Sociedad
Jueves 30 agosto de 2018 | Publicado a las 09:26
Logran seguir por primera vez la solitaria marat√≥n de dos meses de un ping√ľino neozeland√©s
Publicado por: Denisse Charpentier
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Cada a√Īo en diciembre, una especie de ping√ľino de grandes cejas amarillas deja las costas de Nueva Zelanda para emprender un marat√≥n solitario de dos meses, recorriendo hasta 6.800 kil√≥metros de ida y vuelta, una distancia impresionante seg√ļn los investigadores que lograron por primera vez seguir a estas aves.

Los ping√ľinos, estrellas de dibujos animados y universalmente adorados, han sido poco estudiados. Un tercio de las especies vive en Nueva Zelanda, donde son parte del paisaje, principalmente en las regiones salvajes del sur. La mayor√≠a, sin embargo, est√°n clasificados como vulnerables o amenazados.

Hasta ahora se ignoraba ad√≥nde una de estas especies, el ping√ľino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus), migraba cada a√Īo en busca de alimento. Los zo√≥logos cre√≠an que se manten√≠a cerca de la costa. Para verificar esto, le colocaron etiquetas Argos, dispositivos de rastreo satelital, a 20 de estas aves, a las que siguieron diariamente en su migraci√≥n.

“Al principio, pens√© que hab√≠a un error en los datos”, dice Thomas Mattern, investigador de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, que dirige el Proyecto Tawaki, el nombre local del ping√ľino. “Me qued√© completamente at√≥nito, me pregunt√©: ¬Ņpero hasta d√≥nde van?”.

As√≠ descubrieron que el destino de los ping√ľinos era a medio camino de la Ant√°rtida, en zonas donde las aguas c√°lidas del norte se cruzan con las aguas fr√≠as del sur.

Wikimedia Commons
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Despu√©s los ping√ľinos regresaron a Nueva Zelanda. De ida y vuelta, una hembra recorri√≥ 6.801 km en 67 d√≠as. Un macho nad√≥ 5.597 km en 77 d√≠as. Los datos completos se refieren solo a cinco animales; posiblemente las etiquetas de los otros 15 se hayan desprendido durante el viaje.

Esta nueva informaci√≥n confirma que el ping√ľino es uno de los nadadores vertebrados m√°s extraordinarios del planeta. Seg√ļn Thomas Mattern, los rusos incluso hab√≠an estudiado la hidrodin√°mica de su pelaje para imitarlo para sus submarinos.

Ping√ľinos misteriosos

Los resultados de este estudio fueron publicados el miércoles en la revista científica PLOS One.

Los investigadores tuvieron problemas para financiar su proyecto. Cada etiqueta cuesta entre 1.500 y 2.000 d√≥lares estadounidenses. Y, seg√ļn Thomas Mattern, “este tipo de investigaci√≥n b√°sica ya no est√° de moda”.

“Para obtener fondos universitarios, debes trabajar en temas en boga, como el ADN antiguo o la microbiolog√≠a”, dijo a la AFP. En cambio, la opini√≥n p√ļblica y las ONG han contribuido.

¬ŅPor qu√© interesarse en las migraciones de ping√ľinos? “Ellos pasan hasta el 80% de su tiempo en el oc√©ano y no tenemos idea de lo que hacen all√≠”, agrega el cient√≠fico. “Ni siquiera estamos seguros de lo que comen”.

Pero est√°n amenazados. “Si queremos actuar, debemos entender qu√© los hace vulnerables”. El calentamiento de los oc√©anos, el turismo y la pesca probablemente afecten la vida de los ping√ľinos, pero a√ļn es necesario estudiarlo cient√≠ficamente.

“Los ping√ľinos est√°n en peligro en todo el mundo”, comenta a AFP Dee Boersma, una especialista en ping√ľinos de Am√©rica del Sur de la Universidad Estatal de Washington, al comentar el estudio, en el que ella no particip√≥. “Ellos compiten con la pesca humana”.

Francesco Veronesi | Wikimedia Commons
Francesco Veronesi | Wikimedia Commons

“Hab√≠a millones de ping√ľinos africanos, ahora quedan quiz√°s 30.000. No tienen nada para comer porque los humanos agarran casi todas las sardinas”, agrega.

Pero el misterio del destino del ping√ľino Tawaki persiste. ¬ŅPor qu√© ir tan lejos, sobre todo cuando en las costas de Nueva Zelanda abundan, en el momento del viaje, los peces y otros alimentos?

Los cient√≠ficos suponen que esto podr√≠a ser un instinto heredado de especies ancestrales de ping√ľinos que viv√≠an m√°s al sur, antes de poblarse las tierras de Nueva Zelanda.

Para saber m√°s, es necesario realizar m√°s estudios, si es posible con financiamiento internacional, argumenta Thomas Mattern. “Los ping√ľinos no pertenecen a los neozelandeses ni a los australianos, es la humanidad entera la responsable de ellos”.

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