Hablar de logística no es hablar solamente de camiones, puertos o trenes. Es hablar de empleo, inversión, crecimiento y oportunidades para miles de familias.

El desarrollo logístico de la región del Biobío no puede seguir siendo visto como una suma de proyectos aislados, sino como una estrategia integral de crecimiento económico, competitividad y generación de empleo para el sur de Chile. Nuestra región tiene las condiciones naturales, industriales y portuarias para transformarse en el principal polo logístico del país y en la puerta de conexión entre el Atlántico y el Pacífico.

El Paso Pichachén representa una oportunidad histórica. Su habilitación definitiva permitirá consolidar un corredor bioceánico que conecte Bahía Blanca con los puertos del Biobío, generando una ruta directa para el comercio internacional.

Además, servirá para transportar por territorio chileno gran parte de la producción frutícola del sur de Argentina, fortaleciendo el intercambio comercial y la actividad logística entre ambos países. Esto no solo reducirá tiempos y costos logísticos, sino que posicionará a nuestra región como un eje estratégico para el intercambio de mercancías entre Sudamérica y los mercados del Asia-Pacífico.

Pero un corredor bioceánico no funciona solo con voluntad política; requiere infraestructura moderna y coordinada. Por eso es fundamental transformar el aeródromo María Dolores de Los Ángeles en un aeropuerto con capacidad de carga y operación comercial permanente. La provincia de Biobío necesita una puerta aérea que complemente el transporte terrestre y ferroviario, permitiendo una verdadera descentralización productiva.

A ello se suma la necesidad de construir una estación de transferencia bimodal en Laja, que permita integrar de manera eficiente el transporte ferroviario y carretero. Esa conexión es clave para reducir costos, descongestionar rutas y aumentar la competitividad de nuestras exportaciones.

En la provincia de Concepción, la Plataforma Logística de Talcahuano debe convertirse en el corazón operativo de todo este sistema. Ahí convergen industria, puertos, ferrocarril y conectividad vial, lo que obliga a pensar en una modernización profunda de la infraestructura existente.

No basta con mantener caminos; se requiere rediseñar corredores capaces de soportar la unión y operación eficiente de los cuatro puertos de la región: Coronel, San Vicente, Talcahuano y Lirquén. A ello se suma el aeropuerto Carriel Sur, que si bien ya posee carácter internacional, debe ser desarrollado de mejor forma para expandir su capacidad de carga y de pasajeros. Por ejemplo, perfectamente puede ser utilizado para el recambio de pasajeros provenientes de cruceros que atraquen en los puertos de Talcahuano o Lirquén.

Por eso resulta indispensable construir el acceso norte ferroviario hacia los puertos, ampliar la Ruta Interportuaria de Talcahuano y avanzar decididamente en obras estructurales como el Viaducto Gaete y la conectividad hacia el Puerto San Vicente. Cada retraso en estas inversiones significa perder competitividad frente a otras regiones y frente a otros países que sí han entendido que la logística moderna es la base del desarrollo económico.

Cabe consignar que todas estas iniciativas se encuentran actualmente en fase de desarrollo. La Ruta Interportuaria y el Viaducto Gaete cuentan con Resolución Satisfactoria para la inversión pública desde marzo de 2026, restando únicamente mantener la decisión de que estas obras se ejecuten mediante el sistema de concesiones del Ministerio de Obras Públicas. Del mismo modo, el acceso norte vía tren se encuentra incorporado en el plan trienal de EFE. Todas estas obras deben ser concluidas más allá del gobierno de turno en que fueron diseñadas.

Hablar de logística no es hablar solamente de camiones, puertos o trenes. Es hablar de empleo, inversión, crecimiento y oportunidades para miles de familias. Cada ruta mejorada, cada conexión ferroviaria y cada nodo logístico genera actividad económica, atrae empresas y fortalece la capacidad exportadora del Biobío. Y eso es lo que la región y Chile requieren: avanzar en proyectos públicos que traerán trabajo y desarrollo, no en leyes retrógradas que solo polarizan y recortan derechos.

La región del Biobío tiene todo para transformarse en la capital logística del sur de Chile. Lo que falta es decisión política para mantener la inversión en proyectos que cambiarán la forma en que entendemos la economía y el desarrollo regional.

Se debe asumir que el Estado es creado precisamente para desarrollar este tipo de obras y no para actuar como un banco que solo busca guardar recursos. Estas iniciativas no son gastos; son inversión estratégica en el futuro del país y de sus familias. La región debe empujar para ser la puerta al mundo.

No podemos consentir en el centralismo logístico. Acá, desde Maule al sur, vivimos más de 7 millones de personas, de consumidores que también tienen necesidades. Tenemos la infraestructura, falta hacer los cambios necesarios para que además de ser región exportadora seamos importadores y no tengamos que depender de la aduana en la zona central.