El Rutgers Center for Gambling Studies analizó, por encargo del regulador de Nueva Jersey, todas las apuestas deportivas online del estado durante 2019. El 5% de los apostadores concentró casi el 70% de la plata apostada. La industria de apuestas online no vive del jugador ocasional. Vive del adicto.

Ese modelo se tomó la publicidad del Mundial que acaba de terminar. En la señal chilena, Betano, Betsson, Betwarrior y Bplay acumulan el 17,3% de todos los avisos. Durante el “break de hidratación”, 3 de cada 10 comerciales eran de apuestas. En redes lo bautizaron como “el Mundial de la ludopatía”.

Sus externalidades son de las peores que puede generar una industria. La Lancet Public Health Commission on Gambling, publicada en octubre de 2024, entregó los datos globales. 450 millones de adultos en el mundo sufren consecuencias directas por apostar. Las pérdidas de los apostadores llegarán a US$700 mil millones al año en 2028. Más del doble del PIB de Chile. La misma Comisión concluye que la adicción a las apuestas online aumenta directamente el riesgo de suicidio, violencia doméstica y ruina familiar.

Las plataformas online eliminaron la barrera física del casino tradicional. Ya no hay que viajar, vestirse ni cruzar una puerta con guardias. Menos identificarse. Tienes un casino en el bolsillo 24/7. Se apuesta desde la cama, mientras se ve el partido en vivo. Así de simple.

En Chile se estima que más de 5 millones de personas apuestan online. El 80% de esa actividad ocurre en un mercado gris que no paga impuestos ni responde ante ningún regulador local. Un estudio de la Universidad San Sebastián mostró que el 11% de los jóvenes chilenos entre 12 y 17 años apostó online en los últimos 12 meses. A los 16 años, la sola exposición a los anuncios eleva en 54% la probabilidad de convertirse en un apostador recurrente. Un nuevo adicto a las apuestas deportivas, con consecuencias nefastas para su calidad de vida futura y para el país. Comparable al opio, y sus nefastas consecuencias, en la China del 1800.

No me mal interpreten. Soy defensor del libre mercado. Pero cuando una actividad empresarial genera externalidades de esta magnitud sobre la salud pública, la regulación no es opcional. El Reino Unido, Australia y Alemania, economías abiertas y liberales, tienen marcos estrictos sobre publicidad, edad mínima y protección al jugador. Chile no tiene nada de eso.

El proyecto de ley lleva más de cuatro años dando vueltas en el Congreso. El Presidente Piñera lo ingresó en marzo de 2022. El gobierno anterior le puso urgencia varias veces sin destrabarlo. Sigue entrampado en el Senado con más de 570 indicaciones. Y las casas de apuestas siguen ahí, tomándose la parrilla publicitaria del Mundial sin licencia, sin verificación de edad y sin advertencias sanitarias. Sin control alguno. Inaceptable.

Con la plata que mueve esta industria y el poder que ejerce sobre los medios que dependen de su inversión publicitaria para subsistir, el lobby detrás de todo esto tiene que ser feroz.

Nuestras autoridades deben tomar en consideración que en este negocio, la casa no gana. La casa arrasa. Y mientras el Congreso discute la tasa impositiva, cada semana se instala un casino más en el bolsillo de otro joven chileno.

Arturo Herrera
Socio INNSPIRAL

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