La presencia del gobierno de Kast en La Moneda, quien amenaza con recortar la gratuidad, retirar la alimentación a escolares, frenar el alza del sueldo mínimo y profundizar la presencia de los bancos en la educación, vuelve aún más necesaria una FECh que responda con claridad en defensa de los intereses de la mayoría, que son, a su vez, las causas de los estudiantes de nuestra universidad.

Hoy, a 120 años del nacimiento de la primera federación universitaria del país, forjada al calor del ejercicio del rol público en unos trabajos voluntarios de emergencia en el Valparaíso de 1906, nos encontramos en una clara disyuntiva.

Si la FECh se reactivará en la senda de ser un motor de transformación social y nacional, de defensa y profundización de los derechos sociales. O, por el contrario, cederá al canto de sirena que trata de empujar hacia la gremialización, y la retórica de una representación estudiantil distribuidora de servicios. Que podrá ser eficaz discursivamente en el corto plazo, pero totalmente perjudicial en el mediano y largo plazo.

Así, estos últimos dos años sin una mesa federativa, al contrario de lo que varios podrían esperar, no ha significado necesariamente una desarticulación social, o una pasividad por parte de la comunidad estudiantil, sino que las Secretarías FECh están pasando por su mejor momento en años, se han extendido las organizaciones de base y los focos de movilización -si bien con poca confluencia- no han cesado a la luz de las desigualdades.

Esto se demuestra en la marcha del 26 de marzo, dónde organizados por campus, facultad o carreras, concurrimos miles de estudiantes de la Chile en un primer acto de defensa de la educación pública, frente a un gobierno que amenaza con desarticular los cimientos de lo público.

En contraste, la articulación universitaria no pasa por sus mejores días, si bien la CONFECh convocó a un primer encuentro nacional estudiantil que significó la asistencia de cientos de estudiantes de base, a nivel organizativo eso se tradujo vagamente en la asistencia de nueve de las casi cincuenta federaciones nacionales.

Junto a ello la síntesis, que si bien reafirmaba ciertas consignas históricas frente a la llegada del gobierno de la ultraderecha, no contaba con una traducción concreta de movilizaciones o hitos más allá de lo declarativo.

He aquí dónde necesitamos la herramienta movilizadora que significa la FECh, buscando fortalecer y profundizar el camino que otras federaciones, cómo la FEUSACh, ya han tomado, al llegar a entendimientos con secundarios, organizaciones de base, entre otros, que dieron el puntapié a la organización de la primera movilización nacional estudiantil frente al inmovilismo de la CONFECh que, a la luz de los hechos, podría ser la norma.

La presencia del gobierno de Kast en La Moneda, quien amenaza con recortar la gratuidad, retirar la alimentación a escolares, frenar el alza del sueldo mínimo y profundizar la presencia de los bancos en la educación, vuelve aún más necesaria una FECh que responda con claridad en defensa de los intereses de la mayoría, que son, a su vez, las causas de los estudiantes de nuestra universidad.

La falta de financiamiento en infraestructura, la negativa a contratar psicólogos que mitiguen la crisis de salud mental, la indisponibilidad de recursos para casinos que aseguren una alimentación digna, y cientos de problemáticas que vivimos localmente que, si bien en parte se pueden avanzar desde la interna de la universidad, casi la totalidad está supeditada al escenario nacional. Sin esa resolución sólo será posible parchar, durante un tiempo, una crisis universitaria que es multifactorial y estructural.

De esta manera, enfrentados al primer proceso electoral tras dos años sin un proceso federativo de estas magnitudes, queda claro que, enmarcados en el contexto de asedio a la educación pública, nuestra federación no puede limitarse a ser un chivo expiatorio de la institucionalidad que pretenda cubrir, a medias, las herramientas y recursos que el sistema debe asegurar. Ni mucho menos aspirar a vagos entendimientos o acuerdos con la expresión más radical de neoliberalismo desde la dictadura, como tampoco podrá ser una vocería externa disociada de la cotidianidad de la universidad.

La FECh que va a conectar la Chile es aquella que se inserta en la comunidad, que es determinante en mejorar las condiciones de estudio, que habilita las herramientas para fortalecer las organizaciones estudiantiles, que coordina los esfuerzos colectivos activamente en rechazo a las medidas anti-pueblo y pro-empresarios del gobierno de Kast, dejando de lado cualquier inmovilismo, y que levanta nuestro rol público bajo la idea de una FECh para Chile y la Chile.

Monserrat Lagos Moreno
Estudiante de Derecho de la Universidad de Chile
Candidata a vicepresidenta FECh – Lista “Conectemos la Chile”

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