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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El Gobierno declaró emergencia preventiva en 15 regiones ante el riesgo de marea roja y posibles floraciones algales más frecuentes o intensas por El Niño durante el verano 2026-2027. La medida busca reforzar el monitoreo y la coordinación para proteger a la población, el medioambiente y las actividades productivas. Expertos advirtieron que las toxinas no se eliminan al cocinar, congelar, lavar ni aliñar mariscos: recomiendan consumir solo productos con certificación sanitaria y evitar recolectarlos sin conocer su condición.

El Gobierno declaró, el pasado 27 de octubre, una emergencia preventiva en 15 regiones del país, a raíz de la amenaza de floraciones algales nocivas, conocidas en Chile como marea roja.

Mediante sus redes sociales, el Ministerio del Interior confirmó la medida y señaló que con ella se busca “reforzar el monitoreo y la preparación para proteger la salud de las personas, el medioambiente y las actividades productivas“.

“La declaración de emergencia preventiva permitirá fortalecer la coordinación entre Senapred, los organismos técnicos, las autoridades sectoriales y los Comités Regionales para la Gestión del Riesgo de Desastres, para enfrentar posibles contingencias derivadas de floraciones algales nocivas que se puedan desarrollar con mayor frecuencia o intensidad debido al fenómeno de El Niño para el periodo estival 2026-2027”, explicaron.

Marea roja: qué es y qué precauciones deben tener las personas

Según el Laboratorio de Toxinas Marinas de la Universidad de Chile, la marea roja es un fenómeno natural en que ciertas microalgas se multiplican de forma explosiva. Los moluscos filtradores se alimentan de ellas y acumulan sus toxinas.

El laboratorio explica que estas toxinas resisten muy bien las altas temperaturas, por lo que hervir, freír o asar el marisco no las elimina. Por eso sostiene que los mariscos contaminados no deben ser consumidos por personas.

Catherine Monsalve, encargada del Laboratorio de Inocuidad Alimentaria (LIA) del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), explicó que uno de los errores más frecuentes es creer que las prácticas culinarias habituales bastan para eliminar el riesgo. Sin embargo, la saxitoxina es altamente termoestable, por lo que resiste las temperaturas de cocción.

La especialista advirtió que “hervir, hornear o saltear choritos o almejas elimina bacterias y virus, pero no altera la estructura molecular de la toxina ni reduce su peligrosidad. Lo mismo ocurre con la congelación: el frío detiene la multiplicación de microorganismos, pero la toxina se mantiene intacta en los tejidos del molusco”.

Tampoco sirve lavar o aliñar los mariscos. La toxina se concentra en los tejidos internos y en la glándula digestiva del molusco, por lo que el agua, el vinagre o el jugo de limón no tienen la capacidad de extraerla ni de inactivarla.

Es por eso que el vicerrector de Investigación, Innovación y Posgrado de la Universidad de Magallanes, Máximo Frangopulos, aclaró en conversación con BioBioTV que las personas “no pueden consumir mariscos que se vendan en un puesto que no tenga certificado que me indique que están óptimos para ser consumidos por el ser humano”.

“Bajo ningún motivo puedo ir a mariscar si no sé qué voy a comer; tengo que tener el resguardo de adquirir los productos del mar, sin que no cuenten con el respectivo certificado emitido por la autoridad sanitaria”, sentencia.

Asimismo, “hay que tener cuidado con los peces planctívoros, como las sardinas, anchoas, anchovetas; hay que tener un poco de cuidado porque se consumen completos, pero los peces normalmente lo que se consume es el músculo, no el sistema digestivo, interiores, donde normalmente se acumula la toxina”.

En Chile, este veneno lo produce la microalga Alexandrium catenella. Sus toxinas bloquean los canales de sodio de las células y causan parálisis muscular, que puede llevar a la muerte por falla respiratoria o compromiso cardiaco. En intoxicaciones graves, la muerte puede ocurrir entre minutos y horas.