A nivel mundial el recurso productivo de mayor trascendencia es el suelo, y de igual modo la preocupación por su conservación es infinita. Estamos hablando de países desarrollados de Norteamérica y Europa que han sabido diseñar y ejecutar políticas públicas para evitar la degradación de sus suelos por erosión hídrica en forma eficiente y participativa.

La erosión es un proceso natural que ocurre en el suelo, gatillado por agentes como el agua o el viento, pero que en ambientes agrícolas, forestales, espacios naturales e incluso urbanos se incrementa por el mal manejo que hace el hombre de los suelos, debido a las actividades productivas que éste recurso sustenta. La extracción de vegetación nativa para ampliar el horizonte agrícola, el sobrepastoreo de praderas, la tala rasa de bosques y plantaciones forestales, la construcción de caminos sin medidas de protección de taludes, la minería y la habilitación de infraestructura urbana sin estrategias de control de erosión son algunas de las actividades que ocasionan desprendimiento, transporte y sedimentación de partículas elementales del suelo, como las arenas, los limos y las arcillas causando el deterioro del recurso y volviéndolo improductivo. Sin embargo el pecado mayor ha sido de las autoridades y gobiernos que no han sabido valorar la importancia productiva, económica y ambiental de éste recurso permitiendo que se siga deteriorando en forma acelerada, donde la producción de alimentos y las funciones ambientales del suelo son las actividades más perjudicadas.

El Ministerio de Agricultura a través de los servicios que lo conforman (SAG, CONAF, INDAP, ODEPA, CIREN) se preocupan en forma tímida de resolver el problema, más en la gestión que en la acción, a través de estudios y programas que no tienen ningún impacto efectivo en terreno, donde se requieren las soluciones. Por su parte el Ministerio del Medio Ambiente, reconoce la existencia de éste recurso, más asociado a problemas de contaminación y desastres naturales. Las líneas bases de suelos exigidas en los proyectos que ingresan al Sistema de Evaluación Ambiental son simplemente un saludo a la bandera, a fin de cumplir con los requisitos solicitados por la ley 19.300 sobre bases del medio ambiente, pero no exigen la implementación efectiva (funcionando) de estrategias de control de erosión como revegetación, restauración de espacios alterados, diques, fajinas, gaviones, muretes, zanjas de infiltración, canales de desviación, mantas y geosintéticos entre muchas otras. Se requiere una ley de protección que sea vinculante a través de una evaluación estratégica del problema.