El estrés, el duelo o la ansiedad no aumentan el riesgo de cáncer. Esa es la principal conclusión del mayor análisis realizado hasta ahora sobre el vínculo entre factores emocionales y esta enfermedad, que revisó datos de más de 420 mil personas.
La creencia de que experiencias difíciles —como perder a un ser querido o vivir bajo presión constante— pueden detonar un cáncer está ampliamente extendida. De hecho, no son pocos los pacientes que se preguntan si su historia personal influyó en su diagnóstico.
Sin embargo, la evidencia científica más reciente apunta en otra dirección.
El mayor estudio sobre factores psicosociales y cáncer
Un consorcio internacional, liderado por el Centro Médico Universitario de Groningen (Países Bajos), analizó información de 421.799 personas en el marco del proyecto PSY-CA (Factores Psicosociales y Cáncer).
El estudio, publicado en la revista científica Cancer de la Sociedad Americana del Cáncer, evaluó variables como apoyo social percibido, pérdida de un ser querido, estado civil, rasgos de personalidad como el neuroticismo y niveles generales de malestar emocional.
¿El resultado? Ninguno de estos factores se asoció con un mayor riesgo de desarrollar cáncer, ni en términos generales ni en tipos específicos como mama, próstata o colorrectal.
“Nuestros hallazgos no respaldan la idea de que una mala salud mental o el estrés aumenten el riesgo de cáncer”, explicó la autora principal, Lonneke A. van Tuijl.
La excepción: cáncer de pulmón… aunque por factores asociados
El análisis sí detectó una aparente relación entre algunos factores psicosociales —como la soledad, no tener pareja o haber sufrido una pérdida— y un mayor riesgo de cáncer de pulmón.
Pero esta asociación se debilitó significativamente al ajustar por factores conocidos, como el tabaquismo o los antecedentes familiares.
Es decir, no era el estrés en sí el que explicaba el riesgo, sino conductas asociadas.
Lo que realmente aumenta el riesgo de cáncer
Según los investigadores, los factores que sí tienen evidencia sólida siguen siendo los ya conocidos:
– Consumo de tabaco
– Alcohol
– Sedentarismo
– Obesidad
– Antecedentes familiares
“Muchos de los pequeños efectos observados se explican por comportamientos poco saludables”, añadió la investigadora.
A diferencia de los factores emocionales, estos riesgos están ampliamente documentados y son la base de las políticas de prevención en salud pública.