Estos cambios no benefician a ningún gobierno en particular, sino que son fundamentales para una mejor democracia.

Este mes continuará la discusión en el Congreso de dos proyectos de ley que concretarían una necesaria reforma al sistema político. El objetivo: mejorar la gobernabilidad y representación política, junto con aumentar la disciplina legislativa.

Luego de dos procesos constitucionales fallidos, múltiples debates y diferentes propuestas, este verano tenemos la última “ventana de oportunidad” para hacer viable una reforma de estas características.

Como eventualmente se podrían afectar los intereses de los legisladores, siempre es difícil hacer innovaciones de esta naturaleza. Pero, con congresistas que no se presentaron para seguir en su cargo y otros que perdieron su reelección, hoy la “calculadora personal” tiene menos peso y es posible efectuar un cambio de reglas para los siguientes años.

En este contexto, el Senado aprobó recientemente el proyecto de ley impulsado por el Ejecutivo que eleva los requisitos para constituir partidos políticos, pone mayores limitaciones para acceder a financiamiento público y eleva a rango legal los comités parlamentarios, entre otros cambios.

Ahora, la iniciativa pasó a la Cámara de Diputados en segundo trámite constitucional. Y también en la Cámara está la iniciativa que establece un umbral de entrada y determina la pérdida del cargo para los parlamentarios que renuncien al partido que los presentó como candidato.

Estas modificaciones son importantes para tener un sistema político más ordenado y que premie menos el personalismo.

En estos últimos dos períodos presidenciales ha sido evidente la dificultad de formar mayorías producto de la excesiva cantidad de partidos con representación y la falta de sanciones para evitar el discolaje. Si bien en la legislatura que comenzará en marzo habrá menos partidos con representación que en los períodos anteriores, sin nuevas reglas, nada impide que el desorden y la fragmentación nuevamente se imponga.

Por ello, es fundamental agotar todos los esfuerzos entre Gobierno, oficialismo y oposición para avanzar con los proyectos señalados, pues abordan diferentes dimensiones que hoy no funcionan adecuadamente. Estos cambios no benefician a ningún gobierno en particular, sino que son fundamentales para una mejor democracia.

La reforma al sistema político no es solo una preocupación académica ni de élites. Debería ser considerada como una prioridad ciudadana fundamental, pues lograr los objetivos propuestos como fortalecimiento de la institucionalidad de los partidos, mantener la disciplina en los cargos y evitar la fragmentación que dificulta acuerdos, contribuye para responder oportunamente a las demandas de la sociedad.

Pablo Rodríguez
Hugo Jofré
Investigadores
Instituto Libertad

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