice quiénes somos, pero también dice quiénes queremos parecer“, comenta el experto.
¿Es correcto afirmar que existen acentos vinculados a determinadas clases sociales?
Bajo esta perspectiva, sí es correcto afirmar que existen acentos asociados a determinados grupos o clases sociales.
“El acento es un conjunto de rasgos concretos de producción: cómo articulamos los sonidos, la resonancia, la cualidad vocal y la prosodia. Como todo eso se aprende por imitación en el entorno, es completamente esperable que grupos que comparten un contexto compartan también sus rasgos vocales y articulatorios“, explica el docente.
Sin embargo, el experto destaca que es precisamente en este punto donde suelen aparecer los prejuicios.
Hugo San Juan indica que el hecho de que “un acento tenga más o menos prestigio no tiene nada que ver con sus características fonatorias o articulatorias. Ninguna resonancia es intrínsecamente superior a otra”.
En esa línea complementa que “el prestigio de un acento viene del poder social de quienes lo hablan, no de ninguna virtud vocal”. Entonces: “Sí hay acentos asociados a clases sociales, pero la jerarquía entre ellos es prejuicio, no fonoaudiología, no fonética, no ciencia“.
Las personas suelen asociar ciertos acentos con inteligencia y nivel económico
Sobre por qué se asocia ciertos acentos con la inteligencia o el nivel económico, el experto critica que el “prejuicio lingüístico es uno de los pocos que todavía se expresa en voz alta y sin mucho pudor”.
“Al escuchar a alguien, captamos de inmediato ciertas pistas acústicas, la cualidad vocal, la melodía, algunos fonemas, y casi automáticamente las vinculamos a categorías sociales. Es rápido, es inconsciente y, en la mayoría de los casos, está completamente equivocado”, critica.
Por lo mismo destaca: “Ninguna configuración vocal o articulatoria indica inteligencia, conocimientos ni capacidades. Una resonancia no dice nada sobre la cognición de quien habla. Esas asociaciones son sesgos aprendidos, transmitidos culturalmente, que reflejan diferencias de contexto y no quién habla ‘mejor’“.
Finalmente, concluye que: “en fonoaudiología, esto tiene consecuencias clínicas directas: existe el riesgo real de confundir una variedad de habla estigmatizada con un trastorno, lo que puede derivar en diagnósticos erróneos y tratamientos innecesarios. Hacer consciente esta situación no es solo un ejercicio académico, sino también una cuestión de justicia”.