No se trata de quitarle méritos a esfuerzos y logros personales, por supuesto, pero la evidencia científica es clara. El talento no ocurre en un vacío: requiere de un impulso individual, pero también de condiciones que lo hagan posible. Y los programas de talento cumplen este rol catalizador. Sin embargo, debido a recortes presupuestarios y anuncios recientes, su continuidad se encuentra gravemente afectada.

Quizás no es vox populi, pero se sabe que Lady Gaga —también conocida como Stefani Germanotta— estuvo en un programa de talento, el renombrado Center for Talented Youth de la Universidad Johns Hopkins. ¿Hubiera alcanzado la fama actual sin este programa? No lo sabemos, y probablemente sea imposible dimensionarlo.

Lo que sí se sabe es que, al igual que muchos otros niños, niñas y adolescentes, la joven Stefani era una estudiante AC (alta capacidad), que refiere a un potencial intelectual superior a los pares etarios, que se manifiesta de forma diversa y no siempre visible de forma tradicional. Su desarrollo depende de las oportunidades y apoyos que ofrece el entorno. Y Stefani, asistiendo a CTY, tuvo acceso a oportunidades de desarrollo del talento que posiblemente no existían en su escuela.

Lo mismo ocurre en nuestro contexto local con Teresa Paneque (@terepaneque), quien tuvo la oportunidad de ser estudiante en PENTA UC, uno de los siete programas de talento que existen en Chile y cuya existencia se remonta al año 2001. Tere tuvo un paso exitoso por la astronomía, ha sido beneficiaria de prestigiosas becas internacionales y actualmente es profesora asistente en la University of Michigan. Además, es escritora, divulgadora científica, comunicadora y receptora de varios premios a nivel internacional.

No se trata de quitarle méritos a esfuerzos y logros personales, por supuesto, pero la evidencia científica es clara. El talento no ocurre en un vacío: requiere de un impulso individual, pero también de condiciones que lo hagan posible. Y los programas de talento cumplen este rol catalizador. Sin embargo, debido a recortes presupuestarios y anuncios recientes, su continuidad se encuentra gravemente afectada.

La evidencia chilena, desarrollada a través de numerosos proyectos y publicaciones, muestra que los programas de talento cumplen precisamente ese rol al ofrecer oportunidades de enriquecimiento, profundización y desafío intelectual que no suelen estar disponibles para todos por igual.

En el contexto chileno, estas iniciativas -focalizadas en escuelas y liceos de Chile- amplían y complejizan la experiencia de aprendizaje de los estudiantes, ajustándose a sus ritmos e intereses, lo que se asocia con mayores niveles de motivación y compromiso académico.

Al mismo tiempo, generan espacios de interacción y reconocimiento entre pares con intereses similares, contribuyendo a su desarrollo social y emocional. En esta línea, los programas no solo potencian habilidades cognitivas, sino que configuran entornos que permiten que ese potencial efectivamente se despliegue y se sostenga en el tiempo, incluso en la educación superior.

Podemos pensar por supuesto, en adaptar, adecuar la educación regular en un marco de educación inclusiva. Es lo que debiese pasar. Pero mientras eso no ocurra, los programas de talento siguen siendo lo que sostiene el desarrollo de la alta capacidad en Chile. Sin ellos, alrededor de 2500 estudiantes se quedan sin oportunidades reales de potenciar su talento.

Esto no es algo que Chile pueda permitirse.

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