No hay ningún colegio público, lo que es un duro golpe a los esfuerzos que miles de profesores y estudiantes de nuestras regiones y sus familias hacen, por alcanzar la promoción social y el desarrollo exitoso de nuestra juventud.

En 2024, en este mismo espacio, bajo el título: “El rol de la academia en la educación escolar pública, un compromiso de responsabilidad social”, analizábamos que la matrícula de estudiantes provenientes de la Educación Pública que ingresó la Fac. de Cs. Biológicas de la U. de Concepción había llegado a un mínimo de un 8% del total de alumnos.

Más recientemente, en mayo de 2025 discutíamos en la columna: “Educación pública y financiamiento, una discusión que exige altura”, sobre el término del CAE y el cuantioso uso de recursos públicos en la Educación superior, siempre necesarios.

Sin embargo, veíamos como la Educación Pública se doblegaba frente a la presencia poderosa de los sistemas de educación particulares, con proyectos educativos definidos, claros y con proyección de largo plazo.

Hoy con estremecimiento vemos que entre los 100 primeros colegios en la PAES hay solo uno público: Augusto D’Halmar (Nuñoa), el 66% son particulares pagados de la Metropolitana y del total, el 8% representan las regiones de Ñuble y Biobío bajo el mismo sistema.

No hay ningún colegio público, lo que es un duro golpe a los esfuerzos que miles de profesores y estudiantes de nuestras regiones y sus familias hacen, por alcanzar la promoción social y el desarrollo exitoso de nuestra juventud.

La Universidad de Concepción, por medio de la coordinación de la Facultad de Ciencias Biológicas y la cooperación de un importante número de facultades, ha trabajado arduamente por apoyar la educación pública de las regiones, especialmente en un trabajo mancomunado con el Servicio de Educación Pública Andalién Sur.

Se trata de un programa que ha apoyado ya desde hace 11 años a profesores y estudiantes de la educación pública en despertar vocaciones científicas, compromiso social con sus comunidades, identidad territorial y a encender la llama del “sí se puede”.

Nos enorgullece ver la motivación de las y los profesores que participan de nuestros programas de capacitación, de la alegría de los niños y niñas al presentar sus trabajos científicos en las ferias de sus colegios o en el Concurso “Científicos del Futuro” que desarrollamos cada año en la Facultad.

Claramente, no es suficiente. Late silente, en lo profundo de nuestra sociedad penquista y ñublense, la necesidad de que la academia, en conjunto con las autoridades regionales y locales, trabajemos con mayor intensidad y sin descanso por focalizar los recursos económicos en quienes tendrán en sus hombros el desarrollo de nuestras regiones, de quienes saben y sienten el poder del centralismo que impide un desarrollo con equidad, con justicia.

Nuestra juventud necesita ver que nos juguemos el todo por ellos, por su futuro, por nuestro futuro, y que demos discusiones profundas, sin sesgos por contribuir al fortalecimiento de nuestra educación pública, para que las crueles estadísticas que vemos año a año en el proceso de acceso a la Educación Superior no sean el diagnóstico anticipado del futuro de nuestros estudiantes de la Educación Pública.

Esa es la vocación con la cual debemos trabajar sin descanso desde la academia, por concientizar a la sociedad de una tarea que aún tenemos pendiente.

Dr. Jorge Fuentealba Arcos
Profesor Titular
Fac. Cs. Biológicas
Universidad de Concepción

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