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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) anunció en julio del año pasado que la popular tarjeta de coordenadas dejará de funcionar a partir de agosto de 2026, con el objetivo de mejorar la seguridad en las transacciones financieras. Sin embargo, debido a la preocupación por las consecuencias de esta medida, se decidió aplazarla un año para facilitar la transición.

En julio del año pasado, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) dio una importante noticia que golpeaba directamente a un reconocido método de seguridad en transacciones: nos referimos a la popular tarjeta de coordenadas.

La noticia era tajante: desde agosto de ese año este método dejaría de funcionar con el fin de establecer nuevos estándares “mínimos de seguridad, registro y autenticación” para las empresas del sector financiero.

Agosto de 2026: fecha límite para la tarjeta de coordenadas

Aquella noticia significó un balde de agua fría para miles de consumidores que utilizan este método, y debido a las consecuencias que podría traer su eliminación, la Comisión para el Mercado Financiero decidió aplazar la medida un año más.

¿La razón? Para “facilitar la transición” que conlleva esta decisión, la cual se llevará a cabo finalmente el 1 de agosto de 2026.

De esta forma, el método se podrá seguir utilizando para aprobar transacciones, mientras que los bancos y emisores de pago transitan hacia “sistemas más robustos de autenticación”.

¿Quiénes podrían usar la tarjeta de coordenadas?

Bajo la nueva normativa de Autenticación Reforzada de Clientes (ARC), los bancos están obligados a usar métodos más seguros (como reconocimiento facial o huella digital). No obstante, el regulador permitiría (mediante una consulta) que las entidades financieras mantengan la tarjeta de coordenadas para:

• Adultos mayores.
• Personas con menor acceso a tecnología.
• Usuarios que no manejan aplicaciones móviles.

“De esta manera, se busca evitar que aquellos clientes que presentan dificultades en el reemplazo de sus mecanismos de autenticación, ya sea por problemas de accesibilidad, desplazamiento u otras limitaciones, queden impedidos de realizar operaciones mediante medios digitales”, señala un comunicado de la Comisión para el Mercado Financiero.

Cabe señalar que la decisión final quedará en manos de cada banco, que deberá definir qué clientes cumplen con esos criterios.