Al revisar la evolución de los negocios durante los últimos 50 años, es evidente que las empresas y la forma de hacer negocios han cambiado a un ritmo acelerado. Hemos pasado de lo análogo a lo digital, de lo local a lo global, de lo presencial a lo digital y luego a la omnicanalidad. Esto proceso ha obligado a las empresas a reimaginar la forma en que se organizan, avanzando hacia estructuras más livianas y horizontales, con ciclos de planificación y toma de decisiones cada vez más cortos y ágiles.

En paralelo, también ha evolucionado la relación entre las empresas y sus clientes. Si antes predominaban las interacciones presenciales y existía una gran asimetría de información, hoy los consumidores se mueven con mucha soltura entre canales físicos y canales digitales.

De la misma forma, gracias a la masificación de internet y al amplio acceso a la información que este permite, los clientes cuentan hoy con mayores herramientas para tomar decisiones de compra. Como consecuencia, no solo se han empoderado, sino que también han elevado sus expectativas y el nivel de exigencia hacia las empresas que buscan atenderlos, tanto en su rol de consumidores como en el ámbito profesional y empresarial.

Al mismo tiempo, los colaboradores han vivido un proceso adaptativo similar donde hay roles dentro de la empresa tradicional que han dejado de existir y nuevos roles que se han ido creando para satisfacer las nuevas necesidades del mercado.

Ya en 2016, Klaus Schwab, director del Foro Económico Mundial, escribe su libro titulado “La Cuarta Revolución Industrial” que anunciaba el cambio que hemos vivido durante estos años. Hoy no cabe duda que esa revolución está completamente desplegada y que la evolución tecnológica no tiene planeado detenerse en el corto plazo, impulsada por importantes avances en la capacidad de procesamiento de datos, la conectividad, la inteligencia artificial, la capacidad autónoma de las máquinas y la robótica.

En su reporte sobre el Futuro del Trabajo de 2025, el Foro Económico Mundial hace una nueva proyección sobre el impacto de la Inteligencia Artificial y su poder disruptivo para las empresas y sus colaboradores. Si bien se estima que a nivel agregado los puestos de trabajo a nivel global crecerán un 7% hacia el año 2030, se proyecta que el 30% de los trabajos a nivel global se transformará o eliminará en el periodo, generando una disrupción significativa en el mercado del trabajo.

Como consecuencia de esta evolución de la demanda de habilidades por parte de los empleadores, se cree que el 59% de los colaboradores requerirá capacitación en la forma de “upskilling”, la adquisición de nuevos conocimientos para desempeñar su rol actual, o “reskilling”, la capacitación necesaria para desempeñar un nuevo rol dentro de la empresa que es distinto al actual. Las habilidades sobre las cuales se debe poner foco en los planes de formación profesional son aquellas que son parte de la economía del futuro: Entendimiento Tecnológico, Pensamiento Sistemico, Análisis de Datos e IA, Pensamiento Creativo y Analítico, Liderazgo, Orientación al Cliente y al Servicio y Aprendizaje a lo Largo de la Vida.

En atención a esto y considerando la rápida evolución de la IA generativa desde que la empresa Open AI lanza al mercado Chat GPT en noviembre de 2022, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hace un llamado a transformar el aprendizaje a lo largo de la vida en una prioridad estratégica para los paises, como base para el progreso de sus ciudadanos, su empleabilidad y le progreso económico de las personas.

La OIT recomienda enfocarse en tres estrategias: la enseñanza formal en Colegios, Centros de Formación Técnica y Universidades, el aprendizaje que ocurre en el trabajo y un enfoque más amplio que define como aprendizaje social. También se marca una brecha que es relevante de enfrentar, donde los trabajadores formales tienen acceso a más aprendizaje en relación a aquellos que se desempeñan de forma independiente.

Los datos que recibimos desde países desarrollados indican que la permanencia de los colaboradores en sus empleos se ha ido acortando. Entre los segmentos más jóvenes de la población, el tiempo promedio ya bordea poco más de dos años. En este contexto, es probable que los trabajadores del futuro deban validar su empleabilidad con mucha mayor frecuencia que sus padres y, sin lugar a dudas, que sus abuelos.

Por lo tanto, si queremos preparar a nuestros ciudadanos para los desafíos de la nueva economía, resulta fundamental establecer una alianza amplia entre el mundo público y privado para desarrollar un oferta de formación continua de calidad.

Solo así podremos acompañar a las personas durante su vida laboral, favoreciendo su empleabilidad en un contexto de mayor longevidad y transformación permanente. No me cabe duda de que avanzar con fuerza en esta materia nos permitirá hacer frente al estancamiento de la productividad, al bajo crecimiento económico y al alto desempleo que nos ha acompañado durante los últimos años, y responder a una de las prioridades más sentida de nuestros ciudadanos: alcanzar una vida más próspera y feliz para ellos y sus familias.

Martin Cook
Director de Unegocios FEN UCHILE

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