La Kings League vuelve a quedar en el centro de la tormenta. La competición impulsada por Gerard Piqué enfrenta una nueva crisis reputacional después de que se viralizaran en redes unos audios atribuidos al árbitro Joan Fábregas, captados presuntamente durante un directo en el que no sabía que su micrófono seguía abierto.
Las palabras del colegiado, consideradas machistas por buena parte de la comunidad, provocaron una oleada inmediata de indignación entre aficionados, equipos y jugadoras de la Kings y Queens League.
“A mí no me gustaba normal, pero en una jugada que me protestó, ahí me puse cachondo. Chutó un penal, fue al palo, le rebotó a la misma y pité indirecto y ella no lo entendía”, se escucha en uno de los fragmentos que más repercusión han tenido en redes sociales.
En otro de los audios, además, Fàbregas habla de la entrenadora de uno de los equipos: “Me rayo que flipas porque, claro, una compañera de trabajo. No me gustó tanto porque no estaba tan buena“, dice fuera de cámara pero con el micrófono abierto.
La polémica escaló en cuestión de horas hasta obligar a la competición a reaccionar públicamente. A través de un comunicado oficial, la Kings League confirmó la apertura de una investigación interna y la puesta en marcha de medidas disciplinarias contra los implicados.
“Desde el primer momento, estamos llevando a cabo una investigación interna para aclarar lo ocurrido. En consecuencia, ya se ha abierto el correspondiente expediente disciplinario a las personas implicadas, que podría derivar en sanciones, incluida la suspensión de empleo y sueldo de manera inmediata”, apuntó.
El caso también encontró respuesta dentro del vestuario. La delantera gallega Mari Paz Vilas, histórica referencia del fútbol femenino español y actual jugadora de Pío Femenil, mostró públicamente su malestar tras la difusión de los audios.
La atacante, que dejó el fútbol profesional en 2023 para incorporarse al proyecto de la Queens League -primero en Porcinas, el equipo presidido por Ibai Llanos- se sumó a las voces críticas ante un episodio que amenaza con abrir un nuevo debate sobre los límites del espectáculo y la gestión interna de la competición.