Es este escenario el que nos convoca a reflexionar en torno a las decisiones sobre los usos del territorio, considerando debidamente los roles naturales de los mismos, especialmente las ventajas comparativas, desde una mirada global y siempre integrando a los habitantes de las zonas de interés.

Es una costumbre nacional que en los meses de febrero de cada año, en Chile se presentan distintos foros en los cuales se reflexiona respecto al éxito o fracaso de la temporada estival, en cuanto a la producción de la industria del turismo nacional. Preguntas recurrentes son ¿cuál fue la ocupación hotelera?, ¿cuántos turistas cruzaron la frontera? y ¿cuántos millones de dólares quedaron en Chile?.

Como antecedente debemos considerar que en 2025 Chile nuevamente destacó como el Mejor Destino de Turismo Aventura del mundo, por séptima vez obtuvo el Oscar del turismo en los World Travel Awards. Dentro de los elementos más importantes de la evaluación se encuentra el patrimonio natural, la sostenibilidad y los paisajes. Ahora bien, tenemos que otro aporte no menor en esta línea es que Chile cerró 2025 con más de 6 millones de turistas, logrando su mejor año desde 2017.

Según el conocido medio Forbes, la Patagonia chilena se sitúa como una zona líder en turismo de lujo a nivel iberoamericano, destacando nuevamente por la naturaleza extrema y confort en Torres del Paine. Además el país ha sido reconocido en Sudamérica como mejor destino verde, mejor destino romántico por San Pedro de Atacama y mejor destino de cruceros.

Este sector económico tan citado en el verano nacional, es de importancia a nivel global, tanto así que se estima que el sector de viajes y turismo representa cerca del 10.3% del PIB global. En el caso de Chile, de acuerdo a la Subsecretaria de Turismo, este sector presenta una contribución estimada en torno al 3% del PIB nacional.

Es este escenario el que nos convoca a reflexionar en torno a las decisiones sobre los usos del territorio, considerando debidamente los roles naturales de los mismos, especialmente las ventajas comparativas, desde una mirada global y siempre integrando a los habitantes de las zonas de interés.

Chile presenta actividades claves a nivel global, como lo son la minería, la astronomía, la generación de energías renovables no convencionales, las cuales deben ser implementadas en el territorio de acuerdo a un análisis integral priorizado. En otras palabras, somos líderes a nivel mundial de un número acotado de actividades. Deberíamos potenciarlas.

Considerando debidamente la diversidad establecida dentro de los principales sectores que aportan al PIB de Chile, a decir Sector Servicios (64% aprox.), Sector Industrial y Minería (30% aprox.) y Sector Agrícola (4,3% aprox.), se evidencia un patrón heterogéneo que hace relevante el poder articular su incidencia en el territorio y una de las herramientas pertinente para estos fines corresponde al Ordenamiento Territorial.

Esta herramienta, integrante del abanico de instrumentos de la geografía, corresponde a un proceso político y técnico, que planifica y gestiona el uso del suelo y los recursos naturales de manera sostenible, considerando los roles naturales del territorio e incorpora a la población que habita estos como variable determinante. Este instrumento es una herramienta óptima, pero tras la entrega de sus resultados, es el poder político el que debe tomar las decisiones para ejecutar y lograr la sostenibilidad de los territorios.

Por lo anteriormente establecido, es crítico para alcanzar el desarrollo sostenible de Chile, a decir crecer económicamente, lograr la equidad social y la protección del medio ambiente, tomar las decisiones políticas correctas en torno a cuál será la estrategia del país, para hacer frente a su integración global, considerando el tamaño de nuestra economía, las necesidades sociales urgentes de tratar como es salud, vivienda, educación y empleo, además de las ventajas comparativas de nuestro territorio.

Si consideramos grandes indicadores, deberíamos reforzar el análisis del territorio y la definición de sus usos en torno a fortalecer el desarrollo turístico, por los antecedentes presentados al principio. Así también fortalecer el desarrollo del sector minero, por su rol como uno de los principales productores mundiales de cobre (N°1), Molibdeno (N°1) y Litio (N°2). Considerando también las reservas mineras y su correspondiente aporte el PIB como sector, que equivale a un 11% directo y un 21% con efecto multiplicador.

Respecto a la astronomía, Chile concentra cerca del 40% de la capacidad de observación astronómica terrestre. Lo anterior determinado por las ventajas comparativas del desierto de Atacama, que presenta baja humedad, adecuada altitud y un importante número de noches despejadas. Es por estas características propias de este territorio que el país aloja observatorios de importancia global, como ALMA (radiotelescopio más grande), Paranal, La Silla y el futuro Extremely Large Telescope (ELT).

Por lo anteriormente expuesto, las autoridades políticas deben generar foros integrales entre los sectores productivos, academia, organismos públicos y comunidad, para que “perdamos el miedo” al desarrollo de una discusión constructiva en torno a cuáles actividades priorizaremos en el territorio con el objetivo de alcanzar el desarrollo sostenible de Chile.

Ya contamos con una herramienta poderosa como lo es el ordenamiento territorial y profesionales expertos, ahora solo nos resta tomar las decisiones de alto nivel para utilizarla de una manera valiente, eficaz y democrática.

David Videla Pérez
Geógrafo, Universidad de Chile.
Magíster Medio Ambiente, Universidad de Santiago.
Doctorando en Medio Ambiente, Universidad de Zaragoza.
Docente Escuela de Gobierno, Universidad de Chile.

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