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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En una granja en Alemania, Michael Stücke brinda refugio a un rebaño de ovejas homosexuales que son rechazadas en la industria por su preferencia por otros machos. Fundó Rainbow Wool, proyecto que salva a estos animales y usa su lana para apoyar a organizaciones LGBTQ+. La iniciativa, originada en la historia de pingüinos homosexuales, busca desafiar la discriminación. Científicos han estudiado comportamientos homosexuales en animales, y Stücke observa el comportamiento de los carneros para identificar su orientación. La lana de estas ovejas viaja por Europa y se convierte en prendas de vestir.

En una pequeña granja de Löhne, en Renania del Norte-Westfalia, Alemania, vive un rebaño de ovejas bastante particular. Sus integrantes son carneros que comparten una característica: muestran una preferencia sexual persistente por otros machos y rechazan aparearse con hembras. Para muchos criadores, eso los convierte en animales sin utilidad reproductiva y los expone a terminar en el matadero. Para el pastor Michael Stücke, en cambio, fue la razón para darles un hogar.

Así nació Rainbow Wool, un proyecto que creó lo que sus impulsores presentan como el primer rebaño de ovejas homosexuales del mundo. La iniciativa no solo busca salvar a estos animales: utiliza su lana para financiar organizaciones LGBTQ+ y convertir su historia en una metáfora contra la discriminación, recogió The Guardian.

La idea comenzó a tomar forma en 2022 y, curiosamente, tuvo su origen en otros animales: dos pingüinos llamados Skipper y Ping. Nadia Leytes, amiga de Stücke y cofundadora del proyecto, conoció su historia y comenzó a preguntarse por el comportamiento homosexual en otras especies. Como Michael y su marido Jochen criaban ovejas, un día le hizo una pregunta que terminó cambiándolo todo: ¿existen las ovejas homosexuales?.

Una pregunta que terminó creando un santuario de ovejas homosexuales

Stücke sabía que sí. Con unos 30 años de experiencia como pastor en la cría de ovejas, conocía a carneros que rechazaban sistemáticamente a las hembras y buscaban a otros machos. Después, junto a Leytes, investigó qué ocurría con ellos dentro de la industria y descubrió un problema: al no cumplir la función reproductiva que esperan muchos productores, podían terminar sacrificados, consignó El País.

La ciencia lleva décadas estudiando este comportamiento. Investigaciones del profesor Charles Roselli, de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, han observado una preferencia sexual por otros machos en alrededor del 8% de los carneros estudiados. El comportamiento homosexual, además, no constituye una rareza exclusiva de las ovejas y se ha documentado en numerosas especies animales.

La experiencia también tocó una fibra personal en Stücke. El agricultor contó que salió del clóset a los 24 años y que crecer en un ambiente rural conservador marcó su vida. “Crecí en una granja. Un modo de vida que te ancla mucho, pero también te limita. Cuando salí del armario con 24 años fue muy doloroso, perdí muchos amigos”, recordó.

Entonces apareció la pregunta que dio origen al proyecto. Según relató The Guardian, Stücke y Leytes conversaban sobre el destino de estos animales cuando surgió la idea: “¿Qué podemos hacer para no enviarlos a todos al matadero?”.

¿Cómo saben que un carnero es homosexual?

El proyecto tampoco acepta simplemente cualquier animal al que un criador califique como “gay”. Stücke explicó que observa su conducta durante un periodo prolongado, porque un macho que intenta montar tanto hembras como machos puede responder a otros patrones de comportamiento.

“Cualquiera puede decir: ‘Tengo un carnero gay’, pero lo que hacemos es observar su comportamiento”, explicó el granjero. La señal que buscan resulta más específica: “Si un carnero se niega sistemáticamente a aparearse con una oveja, es señal de que prefiere a otros carneros”.

El comportamiento también aparece en las interacciones cotidianas. “Se abrazan. Se demuestran afecto. Saltan unos sobre otros. Es innegable que se sienten atraídos entre sí”, sostuvo Stücke sobre sus animales.

Sin embargo, algunos especialistas llaman a tener cuidado al trasladar categorías humanas directamente al mundo animal. Los académicos Gabriel N. Rosenberg y Jan Dutkiewicz han advertido que los investigadores pueden estudiar conductas y preferencias sexuales, pero no preguntar a un animal cómo define su identidad. Por eso, consideran que llamar “homosexuales” a los carneros puede simplificar una realidad biológica más compleja.

Del matadero a una granja en Alemania

En sus primeros pasos, Rainbow Wool comenzó a pujar por los carneros en subastas para evitar que terminaran en el matadero. Con el tiempo, algunos criadores entendieron la iniciativa y empezaron a contactar directamente al equipo. Serviceplan, la agencia creativa que ayudó a desarrollar y financiar el proyecto, también participó en la compra de animales.

El camino no estuvo libre de conflictos. “Fue muy difícil convencer a la gente de que no era un chiste, ni nada perverso, y que tampoco les queríamos dejar mal a ellos”, contó Leytes. Schakir Islamow, uno de los creativos detrás de la iniciativa, aseguró que Stücke consiguió que otros agricultores entendieran la seriedad del proyecto, aunque “también perdió algunos socios comerciales”.

Los carneros recibieron nombres con guiños a figuras de la cultura popular, como Wolli Wonka, Prince Wolliam y Jean Woll Gaultier. Además, las personas pueden apadrinarlos para contribuir a los gastos de alimentación, medicamentos y cuidados.

La propuesta encontró incluso una ventaja productiva. “Las hembras dejan de producir lana durante el embarazo, pero los machos no. Salvar a estas ovejas se traduce en una producción de lana constante, ética y sostenible”, explicó Stücke.

Una lana que viajó por Europa

Con el rebaño a salvo apareció otro desafío: ¿qué hacer con su lana? Como Rainbow Wool había rescatado animales de distintas razas, necesitaba transformar fibras diferentes en un mismo hilo. Para lograrlo, el proyecto armó una cadena que atravesó varios países europeos.

La lana pasó por Palencia para su lavado, luego viajó a Portugal para el peinado y finalmente llegó a una hilatura cercana a Sabadell, en España, donde confeccionaron y doblaron el hilo hasta alcanzar el grosor necesario. En Cataluña también tiñeron parte del material con los colores de la bandera arcoíris.

“Es increíble que, después de todos los siglos que lleva existiendo la lana, a alguien se le ocurra una idea tan original”, comentó Antonio Sebastiá, técnico textil de la empresa que coordinó parte del proceso. Con el material comenzaron a producir artículos como gorros, cordones y parches, mientras figuras como Bill Kaulitz, vocalista de Tokio Hotel, ayudaron a darle visibilidad.

Rainbow Wool destina los beneficios a iniciativas que apoyan a la comunidad LGBTQ+. Entre las organizaciones vinculadas aparecen LSVD+ y la Fundación Hirschfeld Eddy. Según Leytes, algunas donaciones también han ayudado a reubicar a personas que viven en países donde las relaciones entre personas del mismo sexo enfrentan persecución legal.

La lana de ovejas homosexuales: de lagranja a una pasarela de Nueva York

La historia dio un salto inesperado cuando llegó hasta Michael Schmidt, diseñador y estilista que ha trabajado con figuras como Madonna y Cher. Schmidt viajó a Alemania, conoció personalmente la granja para conocer a las ovejas homosexuales y decidió transformar aquella lana en una colección completa.

El resultado fue I Wool Survive, un desfile realizado en Nueva York con el apoyo de Grindr. La colección reunió 36 looks tejidos o confeccionados a crochet con lana procedente del rebaño y recurrió a distintos arquetipos masculinos y de la cultura gay, como el marinero, el motero, el repartidor de pizza o el hombre vestido de cuero.

“Quería contar una historia que hablase de cómo los animales, y por extensión los humanos, son perseguidos por ser gais”, explicó Schmidt. Para el diseñador, el mensaje central apunta a cuestionar la idea de que la homosexualidad constituye una elección. “La homosexualidad no solo forma parte de la condición humana, sino también del mundo animal. Esto desmiente la idea de que ser gay sea una elección. Es parte de la naturaleza”, afirmó.

Para Stücke, sin embargo, la comparación tiene límites. Su objetivo no consiste en asegurar que los animales viven la sexualidad exactamente como las personas, sino utilizar la historia como símbolo. “Si podemos salvar a un animal que vive de una manera diferente, enviamos un mensaje poderoso. No hace falta una comparación directa para decir que los animales son como las personas. Es una metáfora”, resumió.