Los datos muestran fragilidad del mercado laboral e ignorar estas señales sería un error. Las crisis suelen gestarse lentamente.

El mercado laboral está en una crisis silenciosa, caracterizada por un crecimiento débil del empleo formal, aumento de la informalidad y persistencia de brechas estructurales en la participación laboral.

Los datos muestran un deterioro paulatino en varios indicadores clave que, observados en conjunto, revelan un escenario de creciente fragilidad. En el trimestre móvil terminado en enero 2026, la tasa de desocupación alcanzó 8,3%, aumentando 0,3 puntos porcentuales en doce meses y consolidándose nuevamente por sobre el umbral del 8%.

Más preocupante aún es que el número de personas desocupadas creció 4,8% anual, una expansión bastante mayor que el aumento del empleo, que apenas alcanzó 1,2%. Pero al desagregar las cifras aparecen señales aún más preocupantes.

Las mujeres muestran una situación crítica. Si bien su tasa de desempleo disminuyó en el último año, sigue siendo más alta que la masculina. Actualmente alcanza 8,7%, frente al 8,0% en los hombres. Sin embargo, cuando se analizan indicadores más amplios de subutilización laboral, la brecha de género se vuelve mucho más evidente.

La tasa combinada que incluye desempleo y fuerza de trabajo potencial —personas disponibles para trabajar pero que han dejado de buscar trabajo— llega a 19,8% en las mujeres, frente a 14,7% en los hombres. En otras palabras, cerca de una de cada cinco mujeres enfrenta algún grado de exclusión del mercado laboral.

Un segundo elemento crítico es la calidad del empleo. El crecimiento de la ocupación en el último año estuvo impulsado principalmente por trabajadores por cuenta propia (4,0%) y asalariados informales (6,5%). Paralelamente, el empleo asalariado formal prácticamente no creció e incluso registró retrocesos. Así, la tasa de informalidad alcanza 26,8%, con un aumento anual de 0,5 pp. Esto significa que una parte importante de los nuevos puestos de trabajo corresponde a ocupaciones de baja estabilidad, menor protección social y menor productividad.

A esto se suma un tercer factor, la desaceleración en la creación de empleo asalariado privado. El crecimiento de este tipo de empleo se redujo a 1,0% anual -por debajo del 1,7% observado el mes anterior-, uno de los ritmos más débiles desde 2023.

Cuando el empleo asalariado pierde dinamismo, el mercado laboral tiende a desplazarse hacia el trabajo independiente y la informalidad, tal como ya está ocurriendo. Indicadores sugieren que este avance se concentra en sectores de servicios y en categorías ocupacionales más precarias. De hecho, la expansión del empleo femenino ha estado fuertemente asociada a servicios administrativos, comercio y actividades de baja productividad.

Los datos muestran fragilidad del mercado laboral e ignorar estas señales sería un error. Las crisis suelen gestarse lentamente. Estas cifras son un desafío para el gobierno entrante, el que debe incentivar la creación de puestos de trabajo, en especial, en las Pymes, con medidas como subsidios a la contratación e incentivos tributarios.

Al mismo tiempo se debe conectar la formación laboral con las necesidades reales de las empresas, con el fin de recuperar el empleo.

Gustavo Díaz
Economista
Instituto Libertad

Nuestra sección de OPINIÓN es un espacio abierto, por lo que el contenido vertido en esta columna es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de BioBioChile