¿Qué país queremos construir si no somos capaces de sostener en el tiempo la investigación que puede abrir nuevas respuestas para la salud y el bienestar?

El lanzamiento del nuevo Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso constituye, para quienes hemos sido parte de esta historia, una inmensa alegría. No se trata solo de la inauguración de una nueva etapa administrativa o institucional. Es, sobre todo, la confirmación de una trayectoria científica construida durante años desde Valparaíso, desde una universidad pública y desde una región que ha demostrado contar con capacidades de excelencia para aportar al desarrollo del conocimiento.

Si miramos la historia reciente de la ciencia en Chile, este hito tiene un valor especial. El CINV-UV se consolida como un Instituto Milenio adjudicado a una institución pública fuera de Santiago, lo que representa un orgullo no solo para quienes investigamos en este centro, sino también para la Universidad de Valparaíso y para toda la región. En un país que todavía arrastra fuertes centralismos, recuperar y proyectar un centro de estas características desde Valparaíso es una señal poderosa: la ciencia de excelencia también se construye desde los territorios.

Una de las características fundamentales de este centro ha sido siempre la calidad de su investigación. Sin embargo, esta nueva etapa abre un desafío aún mayor: proyectar esa ciencia básica hacia problemas concretos de salud. Hoy hablamos de neuroinflamación, un fenómeno complejo que podría estar relacionado con diversas enfermedades que afectan profundamente la vida de las personas. Comprender cómo se originan estos procesos, cómo se sostienen en el tiempo y cómo impactan en el organismo es una tarea científica de enorme relevancia.

¿Puede existir innovación real sin una ciencia básica sólida, paciente y sostenida en el tiempo? La historia de la ciencia demuestra que no. Las grandes aplicaciones, aquellas que cambian la medicina, la tecnología y la vida cotidiana, nacen muchas veces de preguntas fundamentales que en su origen parecían lejanas de toda aplicación inmediata.

La ciencia básica suele ser incomprendida. Muchas veces se le exige una aplicación inmediata, como si el conocimiento tuviera valor solo cuando se transforma rápidamente en un producto o tratamiento. Pero la historia de la ciencia nos muestra exactamente lo contrario: las grandes aplicaciones, aquellas que cambian la medicina, la tecnología y la vida cotidiana, nacen de preguntas fundamentales. Antes de llegar a los hospitales, antes de convertirse en terapias o soluciones, el conocimiento debe construirse con paciencia, rigor y colaboración.

Por eso, este Instituto Milenio representa una doble alegría. Por una parte, es el triunfo de la ciencia básica, de esa investigación que busca comprender los mecanismos profundos de la vida. Por otra, es también la posibilidad de que ese conocimiento se proyecte hacia la sociedad, especialmente en un ámbito tan sensible como la salud.

Durante la ceremonia de lanzamiento realizada la última semana de abril 2026, pudimos conocer testimonios que muestran justamente ese horizonte: el de una ciencia que, partiendo desde el laboratorio, puede abrir caminos hacia futuras aplicaciones. Son experiencias que deben seguir siendo estudiadas con rigurosidad, evidencia y responsabilidad, pero que muestran con claridad por qué es tan importante sostener centros científicos capaces de mirar más allá de lo inmediato.

Cuando un conjunto de científicos y científicas se reúne en torno a una pregunta común, ocurre algo muy valioso: las capacidades se potencian. La colaboración permite mirar un mismo problema desde distintas perspectivas, integrar disciplinas, formar nuevas generaciones y construir respuestas más sólidas. Esa ha sido parte de la historia del CINV-UV y será también uno de los pilares de esta nueva etapa como Instituto Milenio.

Hoy celebramos, entonces, mucho más que una adjudicación. Celebramos la continuidad de una comunidad científica, la confianza en la investigación realizada desde regiones y la posibilidad de que la ciencia chilena siga aportando al bienestar de las personas.

¿Qué país queremos construir si no somos capaces de sostener en el tiempo la investigación que puede abrir nuevas respuestas para la salud y el bienestar? Desde Valparaíso, este nuevo Instituto Milenio nos recuerda que la ciencia básica no está lejos de la sociedad. Al contrario, es una de las formas más profundas de servirla.

Dr. Ramón Latorre
Premio Nacional de Ciencia (2002)
Investigador principal del Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso, CINV-UV

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