Por
Sebastián Sichel
Alcalde de ÑuñoaGustavo Alessandri
Alcalde de Zapallar
¿Les parece razonable que seamos uno de los países con más ministerios per cápita? ¿O que para que los recursos públicos lleguen a un vecino deban pasar por tres o cuatro instancias burocráticas de aprobación?
A esta altura, el dilema entre izquierdas y derechas extremas, sobre debatir si se necesita más Estado o menos Estado, es anticuado y estéril. El desafío es cómo construimos un mejor Estado. Y para eso, lo primero es determinar qué no hay que hacer y eso es recortar el gasto social.
La red de apoyo social en Chile es precaria. Cada peso que llegue al bolsillo de quien lo necesita es un paso hacia una sociedad más justa. Ahí es donde el Estado debe dejar de apretar los bolsillos a las personas y apoyar de forma directa. Algunas ideas concretas: devolver el IVA de los medicamentos a la clase media y baja, y aumentar las transferencias directas para complementar sueldos.
Chile no es Argentina. Acá lo que faltan son subsidios y apoyo para quienes no llegan a fin de mes. El Estado no debe dejar solas a las personas. Programas esenciales como la alimentación escolar, el Programa Lazos, el Ajuar o el Chile Crece Contigo son clave en comunas donde escasean los recursos.
El problema no está en los programas, sino en la cantidad de intermediarios que participan en su ejecución. Es hora de revisar cuántos funcionarios intervienen en cada decisión. Una medida concreta y urgente es reducir la cantidad de seremías, gobiernos regionales y funcionarios ministeriales que intermedian cada suscripción de transferencias hacia las municipalidades.
¿Cuántos más recursos llegarían a las personas si esos fondos se traspasaran directamente a los municipios, sin esa burocracia? Se estima que el costo operacional de cada uno de estos programas en el nivel central supera el 20%. Imaginen lo que significaría invertir ello en las familias que lo necesitan.
¿Tiene sentido sostener casi mil funcionarios del Injuv cuando cada municipio cuenta con un departamento de la juventud? El Injuv destina el 90% de su presupuesto a sueldos y gastos operacionales, lo que significa que menos del 10% llega a los jóvenes. Lo mismo aplica a cualquier programa nacional que gasta más en funcionarios que en transferencias.
Los municipios estamos sujetos a las mismas normas de control que el poder central, y estamos disponibles para avanzar en más y mejores controles que nos hagan cada vez más transparentes y eficientes.
En esta misma línea, estamos expectantes ante una de las propuestas del Presidente Kast: la reducción de ministerios. Ahí sí hay gasto que ahorrar y burocracia que eliminar. Desde lo local, resulta absurdo el nivel de ministerios que hemos acumulado mucho más que los países de la OECD y que países de nuestro tamaño, y ese exceso demuestra la ineficiencia y el nivel de burocracia al que estamos sometidos los municipios para aprobar planes o ejecutar recursos.
Se debe avanzar hacia un modelo de 15 ministerios. Fusionar carteras como Interior, Segpres y Segegob en un único Ministerio de Coordinación Política; agrupar todas las áreas económicas —agricultura, energía, economía y minería— en un Ministerio de Industrias; hacer lo mismo en las áreas social y de infraestructura. Un sistema que ha engordado el Estado en el nivel central mientras debilita y confunde a los municipios, que somos quienes ejecutamos las políticas y estamos más cerca de los ciudadanos.
Y aún queda otra capa de burocracia por reformar. ¿Les parece razonable que los municipios seamos rehenes del Fondo Común Municipal para funcionar? ¿O que seamos el único servicio público que depende de un tributo —las contribuciones— para financiar su operación?
¿Es posible gastar menos? Por supuesto. Pero empecemos por donde sobran los recursos: la burocracia central y el exceso de ministerios. Y no toquemos un peso del gasto social. Ahí es donde más nos necesitan los ciudadanos.
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